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Editorial SAN PABLO
 
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Archivo del 31/03/2016

Viernes de la Octava de Pascua. Blanco.

liturgia cotidiana abril_2
VIERNES 1

Viernes de la Octava de Pascua. Blanco.

Gloria. Secuencia (optativa). Prefacio de Pascua.

LECTURA Hech 4, 1-12

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús. Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde. Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando solo los hombres, se elevó a unos cinco mil. Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: “¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?”. Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: “Jefes del pueblo y ancianos, ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue sanado, sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. Él es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. Porque en ningún otro existe la salvación, ni hay bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos”. Palabra de Dios.

Comentario: Se cumple lo anticipado por Jesús: por mi causa, serán perseguidos y encarcelados (Mt 10, 22). Este es el camino de quienes deciden seguirlo, dejándose guiar por el Espíritu Santo, sin ceder ante las adversidades y las amenazas de los poderosos.

SALMO Sal 117, 1-2. 4. 22-27

R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!

Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor! R.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. R.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor: el Señor es Dios, y Él nos ilumina. R.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluia.

EVANGELIO Jn 21, 1-14

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era Él. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Ellos respondieron: “No”. Él les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban solo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: “Vengan a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Palabra del Señor.

Comentario: Jesús Resucitado encuentra a los Apóstoles en sus antiguas labores. Juan y Pedro lo reconocen al producirse el milagro. Las personas descubren aquello que significa vivir la fe cuando encuentran comunidades conducidas con los criterios de Dios.

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Jueves de la Octava de Pascua. Blanco.

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Jueves 31

Jueves de la Octava de Pascua. Blanco.

Gloria. Secuencia (optativa, pág.111).                            

Prefacio de Pascua.

LECTURA Hech 3, 11-26

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Como el paralítico que había sido sanado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón. Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: “Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de Él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Por haber creído en su nombre, ese mismo nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de Él, es la que lo ha sanado completamente, como ustedes pueden comprobar. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer. Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados. Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. Él debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. Moisés, en efecto, dijo: ‘El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que Él les diga. El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo’. Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días. Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: ‘En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades”. Palabra de Dios.

Comentario: Estos milagros refuerzan el primer anuncio (kerigma) de la Buena Noticia de la Resurrección. También hoy como ayer, la Palabra de Dios bien anunciada es acompañada por hechos palpables que la hacen más creíble.         

SALMO Sal 8, 2. 5-9

R. ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

O bien:Aleluia, Aleluia, Aleluia.

Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies. R.

Todos los rebaños y ganados, y hasta los animales salvajes; las aves del cielo, los peces del mar y cuanto surca los senderos de las aguas. R.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluia.

EVANGELIO Lc 24, 35-48

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Los discípulos, que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: “¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy Yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que Yo tengo”. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: “¿Tienen aquí algo para comer?”. Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; Él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: “Cuando todavía estaba con ustedes, Yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto”. Palabra del Señor.

Comentario: Mientras los “peregrinos” contaban sobre lo sucedido, en el camino de Emaús, Jesús se le aparece a los discípulos. Se les presenta en toda su humanidad: los saluda, les muestra sus heridas, sus pies y sus manos, la necesidad de comer… para, que sean sus testigos y no duden es el Señor.

Miércoles de la Octava de Pascua. Blanco.

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Miércoles 30

Miércoles de la Octava de Pascua. Blanco.

Gloria. Secuencia (optativa, pág. 111).            

Prefacio de Pascua.

LECTURA Hech 3, 1-10

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada  “la Hermosa”, para pedir limosna a los que entraban. Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna. Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: “Míranos”. El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina”. Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos. Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. Toda la gente lo vio caminar y alabar a Dios. Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada “la Hermosa”, y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido. Palabra de Dios.

Comentario: El paralítico pedía monedas, pero Pedro y Juan, “en nombre de Jesús”, lo invitan a recuperarse. Una vez sano, glorifica a Dios y salta de alegría. ¿Cuál es nuestro comportamiento ante estas personas?

SALMO Sal 104, 1-4. 6-9

R. Alégrense los que buscan al Señor.

¡Den gracias al Señor, invoquen su nombre, hagan conocer entre los pueblos sus proezas; canten al Señor con instrumentos musicales, pregonen todas sus maravillas! R.

¡Gloríense en su santo nombre, alégrense los que buscan al Señor! ¡Recurran al Señor y a su poder, busquen constantemente su rostro! R.

Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido: el Señor es nuestro Dios, en toda la tierra rigen sus decretos. R.

Él se acuerda eternamente de su alianza, de la palabra que dio por mil generaciones, del pacto que selló con Abraham, del juramento que hizo a Isaac. R.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluia.

EVANGELIO Lc 24, 13-35

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino, hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?”. Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”. “¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que Él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a Él no lo vieron”. Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?”. Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”. Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor.

Comentario: Algunos discípulos estaban desmotivados por cuanto había sucedido. Y mientras caminaban, creían hablar con uno de los tantos caminantes. Pero todo cambió cuando lo invitaron a pernoctar, reconociéndolo al partir el pan (Eucaristía).  

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Martes de la Octava de Pascua. Blanco.

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Martes 29

Martes de la Octava de Pascua. Blanco.

Gloria. Secuencia (optativa, pág. 111).            

Prefacio de Pascua.

LECTURA Hech 2, 36-41

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

El día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos: “Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías”. Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?”. Pedro les respondió: “Que cada uno de ustedes se convierta y se haga bautizar en el Nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquéllos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar”. Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. Palabra de Dios.

Comentario: Ante el primer anuncio de Pedro, los judíos le preguntan: “¿Qué debemos hacer?”. En su respuesta, encontramos la esencia de la conversión cristiana que nos invita este Año Santo: reconocer nuestras faltas, arrepentirnos del mal causado y pedir perdón a Dios y a nuestros semejantes. Y realizar una buena confesión.

SALMO Sal 32, 4-5. 18-20. 22

R. La tierra está llena del amor del Señor.

La palabra del Señor es recta y Él obra siempre con lealtad; Él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluia.

EVANGELIO Jn 20, 11-18

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.  Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, pensando que era el cuidador del huerto, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”. Jesús le dijo: “¡María!”. Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir, “¡Maestro!”. Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes’”. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras. Palabra del Señor.

Comentario: María pensaba estar ante el cuidador del huerto, pero al sentir que pronunciaba su nombre, reconoció que era el Maestro Resucitado. En la situación que nos encontremos, Dios sale a nuestro encuentro y nos envía a comunicar la alegría del evangelio. ¿Lo reconocemos en las personas que se cruzan en nuestro camino?

Lunes de la Octava de Pascua. Blanco.

liturgia cotidiana marzo_2016
LUNES 28

Lunes de la Octava de Pascua. Blanco.

Gloria. Secuencia (optativa, pág. 111).                           

Prefacio de Pascua.

LECTURA Hech 2, 14. 22-33

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: “Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre Él. En efecto, refiriéndose a Él, dijo David: ‘Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque Él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque Tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia’. Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que ‘no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción’. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, Él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen”. Palabra de Dios.

Comentario: Habiendo sido un pescador, Pedro ahora es en un testigo de la Resurrección, documentándola con una síntesis de la Historia de la Salvación. Su sabiduría se explica por la gracia del Espíritu Santo derramado sobre él. La expansión misionera conjugará siempre el testimonio (testigo de un hecho) y una sana teología.

SALMO Sal 15, 1-2. 5. 7-11

R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

O bien:Aleluia.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Señor, Tú eres mi bien”. El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡Tú decides mi suerte! R.

Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluia.

EVANGELIO Mt 28, 8-15

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Las mujeres, que habían ido al sepulcro, después de oír el anuncio del Ángel, se alejaron rápidamente de allí, atemorizadas pero llenas de alegría, y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de Él. Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”. Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: “Digan así: ‘Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos’. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo”. Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy. Palabra del Señor.

Comentario: Vemos el reencuentro de las mujeres con Jesús y la complicidad de los guardias por ocultar la verdad. Por un lado, una opción de fe, por otra, la defensa sus propios intereses. Quienes nos hemos encontrado con el Señor, no podemos callarlo, sabiendo que siempre habrá quienes tratarán de ridiculizar el evangelio anunciado.   

PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR. Blanco.

liturgia cotidiana marzo_2016
Domingo 27

PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR. Blanco.

Gloria. Secuencia. Credo. Prefacio de Pascua.

Pascua es creer en la vida

María Magdalena fue al sepulcro para quedarse junto a la persona amada. No podía aceptar que la muerte la separe, porque Jesús era todo para ella. Su llanto demuestra cuánto lo quería.

Se pone en marcha cuando todavía es de noche. Camina en las sombras y con tinieblas en su interior. Llega al sepulcro y ve que la piedra fue removida y piensa que el Señor había sido ultrajado después de muerto, como si la crucifixión no hubiese sido suficiente para los enemigos de Jesús.

Corre para avisar a Simón Pedro y a Juan. Los tres vuelven corriendo. Llega antes el discípulo más joven que observó qué había pasado pero no entró.

Dos hombres, como el número de los testigos exigidos por el derecho hebreo, les dicen que el Señor estaba vivo porque había resucitado.

Ven y creen, dice sintéticamente el texto. Pero ven porque amaban al Señor y lo buscaron. No se quedaron esperando a ver qué pasaba, esperando una manifestación milagrosa que les despertara la fe.

Ven, creen pero no comprenden. Tal es la clara afirmación del evangelio frente a lo humanamente imposible de la resurrección. Jesús añadirá una bienaventuranza: Felices los que creen sin haber visto.

Nosotros creemos en la resurrección de los muertos aunque tampoco comprendemos. Pero la fe no se opone a la razón; la supera viendo la vida donde nuestro intelecto solo llega a la conclusión de que todo se acabó con la muerte. Así pensaban los que mataron a Jesús. Así piensa el que hoy sigue creyendo que la violencia y la muerte pueden traer soluciones a los problemas de la Humanidad.

La resurrección de Jesús es la victoria de la Humanidad sobre la violencia y la muerte. Si creemos en él, solo podemos creer en la vida y en quienes defienden la vida.

“Él también vio y creyó” (Jn 20, 8).

P. Aderico Dolzani, ssp.

MOTIVACIÓN DE ENTRADA

Guía: En el evangelio de hoy, las mujeres y discípulos al llegar al sepulcro lo encuentran vacío. Creen, pero no comprenden. También nosotros creemos aunque tampoco comprenderemos todo, apoyados en la expresión de Jesús: “Felices los que crean sin haber visto” (Jn 20, 29).

1ª LECTURA Hech 10, 34. 37-43

Guía: Pedro relata la vida y muerte de Jesús, y sobre cómo luego se les apareció a ellos, siendo ahora testigos de él por todo el mundo. 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Pedro, tomando la palabra, dijo: “Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con Él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con Él, después de su resurrección. Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que Él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de Él, declarando que los que creen en Él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre”. Palabra de Dios.

SALMO Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23

R. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.

O bien: Aleluia, Aleluia, Aleluia.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡Es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.

2ª LECTURA Col 3, 1-4

Guía: San Pablo invita a los colosenses que han resucitado con Cristo a vivir de manera coherente a su fe.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.

Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la vida de ustedes, entonces ustedes también aparecerán con Él, llenos de gloria. Palabra de Dios.

SECUENCIA

Debe decirse hoy; en los días de la octava, es optativa.

Cristianos, ofrezcamos al Cordero pascual nuestro sacrificio de alabanza. El Cordero ha redimido a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre. La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable: el Rey de la vida estuvo muerto, y ahora vive. Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino? He visto el sepulcro del Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado. He visto a los ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras. Ha resucitado Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en Galilea. Sabemos que Cristo resucitó realmente; Tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros.

ALELUIA 1Cor 5, 7-8

Aleluia. Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua. Aleluia.

EVANGELIO Jn 20, 1-9

Guía: María Magdalena se encuentra con el sepulcro vacío. Advirtiendo de ello a Pedro y Juan, comprueban también lo mismo. Pero aún no comprendían que el Maestro había resucitado.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: El también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS

Guía: Con los dones del pan y del vino, ofrecemos nuestro compromiso de ser una Iglesia en salida, que anuncia la alegría de que el Maestro ha Resucitado.

PREPARACIÓN A LA COMUNIÓN

Guía: Al acercarnos a recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor Resucitado, lo hacemos conscientes que él es nuestro alimento para vivir como resucitados, mientras esperamos la resurrección final. 

DESPEDIDA

Guía: Nos retiramos dando gracias al Padre por la resurrección de Jesús. Nosotros hemos creído y el Resucitado es la respuesta al problema del hombre y de nuestra vida en este mundo.

SÁBADO SANTO

liturgia cotidiana marzo_2016
SÁBADO 26

SÁBADO SANTO

Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, en la oración y el ayuno, meditando su pasión y su muerte, así como su descenso al lugar de los muertos en la espera de su resurrección.

La Iglesia se priva de la celebración del sacrificio de la Misa y mantiene despojado el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o espera de la resurrección durante la noche, comience la alegría pascual, cuya plenitud se extenderá a lo largo de cincuenta días.

En este día, la comunión solo se administra a modo de viático.

VIGILIA PASCUAL en la NOCHE SANTA. Blanco.

Gloria. Renovación de las promesas bautismales. Prefacio de Pascua.

El sepulcro que devoró la muerte

Todo tiene arreglo, menos la muerte, porque es el fin de todo. Así pensamos cuando no tenemos conciencia de nuestra fe cristiana. Para los saduceos, los griegos, los romanos y para tantos habitantes de nuestro planeta es una fábula y comentan nuestra fe con una sonrisa incrédula. Nos tienen lástima.

Se piensa que el sepulcro es la boca de la muerte que nos devorará a todos y después se cerrará para siempre. Hoy Jesús, en cambio, nos dice que esa piedra fue levantada para siempre y que lo único que muere en el sepulcro es la misma muerte.

El dato del sepulcro vacío es fundamental en la fe cristiana y condición para celebrar la Pascua. La resurrección de Cristo mata la certeza más grande que tiene el hombre: la de la muerte. No hay explicación, pero lo vieron vivo, muchas personas, comiendo y caminando con ellos, acompañándolos y prometiendo estar presente con nosotros hasta el fin de los tiempos con su espíritu.

El misterio de la muerte que se transforma en vida no resiste ningún razonamiento ni tiene explicaciones.

La fe en la resurrección es fruto del anuncio de Dios, que es el único que nos puede hacer comprender lo que sucedió. Los ángeles, como al inicio del evangelio en la anunciación, anuncian cosas que son imposibles para el hombre.

A lo largo de la Escritura, encontramos a menudo la afirmación que Dios no es un Dios de muertos, sino de los vivientes. Dios no nos creó para la muerte, sino para la vida que él mismo nos dio. Y lo que Dios da, no lo retira jamás. En el Génesis, ya se nos hace ver que la muerte no está en los planes de Dios, pero entró en los planes de los hombres por nuestras limitaciones y desprecio de la vida.

Hoy los ángeles nos invitan a la fe en el Señor resucitado.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” (Lc 24, 5).

P. Aderico Dolzani, ssp.

La Misa de la Vigilia pascual, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la Misa de Pascua del Domingo de Resurrección. Según antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor (Éx 12, 42). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-37), deben asemejarse a quienes, con las lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno de su Señor, para que cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.

La Vigilia de esta noche, que es la mayor y la más noble entre todas las solemnidades, debe ser celebrada una sola vez en cada iglesia. Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche de manera que no ha de empezar antes que oscurezca, y debe concluir antes del amanecer del día domingo.

Los fieles que participan en esta Misa de la Vigilia pueden comulgar nuevamente en otra Misa del día de Pascua.

PRIMERA PARTE

SOLEMNE COMIENZO DE LA VIGILIA, LLAMADO LUCERNARIO

BENDICIÓN DEL FUEGO Y PREPARACIÓN DEL CIRIO

Se apagan las luces del templo. En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende un fuego. Una vez que se ha congregado el pueblo en el lugar, se acerca el sacerdote con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual. Si hubiere dificultades para encender el fuego en el exterior, adáptese el rito de la bendición del fuego según las posibilidades.

El sacerdote dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Mientras él y los fieles hacen la señal de la Cruz; el sacerdote dice el saludo acostumbrado y recuerda brevemente el sentido de la vigilia nocturna, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos: En esta noche santa, en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la Vida, la Iglesia invita a sus hijos diseminados por toda la tierra a que se reúnan y permanezcan en vela para orar. Si hacemos memoria de la Pascua del Señor, escuchando su Palabra y celebrando sus misterios, esperemos con fe compartir su triunfo sobre la muerte y vivir siempre con él en Dios.

A continuación el sacerdote bendice el fuego y dice, con las manos extendidas:

OREMOS

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has dado a tus fieles el fuego de tu luz, santifica * este fuego nuevo y concédenos que, por esta celebración pascual, seamos de tal manera inflamados con los deseos celestiales, que podamos llegar con un corazón puro a la fiesta de la luz eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Concluida la bendición del fuego nuevo, un ministro acerca el cirio pascual al sacerdote que, con un estilete, marca una cruz sobre el mismo. En el extremo  superior de la cruz marca la letra griega Alfa, y en el inferior, la letra Omega; en los ángulos que forman los brazos de la cruz, los números del año en curso. Mientras tanto se dice:

1. Cristo ayer y hoy,  (Marca la línea vertical de la cruz)

2. Principio y Fin,   (Marca la línea vertical de la cruz)

3. Alfa  (Marca la letra Alfa en la parte superior de la cruz)

4. y Omega. (Marca la letra Omega en la parte inferior de la cruz)

5.  A  Él pertenecen el tiempo (Marca en el ángulo superior izquierdo la primera cifra del año actual)

6. y la eternidad, (Marca en el ángulo superior derecho la segunda cifra del año actual)

7. A Él la gloria y el poder, (Marca en el ángulo inferior izquierdo la tercera cifra)

8. por los siglos de los siglos.  Amén. (Marca en el ángulo inferior derecho la última cifra del año actual).

Acabada la inscripción de la cruz y de los otros signos, el sacerdote puede fijar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice:

1. Por sus llagas

2. santas y gloriosas

3. nos proteja

4. y nos conserve

5. Cristo el Señor. Amén.

Después del saludo y la monición, se bendice el fuego y se hace la preparación del cirio. El sacerdote enciende el cirio pascual con la llama del fuego nuevo, mientras dice:

Que la luz de Cristo gloriosamente resucitado disipe las tinieblas de la inteligencia y del corazón.

PROCESIÓN

Después de encender el cirio, un ministro toma carbones encendidos del fuego nuevo y los coloca en el incensario. El sacerdote impone incienso. A continuación, el diácono u otro ministro idóneo recibe el cirio pascual y se ordena la procesión. El turiferario, con el turíbulo humeante, precede al diácono o al otro ministro que lleva el cirio pascual; siguen el sacerdote con los ministros y el pueblo, llevando en sus manos cirios apagados.

Ante la puerta de la iglesia, el diácono de pie, eleva el cirio y canta:

La luz de Cristo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

El sacerdote enciende, con el fuego del cirio pascual, la vela que tiene en sus manos. Luego, en el medio del templo el diácono se detiene y, elevando nuevamente el cirio, canta por segunda vez:

La luz de Cristo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

Inmediatamente, todos encienden sus cirios con la llama que se transmite desde el cirio pascual; mientras tanto la procesión avanza hacia el presbiterio.

Cuando llega delante del altar, el diácono se detiene y mirando hacia el pueblo, eleva el cirio y canta por tercera vez:

La luz de Cristo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

El diácono coloca el cirio pascual en su candelabro situado junto al ambón o en medio del presbiterio. Y se encienden las luces en el templo, excepto las velas del altar.

ANUNCIO PASCUAL En forma breve

Alégrese en el cielo el coro de los ángeles, exulten los ministros de Dios, y por la victoria de un Rey tan grande, resuene la trompeta de la salvación.

Alégrese también la tierra inundada de tanta luz, y brillando con el resplandor del Rey eterno, se vea libre de las tinieblas que cubrían al mundo entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia, adornada con los fulgores de una luz tan brillante; y resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

S. El Señor esté con ustedes.

A. Y con tu espíritu.

S. Levantemos el corazón.

A. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

S. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

A. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto de la mente y del corazón al Dios invisible, Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. El pagó por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán, y borró con su sangre la sentencia del primer pecado. Estas son las fiestas pascuales, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles. Esta es la noche en que sacaste de Egipto a nuestros padres, los hijos de Israel, y los hiciste pasar a pie por el mar Rojo. Esta es la noche que disipó las tinieblas de los pecados con el resplandor de una columna de fuego. Esta es la noche en que por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo, arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y agregados a los santos. Esta es la noche en la que Cristo rompió las ataduras de la muerte y surgió victorioso de los abismos. ¡Qué admirable es tu bondad con nosotros! ¡Qué inestimable la predilección de tu amor: para rescatar al esclavo, entregaste a tu propio Hijo! ¡Pecado de Adán ciertamente necesario, que fue borrado con la sangre de Cristo! ¡Oh feliz culpa, que nos mereció tan noble y tan grande Redentor! Por eso, la santidad de esta noche aleja toda maldad, lava las culpas, devuelve la inocencia a los pecadores y la alegría a los afligidos. ¡Noche verdaderamente dichosa, en la que el cielo se une con la tierra y lo divino con lo humano! En esta noche de gracia, recibe, Padre santo, el sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te presenta por medio de sus ministros, en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas. Por eso, te rogamos, Señor, que este cirio consagrado en honor de tu Nombre, continúe ardiendo para disipar la oscuridad de esta noche y, aceptado por ti como perfume agradable, se asocie a los astros del cielo. Que lo encuentre encendido el lucero de la mañana, aquel lucero que no tiene ocaso: Jesucristo, tu Hijo, que resucitado de entre los muertos brilla sereno para el género humano, y vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

SEGUNDA PARTE

LITURGIA DE LA PALABRA

En esta Vigilia, «Madre de todas las vigilias», se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento (Epístola y Evangelio).

Si graves circunstancias pastorales lo exigen, puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento. Con todo, deben leerse por lo menos tres lecturas del Antiguo Testamento, que provengan de la Ley y los Profetas y se canten los respectivos salmos responsoriales. Nunca debe omitirse la lectura tomada del capítulo 14 del Éxodo con su respectivo cántico.

Se apagan los cirios y todos se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote se dirige al pueblo con estas palabras u otras semejantes:

Hermanos: Después de haber iniciado con solemnidad esta Vigilia, escuchemos serenamente la Palabra de Dios; meditemos cómo, al cumplirse el tiempo, Dios salvó a su pueblo y finalmente envió a su Hijo para redimirnos. Oremos para que Dios lleve a su plenitud la redención obrada por el misterio pascual.

Luego siguen las lecturas con las oraciones después de cada una de ellas.

1ª LECTURA Gn 1, 1—2, 2

Guía: Escuchamos cómo Dios creó el mundo, culminado con el hombre y la mujer. Y se admira porque todo es bueno en su esencia.

Lectura del libro del Génesis.

Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. Entonces Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día. Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día. Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla, y árboles frutales que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”. Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día. Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros –el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día. Dios dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”. Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día. Dios dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno. Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día. Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. Palabra de Dios.

SALMO Sal 103, 1-2. 5-6. 10. 12-14. 24. 35

R. Señor, envía tu Espíritu y renueva toda la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Estás vestido de esplendor y majestad y te envuelves con un manto de luz. R.

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos: ¡no se moverá jamás! El océano la cubría como un manto, las aguas tapaban las montañas. R.

Haces brotar fuentes en los valles, y corren sus aguas por las quebradas. Las aves del cielo habitan junto a ellas y hacen oír su canto entre las ramas. R.

Desde lo alto riegas las montañas, y la tierra se sacia con el fruto de tus obras. Haces brotar la hierba para el ganado y las plantas que el hombre cultiva. R.

¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡Todo lo hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas! ¡Bendice al Señor, alma mía! R.

2ª LECTURA Gn 22, 1-18

Guía: Dios quiere formar a un pueblo para que realmente crea en él. Abraham demostró tener la fe que Dios espera de nosotros.

Lectura del libro del Génesis.

Dios puso a prueba a Abraham. “¡Abraham!”, le dijo. Él respondió: “Aquí estoy”. Entonces Dios le siguió diciendo: “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que Yo te indicaré”. A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: “Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes”. Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos. Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: “¡Padre!”. Él respondió: “Sí, hijo mío”. “Tenemos el fuego y la leña –continuó Isaac– pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”. “Dios proveerá el cordero para el holocausto”, respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos. Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: “¡Abraham, Abraham!”. “Aquí estoy”, respondió él. Y el Ángel le dijo: “No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único”. Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: “El Señor proveerá”, y de allí se origina el siguiente dicho: “En la montaña del Señor, se proveerá”. Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: “Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, Yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz”. Palabra de Dios.

SALMO Sal 15, 5. 8-11

R. Protégeme, Dios mío, porque en ti me refugio.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.

3ª LECTURA Éx 14, 15—15, 1

Guía: Por muchos años, Israel fue esclavo en Egipto. Pero fiel a sus promesas, Dios interviene para liberarlo.

Lectura del libro del Éxodo.

El Señor dijo a Moisés: “Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando Yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”. El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros. Entonces Moisés extendió su manosobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate a favor de ellos contra Egipto”. El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los   israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en Él y en Moisés, su servidor. Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor. Palabra de Dios.

SALMO Éx 15, 1-6. 17-18

R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: Él hundió en el mar los caballos y los carros. El Señor es mi fuerza y mi protección, Él me salvó. Él es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.

El Señor es un guerrero, su nombre es “Señor”. Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.

El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar. Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.

Tú llevas a tu pueblo, y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos. ¡El Señor reina eternamente! R.

4ª LECTURA Is 54, 5-14

Guía: Dios promete, sellar con su pueblo, una alianza eterna y de su boca sale la palabra que no regresará a él sin haberse cumplido.

Lectura del libro de Isaías.

Tu esposo es Aquél que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: Él se llama “Dios de toda la tierra”. Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor: “¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?”, dice el Señor. Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo; en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor. Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé no inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra ti ni amenazarte nunca más. Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti. ¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas y por cimientos, zafiros; haré tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu contorno de piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande la paz de tus hijos. Estarás afianzada en la justicia, lejos de la opresión, porque nada temerás, lejos del temor, porque no te alcanzará. Palabra de Dios.

SALMO Sal 29, 2. 4-6. 11-12. 13

R. Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste.

Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría. R.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

5ª LECTURA Is 55, 1-11

Guía: Dios se acerca por medio de su palabra que anuncia la salvación del ser humano.

Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que Yo quiero y cumple la misión que Yo le encomendé. Palabra de Dios.

SALMO Is 12, 2-6

R. Sacarán aguas con alegría de las fuentes de la salvación.

Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; Él fue mi salvación. R.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.

6ª LECTURA Bar 3, 9-15. 32—4, 4

Guía: Dios invita al pueblo de Israel y a nosotros hoy,  para dejar el pecado y seguirlo.

Lectura del libro de Baruc.

Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención para aprender a discernir. ¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos y has envejecido en una tierra extranjera? ¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote entre los que bajan al Abismo? ¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría! Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre. Aprende dónde está el discernimiento, dónde está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría, quién ha penetrado en sus tesoros? El que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella sale, la llama, y ella obedece temblando. Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia: Él las llama, y ellas responden: “Aquí estamos”, y brillan alegremente para aquel que las creó. ¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! Él penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres. La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios y la Ley que subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán la vida, pero los que la abandonan, morirán. Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero. Felices de nosotros, Israel, porque se nos dio a conocer lo que agrada a Dios. Palabra de Dios.

SALMO Sal 18, 8-11

R. Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.

Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.

La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.

Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. R.

7ª LECTURA Ez 36, 17. 18-28

Guía: El pueblo de Israel en el exilio se aleja de Dios. La conducta del pueblo desacreditaba el buen nombre de Dios. Pero Dios no renuncia y nos redime por su inmensa misericordia.

Lectura de la profecía de Ezequiel.

La palabra del Señor me llegó en estos términos: “Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones. Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por los ídolos con que lo habían contaminado. Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos: ‘Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país’. Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido. Por eso, di al pueblo de Israel: ‘Así habla el Señor: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que Yo soy el Señor –oráculo del Señor– cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes. Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que Yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi pueblo y Yo seré su Dios’”. Palabra de Dios.

SALMO Sal 41, 3. 5; 42, 3-4

R. Mi alma tiene sed de Dios.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios? R.

¡Cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta! R.

Envíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu santa Montaña, hasta el lugar donde habitas. R.

Y llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida; y te daré gracias con la cítara, Señor, Dios mío. R.

Después de la  última lectura del  Antiguo Testa-mento con su salmo responsorial correspondiente oración, se encienden los cirios del altar y el sacerdote entona el himno Gloria a Dios en el cielo, al cual se une la asamblea; mientras tanto, de acuerdo con las costumbres del lugar, se tocan las campanas.

Después del Gloria, el sacerdote reza la oración colecta, del modo acostumbrado.

Luego, todos se sientan y un lector proclama la lectura del apóstol san Pablo.

EPÍSTOLA Rom 6, 3-11

Guía: San Pablo recuerda que, por el bautismo, hemos sido incorporados a Cristo y participamos del misterio pascual. Cristo muere en la cruz y propicia nuestra muerte al pecado.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con Él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre Él. Al morir, Él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios.

Acabada la lectura, todos se levantan y el sacerdote entona solemnemente por tres veces el Aleluia, elevando gradualmente la voz, y todos responden. Después, el salmista o el cantor entona el Salmo 117 y el pueblo responde: Aleluia.

SALMO Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23

R. Aleluia, aleluia, aleluia.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.

El sacerdote impone el incienso y bendice al diácono, como de costumbre. Para proclamar el Evangelio no se llevan cirios, sino solo el incienso, si se usa.

EVANGELIO Lc 24, 1-12

Guía: Las mujeres encuentran el sepulcro vacío, mientras dos hombres le preguntan por qué buscan entre los muertos al que está vivo. Aún no habían creído.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que Él les decía cuando aún estaba en Galilea: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día”». Y las mujeres recordaron sus palabras. Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles, pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron. Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido. Palabra del Señor.

Después del Evangelio tiene lugar la homilía que, aunque breve, no debe omitirse.

TERCERA PARTE

LITURGIA BAUTISMAL

Guía: Hemos escuchado la Palabra de Dios, que nos anunciaba la vida nueva de Jesús. El agua del bautismo será ahora el centro de nuestra celebración. Nos preparamos para renovar nuestras promesas bautismales y renunciar al demonio.

Después de la homilía comienza la liturgia bautismal. El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si esta se encuentra a la vista del pueblo. De lo contrario se pone un recipiente con agua en el presbiterio.

Si hay catecúmenos, se los llama para que sus padrinos los presenten. Si los catecúmenos son niños, estos son presentados por los padres y los padrinos ante la comunidad reunida.

Si hubiera que dirigirse en procesión hasta el baptisterio o la fuente, se realiza de esta manera: precede un ministro que lleva el cirio pascual, al que siguen los catecúmenos con sus padrinos, los ministros, el diácono y finalmente el sacerdote.

Durante la procesión se cantan las letanías. Acabadas las mismas, el sacerdote dice la monición.

Si la liturgia bautismal se realiza en el presbiterio, entonces el sacerdote dice la siguiente monición introductoria con éstas o con palabras semejantes:

Si hay bautizandos:

Queridos hermanos: Con nuestra oración unánime, unámonos a la feliz esperanza de estos hermanos nuestros, que se encaminan a la fuente bautismal donde renacerán a la Vida nueva, para que Dios, Padre todopoderoso, los acompañe siempre con su ayuda misericordiosa.

Si se bendice la fuente de agua, pero si no hay bautizandos, se dice:

Queridos hermanos: Invoquemos la gracia de Dios Padre todopoderoso sobre esta fuente bautismal, de manera que cuantos renazcan en ella sean incorporados a los hijos adoptivos en Cristo.

Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden permaneciendo de pie (por razón del tiempo pascual).

Si hubiera que hacer una procesión prolongada hasta el baptisterio, las letanías se cantan durante la procesión; en este caso se llama a los bautizandos antes de comenzarla y se ordena la procesión de esta manera: precede un ministro que lleva el cirio pascual; siguen los catecúmenos con los padrinos, y finalmente el sacerdote con el diácono y los ministros. La monición se hace antes de la bendición del agua.

Si no deben realizarse bautismos ni se bendice la fuente, se omiten las letanías y se procede directamente a la bendición del agua.

LETANÍAS

En las letanías se pueden agregar los nombres de otros santos, especialmente del titular de la iglesia, de los patronos del lugar y de los que van a ser bautizados.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Santa María, Madre de Dios. Ruega por nosotros.

San Miguel. Ruega por nosotros.

Santos ángeles de Dios. Rueguen por nosotros.

San Juan Bautista. Ruega por nosotros.

San José. Ruega por nosotros.

Santos Pedro y Pablo. Rueguen por nosotros.

San Andrés. Ruega por nosotros.

San Juan. Ruega por nosotros.

Santa María Magdalena. Ruega por nosotros.

San Esteban. Ruega por nosotros.

San Ignacio de Antioquía. Ruega por nosotros.

San Lorenzo. Ruega por nosotros.

Santas Perpetua y Felicidad. Rueguen por nosotros.

Santa Inés. Ruega por nosotros.

San Gregorio (Magno). Ruega por nosotros.

San Agustín. Ruega por nosotros.

San Atanasio. Ruega por nosotros.

San Basilio. Ruega por nosotros.

San Martín (de Tours). Ruega por nosotros.

San Benito. Ruega por nosotros.

Santos Francisco y Domingo. Rueguen por nosotros.

San Francisco (Javier). Ruega por nosotros.

San Juan María (Vianney). Ruega por nosotros.

Santa Catalina (de Siena). Ruega por nosotros.

Santa Teresa de Jesús. Ruega por nosotros.

San Pablo II. Ruega por nosotros.

San Juan XXIII. Ruega por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios. Rueguen por nosotros.

Por tu bondad. Líbranos, Señor.

De todo mal. Líbranos, Señor.

De todo pecado. Líbranos, Señor.

De la muerte eterna. Líbranos, Señor.

Por el misterio de tu encarnación. Líbranos, Señor.

Por tu muerte y resurrección. Líbranos, Señor.

Por el envío del Espíritu Santo. Líbranos, Señor.

Nosotros que somos pecadores, te pedimos. Escúchanos, Señor.

Si hay bautizandos:

Para que por la gracia del bautismo hagas renacer a estos elegidos tuyos. Escúchanos, Señor.

Si no hay bautizandos:

Para que con tu gracia santifiques esta fuente en la que han de renacer tus hijos. Escúchanos, Señor.

Jesús, Hijo del Dios vivo. Escúchanos, Señor.

Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.

Si hay bautizandos, el sacerdote dice la siguiente oración, con las manos extendidas:

Dios, todopoderoso y eterno, acompaña con tu poder los sacramentos de tu inmensa bondad y envía tu Espíritu de adopción, para dar vida a los nuevos pueblos nacidos en la fuente bautismal. Haz que tu gracia realice la obra confiada a nuestro humilde ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

BENDICIÓN DEL AGUA BAUTISMAL

La bendición del agua puede ser cantada. La aclamación a la bendición del agua también puede ser cantada. El sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo la siguiente oración con las manos extendidas:

Señor Dios, que por medio de los signos sacramentales realizas obras admirables con tu poder invisible, y de diversas maneras has preparado el agua para que significara la gracia del bautismo.

Señor Dios, cuyo Espíritu aleteaba sobre las aguas en los orígenes del mundo para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.

Señor Dios, que en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nuevo nacimiento de los hombres, para que el misterio de la misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Señor Dios, que hiciste pasar por el mar Rojo como por tierra firme a los descendientes de Abraham, para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen del pueblo de los bautizados.

Señor Dios, al ser bautizado en las aguas del Jordán, tu Hijo fue ungido por el Espíritu Santo y, suspendido en la cruz, hizo brotar de su costado sangre y agua, y después de su resurrección mandó a sus discípulos: «Vayan e instruyan a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»: mira a tu Iglesia y abre para ella la fuente del bautismo.

Que esta agua reciba por el Espíritu Santo la gracia de tu Hijo unigénito, para que el hombre, creado a tu ima-gen, por medio del sacramento del bautismo sea purificado de todos los pecados y merezca resurgir como nueva criatura del agua y el Espíritu Santo.

Y sumergiendo, según las circunstancias, el cirio pascual en el agua una o tres veces, prosigue:

Señor, te pedimos que por la gracia de tu Hijo descienda sobre el agua de esta fuente el poder del Espíritu Santo,

y manteniendo el cirio en el agua prosigue:

para que por el bautismo, sepultados con Cristo en su muerte, resucitemos con él a la Vida. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Retira el cirio del agua y el pueblo aclama:

Fuentes, bendigan al Señor. Alábenlo y glorifíquenlo eternamente.

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES

Concluido el rito del Bautismo (y de la Confirmación), a no ser que este rito ya haya tenido lugar junto con los bautizandos, todos renuevan las promesas bautismales después de la bendición del agua; para ello permanecen de pie y encienden nuevamente los cirios.

El sacerdote se dirige a los fieles con estas palabras u otras semejantes:

Queridísimos hermanos: Por el Misterio Pascual, en el bautismo fuimos sepultados con Cristo para que también nosotros llevemos con él una vida nueva. Por eso, culminado nuestro camino cuaresmal, renovemos las promesas del santo bautismo, por las que un día renunciamos al demonio y a sus obras y prometimos servir al Señor en la santa Iglesia Católica.

Por tanto:

Sacerdote: ¿Renuncian al Demonio?

A. Sí, renuncio.

S. ¿Renuncian a todas sus obras?

A. Sí, renuncio.

S. ¿Renuncian a todos sus engaños?

A. Sí, renuncio.

Luego el sacerdote prosigue:

S. ¿Creen en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

A. Sí, creo.

S. ¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de la Virgen María, padeció y fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

A. Sí, creo.

S. ¿Creen en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna?

A. Sí, creo.

El sacerdote concluye:

Y Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, y nos ha perdonado los pecados, nos conserve con su gracia en Jesucristo, nuestro Señor, para la Vida eterna.

R. Amén.

El sacerdote rocía al pueblo con el agua bendita mientras todos cantan.

LITURGIA EUCARÍSTICA

El sacerdote se acerca al altar y comienza la liturgia eucarística de la manera acostumbrada. Es conveniente que el pan y el vino sean llevados al altar por los neófitos. Si son niños, por sus padres y padrinos.

PREPARACIÓN A LAS OFRENDAS

Guía: Y llegamos al momento más importante de la liturgia eucarística. Junto con el pan y el vino ofrecemos nuestra acción de gracias al Padre porque en Cristo resucitado nos abre a una vida nueva.

PREPARACIÓN A LA COMUNIÓN

Guía: Nos acercamos a comulgar, con el Pan nuevo del Resucitado, anticipo de nuestra futura resurrección. Con la aprobación del Obispo diocesano, es recomendable que toda la asamblea reciba la Comunión bajo las dos especies, donde las circunstancias lo aconsejen.

DESPEDIDA

Guía: Luego de celebrar la Vigilia Pascual, nos retiramos dejando el Cirio encendido hasta el amanecer. De la misma manera, nos comprometemos a esperar el regreso del Señor, con la luz, de nuestra fe encendida. ¡FELICES PASCUAS!

Viernes Santo de la Pasión del Señor. Rojo.

liturgia cotidiana marzo_2016
VIERNES 25

Viernes Santo de la Pasión del Señor. Rojo.

Ayuno y abstinencia. Colecta para los Lugares Santos.

Feriado religioso.

Lo que Jesús nos pide hoy

Después de cenar, Jesús salió del Cenáculo, atravesó el arroyo Cedrón y fue al Huerto de los Olivos. El rey David hizo ese mismo trayecto huyendo de la rebelión de su hijo Absalón.

Después Jesús se entrega al traidor que llega con un grupo de soldados romanos. En el huerto del Paraíso Adán y Eva fueron vencidos, ahora Jesús vence a las fuerzas del mal. No lo apresan, él se entrega hablando como Dios “Yo soy”. Los soldados caen en postración. El traidor les había descrito un impostor, no un santo.

Jesús piensa en los suyos y los preserva de todo mal. Ninguno sufre daño alguno aunque él es condenado.

Comienzan las torturas. Los soldados no eran romanos de nacimiento, pero sí por enrolamiento. Pertenecían a naciones vecinas ocupadas que odiaban a los judíos y gozaban haciendo sufrir a un enemigo. La flagelación hacía volar las carnes que recubren el esqueleto. Muchos morían en ese trance. La corona de espinas fue para burlarse de la realeza proclamada por Jesús.

Pilato condena a Jesús por un cínico cálculo político. El gobernador, un escalador inescrupuloso del poder, casado con una hija extramatrimonial del emperador Tiberio, gobernaba una región rebelde. Los evangelios recuerdan a los zelotes, algunos Apóstoles pertenecían a ese grupo, quizás también Judas. Cuando comprenden que el camino de Jesús es la no violencia, el no poder, el perdón y la paz, se rebelan. No es el Mesías que se acomodaba a sus ideales de libertad.

El poder religioso que lo entrega, manejado por Anás y su yerno Caifás, es el que planea la condena. Pilato el instrumento elegido. Todos culpables porque todos eran conscientes que condenaban un inocente.

La pasión concluye con las figuras de María, Juan, José de Arimatea y algunas mujeres que jamás lo abandonaron. Es lo que desde su cruz hoy Jesús nos pide.

“No he perdido a ninguno de los que me confiaste” (Jn 18, 9).

P. Aderico Dolzani, ssp.

CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

Guía: Según una antigua tradición de la Iglesia, ni hoy ni mañana se celebra la Eucaristía. La celebración comienza en silencio, sin cantos. Al llegar al altar, el sacerdote orará de rodillas en silencio, que todos nosotros acompañaremos.

ORACIÓN

Acuérdate, Señor, de tu gran misericordia y santifica con tu eterna protección a esta familia tuya por la que Cristo, tu Hijo, instituyó, por medio de su Sangre, el misterio pascual. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén

Primera parte

1ª LECTURA Is 52, 13—53, 12

Guía: Este poema describe la pasión del siervo del Señor. Sobre él cayeron nuestros pecados. Este nos habla anticipadamente de Jesús.

Lectura del libro de Isaías.

Sí, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande. Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído. ¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor? Él creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradamos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca. Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo. Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca. El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes y él repartirá el botín junto con los poderosos. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables. Palabra de Dios.

SALMO Sal 30, 2. 6. 12-13. 15-17. 25

R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! Yo pongo mi vida en tus manos: Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

Soy la burla de todos mis enemigos y la irrisión de mis propios vecinos; para mis amigos soy motivo de espanto, los que me ven por la calle huyen de mí. Como un muerto, he caído en el olvido, me he convertido en una cosa inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: “Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos”. Líbrame del poder de mis enemigos, y de aquéllos que me persiguen. R.

Que brille tu rostro sobre tu servidor, sálvame por tu misericordia. Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor. R.

2ª LECTURA Heb 4, 14-16; 5, 7-9

Guía: Cristo, que nos señaló y abrió el camino a la salvación, pasó por todos los sufrimientos y debilidades humanas, menos el pecado.

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos: Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario Él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado. Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno. Él dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a Aquél que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió, por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, Él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN   AL   EVANGELIO Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

EVANGELIO Jn 18, 1—19, 42

En los lugares en que pareciera oportuno, durante la lectura de la Pasión se pueden incorporar aclamaciones.

Guía: Escucharemos el relato de la Pasión según san Juan. Es una continuación de la Última Cena y del discurso de despedida. Pongamos atención en la generosidad y la oblación del Hijo de Dios.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

C. Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar un huerto y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó:

* “¿A quién buscan?”.

C. Le respondieron:

S. “A Jesús, el Nazareno”.

C. Él les dijo:

* “Soy Yo”.

C. Judas, el que lo entregaba estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: “Soy Yo”, ellos retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente:

* “¿A quién buscan?”.

C. Le dijeron:

S. “A Jesús, el Nazareno”.

C. Jesús repitió:

* “Ya les dije que soy Yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan”.

C. Así debía cumplirse la palabra que Él había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me confiaste”. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. Jesús dijo a Simón Pedro:

* “Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?”.

C. El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”.

C. Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:

S. “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”.

C. Él le respondió:

S. “No lo soy”.

C. Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió:

* “He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho”.

C. Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole:

S. “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?”.

C. Jesús le respondió:

* “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”.

C. Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron:

S. “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”.

C. Él lo negó y dijo:

S. “No lo soy”.

C. Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquél al que Pedro había cortado la oreja, insistió:

S. “¿Acaso no te vi con Él en la huerta?”.

C. Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.

C. Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó:

S. “¿Qué acusación traen contra este hombre?”.

C. Ellos respondieron:

S. “Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado”.

C. Pilato les dijo:

S. “Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la ley que tienen”.

C. Los judíos le dijeron:

S. “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”.

C. Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:

S. “¿Eres Tú el rey de los judíos?”.

C. Jesús le respondió:

* “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”.

C. Pilato replicó:

S. “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”.

C. Jesús respondió:

* “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que Yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”.

C. Pilato le dijo:

S. “¿Entonces Tú eres rey?”.

C. Jesús respondió:

“Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.

C. Pilato le preguntó:

S. “¿Qué es la verdad?”.

C. Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo:

S. “Yo no encuentro en Él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?”.

C. Ellos comenzaron a gritar, diciendo:

S. “¡A Él no, a Barrabás!”.

C.  Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto púrpura, y acercándose, le decían:

S. “¡Salud, rey de los judíos!”.

C. Y lo abofeteaban. Pilato volvió a salir y les dijo:

S. “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en Él ningún motivo de condena”.

C. Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Pilato les dijo:

S. “¡Aquí tienen al hombre!”.

C. Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron:

S. “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”.

C. Pilato les dijo:

S. “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en Él ningún motivo para condenarlo”.

C. Los judíos respondieron:

S. “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque Él pretende ser Hijo de Dios”.

C. Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús:

S. “¿De dónde eres Tú?”.

C. Pero Jesús no le respondió nada. Pilato le dijo:

S. “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”.

C. Jesús le respondió:

* “Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si esta ocasión no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave”.

C. Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban:

S. “Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César”.

C. Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado “el Empedrado”, en hebreo, “Gábata”. Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos:

S. “Aquí tienen a su rey”.

C. Ellos vociferaban:

S. “¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Crucifícalo!”.

C. Pilato les dijo:

S. “¿Voy a crucificar a su rey?”.

C. Los sumos sacerdotes respondieron:

S. “No tenemos otro rey que el César”.

C. Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.

Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo “Gólgota”. Allí lo crucificaron; y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la colocó sobre la cruz.

Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos’”.

C. Pilato respondió:

S. “Lo escrito, escrito está”.

C. Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí:

S. “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca”.

C. Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica”. Esto fue lo que hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo:

* “Mujer, aquí tienes a tu hijo”.

C. Luego dijo al discípulo:

* “Aquí tienes a tu madre”.

C. Y desde aquella Hora, el discípulo la recibió como suya.

Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo:

* “Tengo sed”.

C. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús:

* “Todo se ha cumplido”.

C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración.

C. Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a Él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ninguno de sus huesos”. Y otro pasaje de la Escritura, dice: “Verán al que ellos mismos traspasaron”.

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús –pero secretamente, por temor a los judíos– pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. En el lugar donde lo crucificaron, había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. Palabra del Señor.

ORACIÓN UNIVERSAL

La Liturgia de la Palabra concluye con la oración universal que se hace de este modo: el diácono o, en su ausencia, un laico, desde el ambón, dice la invitación que expresa la intención; después todos oran en silencio durante unos momentos y, seguidamente, el sacerdote, desde la sede o desde el altar, con las manos extendidas, reza la oración. Los fieles pueden permanecer de rodillas o de pie durante toda la oración.

Guía: Ante Jesús que da la vida por todos, nuestra oración se hace más intensa, para que llegue a todos la vida que nace de la cruz.

Segunda Parte

ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Para adorar la Cruz, se acerca primero el sacerdote, habiéndose quitado la casulla y el calzado, si es oportuno. Después se acercan procesionalmente el clero, los ministros laicos y los fieles, y veneran la Cruz con una genuflexión simple o con algún otro signo adecuado según la costumbre del lugar, por ejemplo, besando la cruz.

Mientras se realiza la adoración de la Cruz, se canta la antífona Señor, adoramos tu Cruz, los Improperios, el himno Esta es la Cruz de nuestra fe, u otro canto adecuado. Los fieles, luego de venerar la Cruz, regresan a sus lugares y se sientan.

Guía: La cruz es el instrumento elegido para nuestra salvación. La recibimos en medio de nuestra asamblea. Luego, se nos invitará a venerarla.

TERCERA Parte

SAGRADA COMUNIÓN

Sobre el altar se extiende el mantel y se colocan el corporal y el Misal. Luego el diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote, con el velo humeral trae el Santísimo Sacramento desde el lugar de la reserva, mientras todos permanecen de pie y en silencio. El sacerdote invita al pueblo a rezar el Padre nuestro, y luego sigue el rito normal hasta la distribución de la Comunión a los fieles.

Guía: La Eucaristía que ayer celebrábamos, nos alimenta también hoy, mientras esperamos compartir, en la noche de mañana, la Eucaristía de la Pascua.

 
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