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Pascua de la Resurrección del Señor

Lo abosultamente imprevisto

Jesús ha vencido el poder de la muerte con el poder del amor. No ha vencido con el poder de las armas, de la prepotencia, de la ciencia o del dinero. Lo ha hecho con el poder de su humildad, de su entrega de sí mismo, de su amor.

El mundo ha conocido muchas victorias. Pero ninguna como esta. Las victorias del hombre son efímeras; ésta es definitiva. Y sobre todo porque nadie más que Cristo –sólo él– ha vencido a este enemigo: la muerte. Como dice la Secuencia que cantaremos antes del evangelio de hoy: “Lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es Vida, triunfante se levanta”.

No nos puede extrañar entonces que la Pascua sea la fiesta de las fiestas, aquella “que eclipsa a todas las otras, así como el sol eclipsa a las estrellas” (Gregorio Nacianceno).

El evangelio nos pondrá de manifiesto el desconcierto de María Magdalena, de Juan y Pedro, que corren a ver lo que ha sucedido en el sepulcro. Esto nos hace ver que la resurrección era un elemento totalmente inesperado para ellos. De hecho, María Magdalena piensa que el cuerpo de Jesús ha sido robado. Pedro no habla. Y sólo Juan tiene esa inspiración: “vio y creyó”.

Los discípulos pudieron comprender quién era Jesús al ver la tumba vacía. “Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos” (evangelio). La tumba vacía permite comprender la Biblia. Y no al revés. Es el imprevisto de la presencia viva de Jesús el fundamento desde el cual podemos intentar comprender todo el misterio de la vida y de la muerte, del amor y de la historia. Qué fascinantes respuestas podremos encontrar nosotros a nuestras propias preguntas si partimos, como María Magdalena, Pedro y Juan, desde ese hecho: la tumba está vacía; Jesús ha resucitado.

Comisión Nacional de Liturgia

1. Ambientación

Comenzamos a celebrar la gran cincuen-tena pascual, es decir, los cincuenta días hasta Pentecostés. En todos ellos vamos a celebrar la resurrección de Jesús. Y también hoy iniciamos la octava de Pascua, ocho días para celebrar este mismo misterio como un gran domingo. Las flores, los cantos, todo el ornamento litúrgico nos habla de esa alegría que nadie nos puede arrebatar. Salgamos al encuentro del que viene resucitado.

Liturgia de la Palabra

Las lecturas de este domingo están dominadas por la impresión de la comunidad de los discípulos del Señor al tomar conciencia del hecho tan inesperado de la resurrección. Jesús no está en el sepulcro, los discípulos han comido y bebido con él después de su resurrección. No podemos dejar de buscar los bienes de Cristo. Escuchemos con el oído de la fe para experimentar en esta celebración la presencia viva de Jesús que nos habla.  

2. Primera Lectura      Hech 10, 34. 37-43

Lectura de los Hechos de los Apóstoles. Pedro, tomando la palabra, dijo: “Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con Él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con Él, después de su resurrección. Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que Él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de Él, declarando que los que creen en Él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre”.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. Salmo            Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23 

R. Éste es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. 

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡Es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los construc-tores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.

4. Segunda Lectura                   Col 3,  1-4

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas. Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Por que ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la vida de ustedes, entonces ustedes también aparecerán con Él, llenos de gloria.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Secuencia

(Debe decirse hoy; en los días de la octava, es optativa).

Cristianos, ofrezcamos al Cordero pascual nuestro sacrificio de alabanza. El Cordero ha redimido a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre. La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable: el Rey de la vida estuvo muerto, y ahora vive. Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino? He visto el sepulcro del Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado. He visto a los ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras. Ha resucitado Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en Galilea. Sabemos que Cristo resucitó realmente; Tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros.

Aclamación al Evangelio         

Aleluia. Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua. Aleluia.

5. Evangelio                     Jn 20, 1-9 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan. El primer día de la semana, de madrugada, cuando to-davía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: El también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Hemos tomado conciencia del hecho imprevisto de la resurrección. En cierto sentido nadie se lo esperaba. Los anuncios de Jesús no eran tan claros. Pero ahora sí: el sepulcro vacío es la gran invitación a creer. También nosotros tenemos la experiencia de hechos que nos sorprenden. ¿Cómo influyen en nuestra vida? Los discípulos vieron todo a la luz de este hecho extraordinario. ¿Cómo influye el hecho de la resurrección en la toma de nuestras decisiones?

6. Oración Universal

M. A Cristo, cuya diestra es poderosa, y que es la roca firme sobre la cual podemos apoyar nuestra vida, le imploramos por las necesidades de la Iglesia, del mundo y de nosotros mismos. A cada invocación respondemos:

R. Ten piedad de nosotros, Señor. 

1.- Porque la Iglesia vive de la presencia resucitada de Jesús, te pedimos que ella se haga realidad cada vez que nos reunimos a celebrar los sacramentos. R.

2.- Porque el mundo que no conoce la resurrección de Cristo vive en la oscuridad y en el desconcierto, te pedimos por la luz y la fuerza. R.

3.- Porque los más pobres necesitan tener la experiencia viva de Cristo, te pedimos que sea cada vez mayor el número de quienes luchan por la justicia y la paz. R.

4.- Porque nuestra comunidad necesita la vida nueva de Cristo, te pedimos que seamos regalados con nuevos miembros, especialmente niños y jóvenes. R.

(Se pueden agregar otras peticiones de la comunidad)

M. Padre bueno, que estás siempre atento a las necesidades de tu pueblo santo, escucha la oración de tus hijos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M. Gracias Señor por el don de la vida nueva que engendras en los nuevos cristianos que en las fiestas pascuales reciben los sacramentos de la Iniciación cristiana.

R. Gracias, Señor.

1.- Gracias Señor porque la fuente inagotable de tu amor se hace manifiesta cuando nos reunimos a celebrar tu nombre, escuchando tu palabra viva. R.

2.- Gracias Señor por el don de ser testigos de la resurrección del Señor, anunciando esta noticia que cambia nuestros corazones y la misma historia humana. R.

3.- Gracias Señor por la posibilidad de consolar a los que están solos, abandonados o enfermos, con el anuncio del triunfo de tu Hijo. R.

M. Culminamos nuestra oración, con la oración de los hijos. Nos atrevemos a decir: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Resucitó/ Cantad al Señor un canto nuevo/ A la cena del Cordero/ Hija de Sión.

 

DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

Bendito el que viene en el nombre del Señor

Con este domingo de Ramos entramos de lleno en la Semana Santa, y hoy vivimos anticipadamente, a través de la liturgia, la victoria de Cristo sobre la muerte. La entrada del Señor en la ciudad santa de Jerusalén viene a manifestar el cumplimiento de las promesas de Dios, de visitar y  salvar a su pueblo.

Nuestra celebración se abre con la bendición y procesión de los ramos. Lo que hacemos no es un mero recuerdo de algo acontecido en el pasado, tampoco es una obra teatral, sino la expresión litúrgica del deseo profundo de acompañar al Señor aclamándolo con cantos (oración de bendición de ramos). Lo importante no son los ramos, sino acompañar con un corazón creyente y gozoso a Jesucristo, nuestro redentor, que nos trae vida en abundancia.

Del gozo de la entrada pasaremos al centro de la celebración, donde la liturgia, con silencio y austeridad, nos invita a contemplar a aquel que siendo de condición divina, se anonadó a si mismo tomando la condición de servidor, realizando así la comunión definitiva de Dios con nuestra Humanidad.

Cristo entra en nuestra ciudad, en nuestro pueblo, en nuestra comunidad, en la vida de cada uno para realizar su misterio pascual y así darnos vida en abundancia.  Reconozcamos al Rey y Señor de nuestra vida, proclamemos desde lo más profundo del corazón: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hossana al Hijo de David! Pidamos hoy que  la contemplación del misterio de la entrega de Jesús por nosotros, nos lleve a cultivar en nuestra vida actitudes de humildad, de entrega generosa, de obediencia a la voluntad de Dios, y a no escatimar esfuerzos en el anuncio del evangelio.

Comisión Nacional de Liturgia

Previo a la Bendición, el sacerdote hace una breve monición en la que invita a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día.

1. Bendición de los Ramos

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendición  estos ramos, y, a cuantos vamos a acompañar a Cristo aclamándole con cantos, concédenos, por él, entrar en la Jerusalén del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Y rocía los ramos con agua bendita, en silencio.

 2. Proclamación al Evangelio Mt 21, 1-11 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo. Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: “El Señor los necesita y los va a devolver en seguida”». Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: «Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga». Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: «¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas!» Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es éste?» Y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea».

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

3. Procesión en Honor a Cristo Rey

Después de la homilía, el sacerdote, el diácono o un ministro laico invita a comenzar la procesión.

Queridos hermanos: imitemos a la muchedumbre que aclamó a Jesús, y caminemos cantando y glorificando a Dios, unidos por el vínculo de la paz.

Durante la procesión al templo, se entona un canto apropiado. Se sugieren: Oh Cristo tú, reinaras/ Somos un pueblo que camina/ Que alegría/ Pueblo de reyes.

4. Ingreso al Templo o al lugar de la Eucaristía

Con la solemne celebración de este Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa que nos conducirá a la gran fiesta de la Pascua. Hoy nosotros recordamos el recibimiento triunfal que el pueblo más sencillo hizo a Jesús en Jerusalén. Como aquellos hombres y mujeres, como aquellos niños, también nosotros lo saludamos con nuestros ramos, lo aclamamos con nuestros cantos. Para mostrar así nuestro firme deseo de seguirle, por el camino que él nos enseñó, por el camino que nos lleva a la victoria de la Resurrección.

Después de la procesión o la entrada solemne, el sacerdote que preside la celebración comienza inmediatamente con la Oración Colecta.

Liturgia de la Palabra

En el centro de la liturgia de la Palabra, escucharemos hoy el relato de la Pasión del Señor según san Mateo, precedida del canto del Siervo del Señor (Isaías) y de la carta de Pablo a los Filipenses. En estos textos contemplamos el amor de Dios manifestado en Jesucristo, textos que nos deben mover a la compasión y agradecimiento, a la esperanza  de la resurrección.

5. Primera Lectura                  Is 50, 4-7

Lectura del libro de Isaías. El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, Él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

6. Salmo       Sal 21, 8-9. 17-18. 19-20. 23-24 

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: “Confió en el Señor, que Él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto”. R.

Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.

Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Pero Tú, Señor, no te quedes lejos; Tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: “Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel”. R.

7. Segunda Lectura                  Flp 2,  6-11

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos. Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: “Jesucristo es el Señor”.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Aclamación al Evangelio         

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

8. Evangelio            Mt 26, 3-5. 14–27, 66 

Para la lectura de la Pasión no se llevan cirios ni incienso, se omite el saludo y la signación del libro. La lectura está a cargo de un diácono o, en su defecto, del mismo sacerdote. Puede también ser encomendada a lectores laicos, reservando al sacerdote, si es posible, la parte correspondiente a Cristo. Solamente los diáconos piden la bendición del celebrante antes de proclamar la Pasión, como se hace antes del Evangelio.

Después de la proclamación de la Pasión, si se cree oportuno, hágase una breve homilía. Puede hacerse también un momento de silencio.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Toda la vida del creyente tiene por centro el Misterio Pascual de Cristo: su pasión, muerte y resurrección. Estos misterios contemplaremos en estos días santos ¿Cómo me dispongo a entrar en la Semana Santa? ¿Cómo quien recuerda algo del pasado, cómo un espectador? o ¿Cómo quien cree que ahí está la vida que vale la pena?

9. Oración Universal

M. Por medio de Cristo, mediador entre Dios y los hombres, presentemos nuestras súplicas confiadas al Padre.

1.- Para que el modo de vivir de todos los cristianos se parezca más al modo de vivir de Jesús. Oremos.

R. Te rogamos, óyenos.

2.- Para que Dios ilumine a los que tienen responsabilidades públicas y gobiernen con respeto a los valores espirituales y morales. Oremos. R.

3.- Para que los enfermos, los que pasan tribulación, los que viven la soledad, unidos a la pasión de Jesucristo experimenten la fecundidad de su dolor. Oremos. R.

4.- Para que la celebración de la muerte y resurrección del Señor nos haga crecer en la fe, esperanza y el amor. Oremos. R.

(Se pueden agregar otras peticiones de la comunidad)

M. Escucha, Padre, la oración de tu pueblo, que celebra la pasión de tu Hijo, haz que, después de haberlo aclamado con alegría, sepamos seguirlo con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M. Al Padre, que ha querido que su Hijo, Dios eterno, se anonadará a sí mismo, tomando la condición de servidor, bendigamos diciendo:

R. Bendito seas Padre, que nos has redimido en Jesucristo.

1.- Tu Hijo se anonado hasta someterse a la muerte y una muerte de cruz, te damos gracias Padre. R.

2.- En Jesús, Hijo tuyo y hermano nuestro, nos ofreces un poderoso ejemplo para que también nosotros amemos a los demás y vivamos para ellos; te damos gracias Padre. R.

M. En el espíritu filial y confiado de Jesucristo oremos diciendo: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Santo, Santo, Santo es el Señor/  Alabanza y gloria a nuestro Dios/  Somos un pueblo que camina/ Oh, Cristo tu reinarás/ Caminaré en presencia del Señor/ Acuérdate de Jesucristo/ Mirarte sólo a ti Señor/ No me mueve mi Dios.

 

DOMINGO 30 DE MARZO DE 2014

Dios ve el corazón

El profeta Samuel va a la casa de Jesé, en busca del futuro rey de Israel. Pero, a pesar de ser un profeta, juzga por la apariencia, pensando que son los hermanos mayores de David quienes han sido elegidos por Dios. Tienen estatura, fortaleza, buena salud, todas las cualidades exteriores de un gran rey y de un general de los ejércitos de Israel. Sin embargo, el Señor le replica que no debe fijarse en las apariencias, sino que se debe mirar el corazón. David, al contrario de sus hermanos, era mucho más joven, menos fuerte, pero el Señor lo elige por su corazón.

El juzgar a las personas por la apariencia es más fácil. Poder conocer el corazón de una persona es una tarea más larga, más difícil. Pero en verdad, no llegamos a conocer a alguien si no hemos podido llegar hasta su corazón.  Y Dios habita el corazón del hombre, y allí es donde tiene su santuario, es allí donde lo ama, lo llama a conversión, lo alegra con su presencia. Y lo que está en el corazón del hombre no puede sino brotar al exterior. Como en el caso de David, que a pesar a su aparente debilidad, fue el más grande de los reyes de Israel.

El corazón, en la cultura bíblica, no es la sede de los sentimientos, como estamos acostumbrados a pensar hoy, sino que es la base de la inteligencia y la voluntad. Por eso, un corazón que ama a Dios, es una persona que actúa con recta intención, que sabe y reconoce que Dios es el Señor, y que, con firme voluntad, sigue sus mandamientos. Los sentimientos son volubles, por eso no podemos basarnos en ellos para nuestro seguimiento del Señor. Amar al prójimo con todo el corazón no es sentir por él una sensación de querer abrazarlo, sino que es reconocerlo como hermano y hacerle el bien. Por eso Dios ve el corazón.

Comisión Nacional de Liturgia

1. Ambientación

Este cuarto domingo de Cuaresma lleva por nombre “laetare”, es decir, “alégrate”, que es precisamente la palabra con la que comienza el canto de entrada propio de este día. Hoy está permitido usar ornamentos rosados, que indican que el carácter penitencial propio de este tiempo se suaviza, por la proximidad de la Pascua.

Liturgia de la Palabra

El domingo pasado el tema central de las lecturas era el agua, hoy es otro de los elementos bautismales, la luz. Durante este año dedicado al evangelio de san Mateo, los temas cuaresmales están íntimamente relacionados con el bautismo. Ver con los ojos de Dios, no por apariencias, sería el resumen de la primera lectura; ser luz del mundo, la segunda; la ceguera sanada por Cristo, luz del mundo, el evangelio. Bajo esta clave, profundicemos las lecturas que la Iglesia nos regala en este día.

2. Primera Lectura      1Sam 16, 5-7.10-13

Lectura del primer libro de Samuel:  El Señor dijo a Samuel: «¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey». Samuel fue, purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: «Seguro que el Señor tiene ante Él a su ungido». Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque Yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón». Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a ninguno de éstos». Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿Están aquí todos los muchachos?» Él respondió: «Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño». Samuel dijo a Jesé: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí». Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo, porque es éste. Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. Salmo                            Sal 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.

4. Segunda Lectura                   Éf 5,  8-14

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso. Hermanos: Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz. Por eso se dice: «Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará».

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Aclamación al Evangelio

«Yo soy la luz del mundo, el que me sigue tendrá la luz de la Vida», dice el Señor.

5. Evangelio        Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo se-gún san Juan.  Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado». El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?» Unos opinaban: «Es el mismo». «No, respondían otros, es uno que se le parece». Él decía: «Soy realmente yo». El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?» Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?» El hombre respondió: «Es un profeta». Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?» Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?» Él respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en Él?» Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando». Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante Él.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Toda la historia de la curación del ciego de nacimiento concluye con una pregunta del Señor: “¿Crees tú en el Hijo del Hombre?”, a lo que el ciego sanado responde: “Creo, Señor”, manifestando esta fe también con un gesto de postración. Es una pregunta fundamental que el Señor nos dirige también a nosotros: ¿Crees tú verdaderamente en el Hijo del Hombre?

6. Oración Universal

M. Confiados en que el Señor tiene siempre el oído de su corazón atento a nuestra plegaria, presentémosle nuestras oraciones por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero.

1.- Por el Santo Padre y los obispos del mundo entero, para que fieles a su vocación, busquen siempre el bien material y espiritual de todos sus hijos. Roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor, te rogamos.

2.- Por todas las naciones, para que nunca busquen la solución a sus problemas en la guerra y la violencia. Roguemos al Señor. R.

3.- Por los más pobres, los que sufren enfermedades o penurias económicas, para que la solidaridad de sus hermanos los haga revivir en su esperanza. Roguemos al Señor. R.

4.- Por todos nosotros, para que nunca olvidemos amar a Dios con todo el corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Roguemos al Señor. R.

(Se pueden agregar otras peticiones de la comunidad)

M. Concede, Señor, a tu pueblo convertirse a ti de todo corazón, para que reciba tu misericordia lo que no se atreve a pedir con sus plegarias. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M. Padre, creador y fuente de toda luz, recibe la gloria y la alabanza de tus hijos, que aclaman sin cesar a tu Hijo Unigénito, diciendo:

R. Gloria a Cristo, luz del mundo.

1.- Porque has iluminado las tinieblas de nuestro corazón, con la luz de tu Palabra. R.

2.- Porque has iluminado la noche de la historia con la luz de tu Encarnación. R.

3.- Porque has iluminado la oscuridad del pecado con la luz de tu perdón. R.

M. Por eso, al ver las maravillas que has hecho por nuestra salvación, repetimos las palabras con que tú nos iluminaste: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Dios trino/ Negra es la uva/ Hombres nuevos/ No me mueve, Señor/ María, tú.

 

DOMINGO 23 DE MARZO DE 2014

Si conocieras EL DON DE DIOS

Todo se inicia con un encuentro, el de una mujer de Samaria que va en busca de agua a un pozo, y un judío, a quien ella no conoce, y que le pide de beber. Un judío nunca hablaba con un samaritano, y menos un hombre judío con una mujer samaritana. Y menos aún pedirle de beber, ya que comer y beber juntos era un signo de comunión, y no existía comunión entre judíos y samaritanos. ¿Cómo es que tú me hablas, cómo es que me pides de beber? Éstas son las preguntas que la samaritana dirige a Jesús, y él le responde con una frase maravillosa: “Si conocieras el Don de Dios y quién es el que te pide de beber”… Jesús mismo es el Don de Dios, el que pidiéndole de beber, puede darle, sin embargo, el agua viva que salta hasta la Vida eterna. Ella no logra comprenderlo en un primer momento, necesita tiempo, necesita conversar más con él, preguntarle, conocerlo, contarle el drama de su propia vida, convertirse.

Más que un reproche sobre el pecado en su vida, esta frase de Jesús es una invitación a la samaritana. “Si conocieras el Don de Dios”, tú misma pedirías beber de esa agua que sacia para siempre toda sed. Y es el llamado que el Señor dirige a cada uno de sus hijos. Conocer a Dios es el fundamento para poder amarlo, porque nadie ama a quien no conoce.

Jesús nos pide el agua de nuestro pobre pozo y a cambio nos da el agua que da Vida para siempre. Y cuando comenzamos a reconocer este Don de Dios, no podemos sino correr a contarlo a nuestro prójimo, a los que viven con nosotros y cerca nuestro. El beber del agua de la vida nos cambia para siempre. 

Todo don es un regalo, algo que no merecemos, sino que lo aceptamos con gratitud. Jesús es el más grande regalo que hemos recibido. Seamos agradecidos.

Comisión Nacional de Liturgia

1. Ambientación

El Señor es bueno, por eso nos regala en este domingo el poder celebrar sus misterios y poder acoger en nuestro corazón su Palabra de Vida, poder compartir nuestra alegría y nuestra esperanza con los hermanos que él nos ha regalado, y poder convertirnos cada día de todo lo que no está de acuerdo con su voluntad.

Liturgia de la Palabra

La sed extrema es una sensación desesperante. Esta desesperación llevó al pueblo de Israel a murmurar contra Moisés y contra Dios. Esta sed del agua permanente, que es Dios, es lo que movió a conversión a la Samaritana y la constituyó en testigo de Cristo, única fuente de Agua Viva. La fuente del centro del Paraíso es la misma fuente de agua que brota del costado abierto de Cristo en su Pasión, la que nos bañó en nuestro bautismo y la que riega la ciudad celestial de Jerusalén en la Vida eterna. Sólo Dios puede saciar nuestra verdadera sed. 

2. Primera Lectura                 Éx 17, 1-7

Lectura del libro del Éxodo. Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidim, el pueblo no tenía agua para beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: “Danos agua para que podamos beber”. Moisés les respondió: “¿Por qué me acusan? ¿Por qué provocan al Señor?”. El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: “¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”. Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: “¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?”. El Señor respondió a Moisés: “Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque Yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo”. Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel. Aquel lugar recibió el nombre de Masá –que significa “Provocación”– y de Meribá –que significa “Querella”– a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?”.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. Salmo                       Sal 94, 1-2. 6-9 

R. Cuando escuchen la voz del Señor, no endurezcan el corazón. 

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, acla-memos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! R.

¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doble-mos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. R.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: “No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras”. R.

4. Segunda Lectura            Rom 5,  1-2. 5-8

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma. Hermanos: Justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por Él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por Él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores. Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Aclamación al Evangelio         

Señor, Tú eres verdaderamente el Salvador del mundo; dame agua viva para que no tenga más sed.

5. Evangelio         Jn 4, 5-15. 19-26. 39-42

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan. Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber” tú misma se lo hubieras pedido, y Él te habría dado agua viva”. “Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?”. Jesús le respondió: “El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que Yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que Yo le daré se convertirá en Él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”. “Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla”. Después agregó: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”. Jesús le respondió: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén ustedes adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. La mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando Él venga, nos anunciará todo”. Jesús le respondió: “Soy Yo, el que habla contigo”. Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en Él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y Él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en Él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Jesús, hablando con la samaritana, le descubre quién es ella misma, y ella, aceptando quién es, puede iniciar un proceso de conversión y de apostolado. Ante la Palabra que Dios nos dirige cada día, ¿reconocemos quiénes somos en verdad, aceptamos su invitación a la conversión y a la misión?

6. Oración Universal

M. Ejerciendo nuestro sacerdocio bautismal, intercedamos ahora por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero.

1.- Por la Iglesia, para que acogiendo el don de Dios, pueda dar testimonio de caridad y de esperanza en medio del mundo. Roguemos al Señor.

R.  Escúchanos, Señor, te rogamos.

2.- Por todos los que trabajan por el bien del hombre en las instituciones del Estado, para que nunca se cansen de buscar la verdad y la justicia. R.

3.- Por todos los que sufren a consecuencia de los desastres de la naturaleza o de la guerra, para que Dios sea su consuelo y esperanza. R.

4.- Por nosotros, reunidos para celebrar el día del Señor, para que aceptando su Palabra podamos trabajar en nuestra propia conversión. R.

(Se pueden agregar otras peticiones de la comunidad)

M. Padre de misericordia, escucha la oración de tus hijos y muéstranos tu amor, para que nos convirtamos a ti, y vivamos como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M. Te alabamos, Señor, porque has hecho brotar para nosotros una fuente de agua que nos lleva hasta la vida eterna.

R. Gloria a ti, Fuente de agua viva. 

1.- Porque el Padre eterno, que al crear el Paraíso, puso en el centro una fuente de agua viva. R.

2.- Porque el Señor Jesús, traspasado por la lanza en la cruz, hizo brotar de su costado abierto el agua viva. R.

3.- Porque el Espíritu Santo, santificando las aguas del Jordán, preparó para nosotros las aguas del bautismo. R.

M. Por eso nosotros, acudimos a tu fuente, diciendo con todo el corazón: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Canta, Iglesia/ Juntos nos acercamos/ El pozo (La samaritana)/ No necesito verte/ Santa María del camino.