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Editorial SAN PABLO
 
Noticias

Archivo del 30/04/2013

Curso Presencial Las Mujeres en la Biblia Mayo 2013

Curso Presencial LAS MUJERES EN LA BIBLIA

Comienza el jueves 09 de mayo a las 19:00 hrs.
Contacto: 27200300 – 27200336
E-Mail: sobicain.cl@gmail.com

Formulario de Inscripción

La Santísima Trinidad (S)

Libro: Guiones para la Animación Litúrgica. Autor: Benito-Spoletini

Solemnidad de la Santísima Trinidad (S)

Motivación de entrada

La liturgia de hoy nos invita al silencio, a la reflexión y a la adoración, ante el mayor misterio de nuestra fe: Dios es uno en su naturaleza, y trino en las personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios es familia, crea al hombre, lo ama, lo recoge en su gloria definitiva.

Acto penitencial

Por no haber cultivado nuestra fe con el estudio y la oración. Por no abrirnos al amor del Padre Dios. Por no valorar debidamente la comunidad, signo de la Trinidad.

LECTURAS

Primera lectura: Proverbios 8, 22-31.

Con lenguaje poético, se describe el rol de la sabiduría junto a Dios en la creación del mundo. Nace espontáneamente el deseo de cuidar la naturaleza como obra amorosa de Dios.

Segunda lectura: Romanos 5, 1-5.

Llamado de Pablo a la fe, a la esperanza que no defrauda, a la alegría en las pruebas, pues nuestra fuerza nace del amor con que Dios nos ha gratificado.

Evangelio: Juan 16, 12-15.

Jesús anuncia que el Espíritu Santo nos revelará la verdad entera sobre él y sobre el Padre.

Oración de los fieles

Presentación de las ofrendas

Ofrecemos en el altar estos dones, que recibimos de su providencia de Padre y que el Espíritu Santo transformará en el cuerpo y en la sangre de Jesús.

Comunión

La comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo en el Espíritu Santo, es anticipo y promesa de vida eterna.

Despedida

Dios es comunidad, Dios es familia. La Iglesia es la familia de Dios: la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. A nosotros, cristianos, nos corresponde el deber de testimoniarlo con la fe y el amor.

Pentecostés (S)

Domingo de Pentecostés (S)

Motivación de entrada

Ninguna fiesta como Pentecostés nos recuerda que “nosotros somos Iglesia”, somos la Iglesia. La liturgia nos ofrece una oportunidad única para revivir nuestra vocación misionera.

Acto penitencial

Por las veces que hemos desoído la voz del Espíritu. Por haber olvidado el compromiso misionero de nuestra confirmación. Por haber rechazado el amor renovador del Espíritu Santo.

LECTURAS

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 1-11.

De este relato deducimos que la venida del Espíritu Santo da comienzo a la misión de la Iglesia en el mundo, hasta hacer de él una sola familia.

Segunda lectura: 1 Corintios 12, 3-7.12-13 (o bien: Romanos 8, 8-17).

La vida en el Espíritu es la vida en Dios, alejada del pecado y de todo mal deseo; es la que nos lleva a reconocer a Dios como Padre (Abbá) e ir a compartir su gloria.

Evangelio: Juan 20, 19-23 (o bien: 14, 15-16. 23-26).

Jesús promete el Espíritu Santo a quienes lo aman y que el Padre lo va a enviar en su nombre; él nos revelará todas las cosas y nos recordará lo dicho por Jesús.

Oración de los fieles

Presentación de las ofrendas

El Espíritu Santo es el que santifica los dones del pan y del vino; al ofrecerlos hoy, pedimos que ese mismo Espíritu reúna a todos los pueblos en derredor del único altar.

Comunión

En el momento de la comunión hoy suplicamos: Espíritu divino, “borra nuestras inmundicias, fecunda nuestros desiertos, y cura nuestras heridas”.

Despedida

Con Pentecostés comienza el “tiempo de la Iglesia”. Enviada a evangelizar a todo el mundo, el Espíritu de Jesús la guía y acompaña, hasta el fin. La Iglesia somos nosotros. ¡No lo olvidemos!

Ascensión del Señor

La Ascensión del Señor (F). Blanco.

Motivación de entrada

La fiesta de la Ascensión de Jesús es la fiesta del hombre: en Cristo, nuestra cabeza, se anticipa nuestra glorificación.

Acto penitencial

Por habernos sumergido tanto en las cosas terrenales, hasta olvidar nuestro destino definitivo. Por descuidar nuestros deberes cotidianos, lugar de nuestra respuesta al amor de Dios.

LECTURAS

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 1, 1-11.

El cristiano no debe preocuparse por el retomo físico de Cristo: con la fuerza del Espíritu Santo debe ser su testigo hasta que vuelva. Es el tiempo de la misión.

Segunda lectura: Efesios 1, 17-23 (o bien: Hebreos 9, 24-28; 10, 19-23).

El apóstol invoca la luz del Señor para que podamos comprender las maravillas realizadas en Jesús resucitado y elevado a los cielos. En él, se anticipa lo que acontecerá también en nosotros.

Evangelio: Lucas 24, 46-53.

Al momento de separarse de sus discípulos, Jesús les recuerda el núcleo de la evangelización: la muerte, la resurrección y la misión que los espera en el mundo entero.

Oración de los fieles

Presentación de las ofrendas

Con el ofrecimiento del pan y del vino, “frutos de la tierra y del trabajo de los hombres”, anticipamos, en esperanza, el cielo nuevo y la tierra nueva.

Comunión

Cristo recibido en su cuerpo es el pan que alimenta nuestra peregrinación hacia el Padre Dios.

Despedida

Cristo, con la Ascensión al Padre, no abandona al mundo. Su presencia sigue entre nosotros, en la comunidad cristiana, en la eucaristía, en su palabra, en los pobres. Por medio de nosotros continúa su obra salvadora.

 

6º domingo de Pascua

6º de Pascua

Domingo 6º de Pascua. Blanco. Ciclo C.

Motivación de entrada

La liturgia de hoy nos presenta a Jesús que promete el Espíritu Santo a sus discípulos, y les pide que atestigüen su presencia redentora en el mundo con el amor al prójimo.

Acto penitencial

Hoy pedimos perdón por no haber sabido “dar razón de nuestra esperanza”, ante un mundo que no conoce al Señor y a veces lo rechaza por culpa de nuestra vida mediocre y sin sentido.

LECTURAS

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29.

El relato del Concilio de Jerusalén -el primero en la historia de la Iglesia- revela la existencia de problemas entre los creyentes, pero también la presencia liberadora del Espíritu.

Segunda lectura: Apocalipsis 21, 10-14. 22-23.

Con el simbolismo de la luz, san Juan nos presenta la ciudad celestial que no necesita de santuario, porque el mismo Dios es su santuario.

Evangelio: Juan 14, 23-29.

Un pequeño compendio de vida trinitaria: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo irán a vivir en quien ama a Jesús y cumple su palabra.

Oración de los fieles

Presentación de las ofrendas

Presentamos al Señor, con el pan y el vino, los frutos de nuestra confirmación: testimonio, misión y aceptación alegre de nuestras cruces, en el amor.

Comunión

“Si me aman -dice el Señor- cumplan mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y Él les dará otro consolador que permanecerá con ustedes para siempre” (Jn 14, 15-16).

Despedida

El cristiano es el que sabe dar razón de su esperanza por la fuerza de su fe en Dios, y gracias al amor que le infunde el Espíritu Santo. Vayamos a anunciar la Buena Nueva.

De la feria. Blanco.

Portada Liturgia Cotidiana Abril 2013

MARTES 30

De la feria. Blanco.

Prefacio de Pascua.

LECTURA Hech 14, 19-28

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Algunos judíos de Antioquía y de Iconio vinieron a Listra y lograron convencer a la multitud. Entonces apedrearon a Pablo y, creyéndolo muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. Pero él se levantó y, rodeado de sus discípulos, regresó a la ciudad. Al día siguiente, partió con Bernabé rumbo a Derbe. Después de haber evangelizado esta ciudad y haber hecho numerosos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad establecieron presbíteros y, con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir. A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos. Después permanecieron largo tiempo con los discípulos.

Palabra de Dios.

Comentario: Este texto es el que Benedicto XVI utilizó al convocar al Año de la Fe. Pablo y Bernabé, en su comunidad de Antioquía, cuentan cómo Dios abrió la “puerta de la fe” (Cfr. Porta Fidei n.1) a los paganos. Se cruza por esta puerta cuando se anuncia la Palabra de Dios y el corazón es plasmado por la gracia que transforma el propio ser.

SALMO Sal 144, 10-13. 21

R. ¡Que tus fieles manifiesten tu gloria, Señor!

Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.

Así manifestarán a los hombres tu fuerza y el glorioso esplendor de tu reino: tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. R.

Mi boca proclamará la alabanza del Señor: que todos los vivientes bendigan su santo Nombre. Que tus amigos manifiesten la gloria de tu reino, desde ahora y para siempre. R.

ALELUYA Cfr. Lc 24, 46. 26

Aleluya.  El Mesías debía sufrir, y resucitar de entre los muertos para entrar en su gloria. Aleluya.

EVANGELIO Jn 14, 27-31

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes». Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que Yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que Yo amo al Padre y obro como Él me ha ordenado.

Palabra del Señor.

Comentario: Antes de ascender a los cielos, Jesús entrega a los discípulos su paz. La novedad no está en el simple saludo de paz, habitual entre los israelitas, sino en su contenido. Esta dimensión de la paz entregada por Cristo es la que sólo él puede dar al hombre y que radica en la reconciliación con Dios. Esta paz espiritual es la base el progreso personal y de la sociedad.

Domingo 5 de mayo

La indiscutible Paz es Don de Dios

Durante la Última Cena, en la intimidad, Jesús revela a los suyos que morirá, resucitará, que se irá y volverá; y que además, estará presente con ellos hasta el fin del mundo. En el cierre de la velada, les regala la paz, Shalom, en hebreo, una palabra muy utilizada y conocida en su tiempo. Era el saludo cotidiano, la expresión de un buen deseo y bendición, era la esperanza del pueblo que vivía tiempos de tiranías.

Esta palabra evoca también a Gedeón que había levantado un altar a “Yahvéh Shalom”, es decir, Yahvéh de la paz; al rey ideal del Antiguo Testamento, Salomón, “el pacífico”; a Isaías que había anunciado un Mesías de paz, y al libro de la Sabiduría que había añadido un contenido nuevo a la palabra: “las almas de los justos descansan en paz”.

Cuando Jesús comunicaba la paz a sus discípulos, encontraba en ellos un eco muy profundo, no como hoy que la palabra choca con una cultura simplificadora que contrapone la paz a la guerra. En nuestro lenguaje, la paz, significa una situación tranquila, ordenada, a veces sin distinguir entre una paz impuesta y fruto de tratados, y el don de la paz interior de las personas, de las familias, de los grupos y de las comunidades.

La paz, como ausencia de guerra y de conflictos, es una paz muy frágil. De hecho, se rompe fácil-mente por venganzas, viejos rencores, guerras y violencias.

Vivimos en un mundo de exi-gencias, tensiones, violencias e imposiciones. En nuestro tiem-po, la paz es realmente escasa, y las enfermedades del alma   –estrés, neurosis, depresiones y miedos– abundan.

La paz de Cristo es el fruto de su presencia en nosotros porque su gracia recompone el orden interior de nuestra persona. No nos soluciona los problemas ni nuestros límites se borran. Pero con su presencia nada nos atemoriza.

P. Aderico Dolzani, ssp.

1. Ambientación

En el camino e la Pascua, las lecturas bíblicas nos van mostrando –cada vez más– el protagonismo que tiene el Espíritu Santo. Nuestra celebración es una ocasión privilegiada para acoger al Señor resucitado y el don de su Espíritu que se nos regala en la Palabra de Dios, en el Sacramento de la Eucaristía y en los hermanos.

2. Primera Lectura     Hech 15, 1-2 . 22-29

El relato del Concilio de Jerusalén -el primero en la historia de la Iglesia- revela la existencia de problemas entre los creyentes, pero también la presencia liberadora del Espíritu.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles. Algunas personas venidas de Judea a Antioquía enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: «Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós».

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. Salmo                    Sal 66, 2-3. 5-6. 8

R. A Dios den gracias los pueblos, alaben los pueblos a Dios.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R.

Que todos los pueblos te den gracias. Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la   tierra. R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor, que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.

4. Segunda Lectura      Apoc 21, 10-14. 22-23

Con el simbolismo de la luz, san Juan nos presenta la ciudad celestial que no necesita de santuario, porque el mismo Dios es su santuario.

Lectura del libro del Apocalipsis. El Ángel me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de, las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero. No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero.

 Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Aclamación al Evangelio

Aleluya. «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará e iremos a él», dice el Señor. Aleluya.

5. Evangelio                       Jn 14, 23-29

Un pequeño compendio de vida trinitaria: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo irán a vivir en quien ama a Jesús y cumple su palabra.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan. Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes». Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que Yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

El Espíritu Santo hay que pedirlo con la intención de recibirlo y de dejarse conducir por él, ¿es así como pido el don del Espíritu Santo? El Espíritu Santo hace testigos audaces en el mundo, ¿es así como doy testimonio de mi fe y de mi vida de católico ante los que no conocen al Señor?

6. Oración Universal

M. Elevemos con confianza nuestras suplicas al Padre, que en su Hijo, muerto y resucitado, nos ha querido conceder todos los bienes necesarios para nuestra salvación.

1.- Por la Iglesia en el mundo entero, por todos los que estamos llamados a ser testigos del Señor Jesús resucitado. Roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor, te rogamos.

2.- Por el papa Francisco y nuestro obispo N., que sean pastores valientes y testigos audaces del Señor Jesús. R.

3.- Por todos los que tienen autoridad, especialmente por los católicos que dan testimonio de su fe en el servicio público. R.

4.- Por los que se sienten solos, abandonados o no sienten el amor de quienes los rodean; para que no desesperen en el dolor y la tristeza. R.

5.- Por nosotros, por nuestros familiares y amigos, por nuestros compañeros de trabajo o de estudio. R.

(Se pueden añadir otras peticiones de la comunidad)

M. Al hacer memoria del acontecimiento central de nuestra salvación, queremos que atiendas las suplicas de todos los que hemos creído en tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina contigo.

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M. Te alabamos, Señor, porque no cesas de custodiar a tus discípulos que permanecen en tu amor por la acción del Espíritu.

R.  ¡Bendito seas, Señor Jesús, que tanto nos amas!

1.- Señor Jesús, nos amas tanto que no nos dejas solos en ningún momento de nuestra vida. R.

2.- Señor Jesús, nos amas tanto que nos das tu mismo Espíritu para que él nos defienda y nos consuele. R.

3.- Señor Jesús, nos amas tanto que nos envías a nuestro mundo para que seamos un signo vivo de tu amor para todas las personas. R.

M. Padre, en el Señor Jesús nos has entregado tu amor para que vivamos como hijos tuyos. Confiadamente te decimos junto con Jesús: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Juntos cantando la alegría/ Cristo el Señor resucitó/ Este es el día, Señor/ Y yo le resucitaré.

 

Domingo 12 de mayo

AHORA  NOS TOCA A NOSOTROS

El día de la Ascensión, los Apóstoles comprendieron mejor las Sagradas Escrituras: “se les abrió la mente”, señala el texto. Jesús, antes de dejarlos, les dijo algo muy consolador: “Ustedes son testigos de todo esto”, que es lo mismo que declarar, “confío solo en ustedes”.

Los llevó hasta cerca de Betania, los bendijo y se separó de ellos. Subió al cielo. Los discípulos volvieron a Jerusalén muy contentos. La vida de todos los mortales termina con la muerte. La muerte de Cristo se transforma en la alegría de la resurrección y el envío de los que creyeron en él a misionar por todo el mundo.

Así comienzan los tiempos de la Iglesia, una comunidad que vivía con la alegría de la misión. Algo que siempre se repite hasta nuestros días. Una Iglesia, una comunidad que toma seriamente la misión, es alegre y contagia alegría. Puede tener problemas y sufrimientos, pero genera esperanza y entusiasmo porque no está centrada en sí misma.

Ese día los Apóstoles entendieron que comenzaba una nueva tarea y fueron a predicar el evangelio por todo el mundo entonces conocido. Pedro, a Italia y Roma, allí lo crucificaron con la cabeza abajo; Santiago el Mayor, hermano de Juan, fue decapitado en la misma Jerusalén; su hermano, Juan, el evangelista, estuvo en Asia Menor, ciertamente en Patmos y Éfeso; Andrés, hermano de Pedro, divulgó la fe en Rusia y en Crimea, y murió en una cruz en aspas, la “cruz de san Andrés”; Felipe evangelizó el Asia Menor y murió crucificado a los 87 años; Tomás evangelizó el Oriente, hasta la lejana India; Bartolomé predicó en la Mesopotamia, donde le arrancaron la piel, Simón y Tadeo fueron deca-pitados después de predicar en Armenia y Egipto, y Santiago el Menor, que evangelizó Jerusalén, fue arrojado desde la muralla de la ciudad y apaleado, y su cuerpo fue encontrado, según la tradición, en Galicia donde es venerado.

Los Apóstoles comprendieron que, después de la Ascensión, les tocaba a ellos continuar la misión; eran los testigos que habían entendido las Escrituras y recibido el don del Espíritu Santo.

Ahora los testigos somos nosotros y a nosotros nos toca. ¿Adónde vamos?

P. Aderico Dolzani, ssp.

1. Ambientación

Hoy la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensión del Señor. Es Jesucristo que vuelve al Padre para así estar siempre con nosotros. Es una presencia permanente en su Iglesia que la empuja a la misión: “Vayan y hagan discípulos”. De esta manera, la culminación de la      Pascua es el envio en misión de los discípulos junto al Espíritu Santo como fuerza para la misión, que celebramos el próximo domingo de Pentecostés.

2. Primera Lectura               Hech 1, 1-11

El cristiano no debe preocuparse por el retorno físico de Cristo: con la fuerza del Espíritu Santo debe ser su testigo hasta que vuelva. Es el tiempo de la misión.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles. En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que Yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días». Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Él les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra». Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir».

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. Salmo                        Sal 46, 2-3. 6-9

R. El Señor asciende entre aclamaciones.

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas. Canten, canten a nuestro Dios, canten, canten a nuestro Rey. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno. El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

4. Segunda Lectura                   Ef 1, 17-23

El Apóstol invoca la luz del Señor para que podamos comprender las maravillas realizadas en Jesús resucitado y elevado a los cielos. En él, se anticipa lo que acontecerá también en nosotros.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso. Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que Él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que en-cierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que Él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Éste es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de Aquél que llena completamente todas las cosas.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Aclamación al Evangelio

Aleluya. «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo», dice el Señor. Aleluya.

5. Evangelio                        Lc 24, 46-53

Al momento de separarse de sus discípulos, Jesús les recuerda el núcleo de la evangelización: la muerte, la resurrección y la misión que los espera en el mundo entero.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas. Jesús dijo a sus discípulos: “Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y Yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto”. Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de Él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

¿Nos damos tiempo para mirar la propia vida y reconocer los modos (¡a menudo sorprendentes!) en que el Señor Jesús ha sido una presencia cercana y permanente en la propia vida, en la familia, en la Iglesia? ¿Dedicamos tiempo para admirar y agradecer esta Presencia que todo lo sostiene?

 

6. Oración Universal

M. Hermanos, reunidos para celebrar la ascensión de Jesús en presencia de los Apóstoles, acudamos confiados al Padre.

1.- Por la Iglesia que el Señor Jesús convocó y envió al mundo, para que seamos testigos de la novedad de la presencia del Señor Jesús. Roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor, te rogamos.

2.- Por todos los que tienen responsabilidades en la conducción de la sociedad, para que se dejen conducir por el Señor de la historia en sus tareas de servicio público. R.

3.- Por la unidad de los cristianos y todos los que buscan la unidad de las Iglesias a través del ecumenismo. R.

4.- Por todos los que trabajan en los medios de comunicación social, para que sean testigos de la verdad. R.

5.- Por nuestra comunidad de N., para que sepamos ser el signo que Dios quiere en nuestro barrio y nuestros ambientes de trabajo y estudio. R.

(Se pueden añadir otras peticiones de la comunidad)

M. Padre, que nos invitas a permanecer fieles a ti en esta vida, con la mirada puesta siempre en la gloria eterna, te suplicamos nos concedas todo aquello que te pedimos con fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M. Te Alabamos, Padre, porque nos enseñas hoy a reconocer a tu Hijo      Jesucristo compartiendo tu gloria y  prometiéndonos al Espíritu Santo.

1.- Señor Jesús, que permaneces siempre junto a nosotros, en todo  tiempo y lugar.

R.  ¡Bendito seas, Señor Jesús!

2.- Señor Jesús, que confías en nuestra pequeñez y nos envías como tus testigos a este mundo. R.

3.- Señor Jesús, que quieres reunirnos a todos junto al Padre. R.

M. Padre, en el Señor Jesús nos has entregado tu amor para que vivamos como hijos tuyos. Confiadamente te decimos junto con Jesús: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Hacia ti, morada santa/ Juntos como hermanos/ Por ti, mi Dios, cantando voy/ Reina del Cielo.

 

Domingo 19 de mayo

El Espíritu del Resucitado

El libro del Génesis nos relata    que, antes de la creación del mundo, el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas. A lo largo de todo el Antiguo Testamento los profetas anunciaron la Palabra del Señor, inspirados por el Espíritu de Dios. Pero las manifestacio-nes visibles del Espíritu Santo se comienzan a producir, en la historia de la Salvación, a partir de la Encarnación del Hijo en el seno de María. La acción de Cristo y del Espíritu están por esto, inseparablemente unidos, desde que por el “Sí” de María, por obra del Espíritu Santo, el Hijo se encarna en su seno virginal, hasta el momento en que el aliento del Resucitado derrama al Espíritu sobre sus temerosos discípulos. El Espíritu ya se había manifestado en forma de paloma en el momento del bautismo del Señor, pero ahora, cincuenta días después de su resurrección, se manifiesta en forma de llamas de fuego, que se derraman sobre los Apóstoles y María, reunidos en oración. Juan el Bautista había dicho a sus discípulos, que después de él, vendría Aquel que bautiza en Espíritu Santo y fuego.

Es en medio de la comunidad orante, y en el día domingo, en que el Espíritu Santo se manifiesta plenamente y derrama sus dones sobre los Apóstoles. No es una manifestación individual, sino cargada de un contexto eclesial y de oración. Y esta epifanía del Espíritu no deja a los Apóstoles encerrados en su comunidad, sino que los abre al anuncio de la Buena Noticia de la resurrección del Señor a todos los hombres. Como una nueva Babel, en la que las lenguas ya no se confunden, sino que vuelven a hacerse una.

El don y la manifestación del Espíritu vienen a dar plenitud y a concluir la obra del Señor, ven-cedor de la muerte. Siempre el Espíritu Santo es un don del Resucitado.

CONALI

1. Ambientación

Al concluir estos cincuenta días de alegría pascual, nos reunimos nueva-mente este domingo para celebrar en torno al altar el Sacrificio de Cristo, que hoy se ve colmado con la venida del Espíritu Santo, sello sublime y divina conclusión de su misterio pascual. Su acción en nosotros nos permite creer en Cristo y llamar Padre a Dios. Cele-bremos, pues, esta solemnidad con alegría desbordante.

Introducción a las lecturas bíblicas

El libro de los Hechos de los Apóstoles, que cada año leemos como primera lectura en este día, nos vuelve a narrar la maravillosa manifestación visible del Espíritu Santo el día de Pentecostés, es decir, cincuenta días después de la Resurrección del Señor. La secuencia nos describirá, bajo la forma de un poema, la esencia y la acción del Espíritu en cada uno y en toda la Iglesia. El evangelio unirá esta manifestación del Espíritu a la Resurrección del Señor, fuerza de la que brota su acción.

2. Primera Lectura               Hech 2, 1-11

Lectura de los Hechos de los Apóstoles. Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: “¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,    judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. Salmo              Sal 103, 1. 24. 29-31. 34

R.  Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡La tierra está llena de tus criaturas! R.

Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra. R.

¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! Que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor. R.

4. Segunda Lectura         1Cor 12, 3-7. 12-13

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto. Hermanos: Nadie puede decir: “Jesús es el Señor”, si no está impulsado por el Espíritu Santo. Cierta-mente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo, –judíos y griegos, esclavos y hombres libres–, y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Secuencia

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz. Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma, suave alivio de los hombres. Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto. Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles. Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente. Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, sana nuestras heridas. Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos. Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados. Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.

Aclamación al Evangelio

Aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Aleluya.

5. Evangelio                        Jn 20, 19-23

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan. Al atarde-cer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

El Espíritu Santo es la fuente de toda la santidad en la Iglesia, y siempre nos impulsa hacia la vivencia de esa santidad. ¿Le escuchamos cuando nos impulsa hacia el bien? ¿Tenemos conciencia de su acción en nosotros? ¿Le rogamos que haga crecer nuestra fe en Cristo y en el Padre?

6. Oración Universal

M. Como Iglesia, convocada por el Espíritu Santo, presentemos a Dios nuestras necesidades y las del mundo entero.

1.- Por toda la Iglesia, para que por la acción del Espíritu Santo, todos los que profesamos la misma fe en Cristo, podamos llegar pronto a la plena unidad. Roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor, te rogamos.

2.-  Por los que gobiernan las naciones y los pueblos, para que puedan escuchar la voz del Espíritu Santo que les invita a buscar el bien y conseguir la paz. R.

3.- Por nuestra comunidad, para que movidos por el Espíritu Santo, busquemos ante todo la gloria de Dios y el bien de todos los hombres. R.

4.- Por los que más sufren, tanto en el cuerpo como en el alma, para que se sientan consolados por la acción del Espíritu Santo y puedan salir de sus dificultades. R.

(Se puede agregar otras peticiones de la comunidad)

M. Escucha, oh Dios, la oración de tu pueblo, que ora en el Espíritu, por Cristo, nuestro Señor.

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M. A ti, Espíritu Santo, que nos visitas con el fuego de tu amor y nos reúnes en oración en torno a María, nuestra madre, te alabamos, diciendo:

R. Te adoramos y te alabamos, Espíritu Santo de Dios.

1.- Bendito seas tú, Espíritu Santo del Padre, que nos iluminas con tu luz eterna, y nos repartes los siete dones de tu amor. R.

2.- Bendito seas tú, Espíritu Santo de Cristo, que reconfortas a tus hijos con la fuerza que procede de lo alto, y nos santificas con tu poder. R.

3.- Bendito seas tú, Espíritu Santo del Padre y del Hijo, que visitas nuestras almas hasta lo más profundo de nuestro ser, y nos haces descansar en Dios. R.

M. Sabemos que nadie puede llamarte Padre, si el Espíritu Santo no lo impulsa, por eso en este mismo Espíritu oramos diciendo: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Fuego de Dios/ Ven, Espíritu de santidad/ Espíritu Santo, ven/ Si alguno tiene sed/ Dios está aquí.

 

 

Domingo 26 de mayo

En Cristo, al Padre, por el Espíritu

El credo que recitamos cada domingo en la eucaristía, es un compendio o resumen de nuestra fe. Es la profesión en un solo Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creemos en un Padre todopoderoso, que por amor a nosotros, creó el cielo y la Tierra, todo lo visible y lo invisible. Creemos en su Hijo, Jesucristo, que siendo eterno con el Padre, se encarnó en el seno de María y se hizo hombre, para poder así rescatarnos del pecado y conducirnos, por su misterio pascual, de nuevo al seno del Padre. Y en el Espíritu Santo, que es dador de vida y santificador, y que junto al Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria. La Sagrada Escritura nos va revelando este misterio de la Santísima Trinidad poco a poco, casi como guiándonos, paso a paso, hacia la verdad plena, como nos dice el evangelio de hoy. Ante el misterio de la Trinidad, la respuesta del hombre es la adoración y la glorificación, que no hace más grande a Dios, sino que ensancha el corazón del mismo creyente. Reconocerse creatura, es reconocer a Dios como el Creador y someterse a su voluntad es ser plenamente libre.

Fuimos creados por amor, porque es Amor la vida de las tres personas Divinas. Fuimos marcados con su Nombre en la frente, fuimos elegidos para ser conocedores de la Verdad plena, y copartícipes de la gloria de Dios. Invitados a compartir la vida divina, incluso en medio de las tribulaciones de esta vida. Como nos dice san Pablo en la segunda lectura, es la fe la que nos da el acceso a esta gracia. En este año de la fe, el misterio de la Santísima Trinidad se nos revela con más plenitud, creer en el Dios uno y trino es lo que nos hace ser cristianos y ser miembros de la Iglesia. Cada uno de nosotros vive en Cristo, para el Padre, por el Espíritu.

CONALI

1. Ambientación

En este domingo después de Pentecostés, la Iglesia celebra el misterio central de nuestra fe, la Santísima Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que son un solo y único Dios. Toda nuestra vida y toda la  celebración de la Iglesia está marcada por este misterio insondable. En su Nombre somos bautizados, somos confirmados, somos perdonados, somos ungidos y somos bendecidos. Por eso también ahora, comenzamos esta celebración en su Nombre.

Introducción a las lecturas bíblicas

La lectura del Antiguo Testamento (Proverbios) profetiza ya a Cristo, como Sabiduría eterna del Padre, y nos señala su participación en la creación de todo el universo. El amor trinitario de Dios, infundido en nuestros corazones, nos impulsa a actuar según nuestra fe (Romanos). El evangelio de san Juan nos da hoy algunas pistas para ir profundizando en el misterio de la Santísima Trinidad: la verdad plena la revela el Espíritu Santo.

2. Primera Lectura               Prov 8, 22-31

Lectura del libro de los Proverbios. Dice la   Sabiduría de Dios: El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre. Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas. Antes que fueran cimentadas las montañas,  antes que las colinas, yo nací, cuando Él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo. Cuando Él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, cuando fijaba su limite al mar para que sus aguas no desbordaran, cuando afirmaba los cimientos de la tierra, yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de Él en todo tiempo, recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. Salmo                             Sal 8, 4-9

R. ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies. R.

Todos los rebaños y ganados, y    hasta los animales salvajes; las aves del cielo, los peces del mar y cuanto surca los senderos de las aguas. R.

4. Segunda Lectura                   Rom 5, 1-5

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma. Hermanos: Justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por Él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por Él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Aclamación al Evangelio

Aleluya. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene. Aleluya.

5. Evangelio                        Jn 16, 12-15

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan. Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

El Espíritu nos revela lo que se vive al interior de la Trinidad, la verdad plena. ¿Es para nosotros importante el tema de la Verdad como parte de nuestra profesión de fe en la Trinidad, o damos a la Verdad un valor relativo? ¿Nos acordamos de dar gloria a Dios siempre y en todo momento de nuestra existencia?

6. Oración Universal

M. A Dios uno y trino, por quien y para quien existe todo, dirijamos ahora nuestras oraciones, por las necesidades de la Iglesia y del mundo.

1.- Por la Iglesia, para que pueda proclamar libremente su fe en la Santísima Trinidad, y llevar a todos los hombres a la salvación. Roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor, te rogamos.

2.- Por todos los que trabajan en el servicio público, para que su fe en la Trinidad los impulse a manifestar en este ámbito su búsqueda del bien y la verdad. R.

3.- Por los que se ven perseguidos y acosados por creer en Dios uno y trino, para que la oración de toda la Iglesia pueda sostenerlos en sus dificultades. R.

4.- Por nosotros, para que podamos llevar a la práctica de las buenas obras, la fe que profesamos con los labios. R.

(Se puede agregar otras peticiones de la comunidad)

M. Dios todopoderoso y eterno, te pedimos que inclines el oído de tu corazón a nuestras oraciones y súplicas, y atiendas con bondad lo que humildemente te pedimos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M. A ti, Dios único y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que mereces toda adoración y toda gloria, te alabamos, diciendo:

R. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

1.- A ti, Padre eterno, que nos has creado a tu imagen y semejanza, y has creado el universo entero, te alabamos diciendo. R.

2.- A ti, Cristo, hijo de María, que por nuestra salvación subiste a la cruz y resucitaste de entre los muertos, te alabamos diciendo. R.

3.- A ti, Espíritu Santo, que santificas y renuevas nuestra vida para ser verdadera morada de Dios, te alabamos diciendo. R.

M. Movidos ahora por este mismo   Espíritu Santo, oremos al Padre como Cristo nos enseñó: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Juntos como hermanos/ Haz cantar tu vida/ El alfarero/ En ti Señor.

 

 
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