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Editorial SAN PABLO
 
Noticias

Archivo del 29/03/2017

SAN PABLO, setenta años en Chile

70añosLa inquietud por fundar la Sociedad de SAN PABLO en Chile, la recibió el P. Alberione en Roma, del P. Álvaro Pedro Alvarado sj, Viceprovincial de la Compañía de Jesús en Chile, quien había conocido a los paulinos y había apreciado su actividad en el campo de la prensa.

La idea era que los paulinos se hicieran cargo de la Editorial y Librería Splendor, con sede en Santiago y una sucursal en Valparaíso; de propiedad de la Sociedad de Cultura Católica, fundada en 1923 por el padre Francisco Correa, sj.; con un grupo de señoras de la Congregación mariana del Colegio San Ignacio.

A esta iniciativa se sumó la invitación que le hiciera el cardenal José María Caro, mediante una carta que entregara, personalmente, el padre Raúl Pérez Olmedo. El padre Alberione destinó para la fundación de Chile al padre Giuseppe Costa (1915-1949) y al discípulo Matteo Giovanni Toffani (1912-2003).

Los fundadores de la Casa Paulina en Chile partieron del puerto de Génova, Italia, el 3 de diciembre de 1946, llegando a Buenos Aires el 27 de diciembre de 1946. Luego de tres meses de hospitalidad en la Casa Paulina de Florida, partieron, en tren, desde Buenos Aires a Santiago. A la capital de Chile llegaron el viernes 28 de marzo.

En la estación Mapocho los recibió el P. Raúl Pérez Olmedo, rector de la Casa de Ejercicios San José, de propiedad del Arzobispado de Santiago, que era atendida por las Hermanas de la Providencia. Allí se hospedaron durante más de un año. El día después de la llegada fue designado como el día de la fundación de la Sociedad de SAN PABLO en Chile: 29 de marzo de 1947.

(Fuente: La Sociedad de SAN PABLO en Chile. Apuntes y documentos para una historia).

MIÉRCOLES 29: Miércoles IV de Cuaresma. Morado.

Liturgia Cotidiana marzo 2017 LV
MIÉRCOLES 29

Miércoles IV de Cuaresma. Morado.

Prefacio de Cuaresma.

LECTURA Is 49, 8-15

Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor: “En el tiempo favorable, yo te respondí, en el día de la salvación, te socorrí. Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las herencias devastadas, para decir a los cautivos: ‘¡Salgan!’, y a los que están en las tinieblas: ‘¡Manifiéstense!’. Ellos se apacentarán a lo largo de los caminos, tendrán sus pastizales hasta en las cumbres desiertas. No tendrán hambre, ni sufrirán sed, el viento ardiente y el sol no los dañarán, porque el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta las vertientes de agua. De todas mis montañas yo haré un camino y mis senderos serán nivelados. Sí, ahí vienen de lejos, unos del norte y del oeste, y otros, del país de Siním. ¡Gri­ten de alegría, cielos, regocíjate, tierra! ¡Montañas, prorrumpan en gritos de alegría, porque el Señor consuela a su Pueblo y se compadece de sus pobres! Sión decía: ‘El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí’. ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, Yo no te olvidaré!”. Palabra de Dios.

Comentario: Dios renueva su compromiso con nosotros, se compadece de nuestro sufrimiento, como una madre con su hijo. Con amor maternal, quiere transformar nuestra desolación en exclamaciones de alegría.

SALMO Sal 144, 8-9. 13-14. 17-18

R. El Señor es bondadoso y compasivo.

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericor­dia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.

El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y en­dereza a los que están encorvados. R.

El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquéllos que lo invocan de verdad. R.

VERSÍCULO Jn 11, 25. 26

Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí no morirá jamás.

EVANGELIO Jn 5, 17-30

Evangelio de nuestro Señor Jesucris­to según san Juan.

Jesús dijo a los judíos: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo”. Pero para los judíos ésta era una ra­zón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Pa­dre. Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: “Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mos­trará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados. Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere. Porque el Padre no juzga a nadie: Él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en Aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. Así como el Padre tiene la vida en sí mismo, del mismo modo ha concedido a su Hijo tener la vida en sí mismo, y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio. Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de Aquel que me envió”. Palabra del Señor.

Comentario: Dios continúa asistiendo, consolando, dando vida y transformando. Dentro de esas transformaciones hace que los muertos vuelvan a la vida. Esa es la obra del Padre: darnos Vida eterna.

Palabras de vida

Te invitamos a escuchas las “Palabras de vida” de esta semana, en la voz de Ricardo Díaz Venegas.

MARTES 28: Martes IV de Cuaresma. Morado.

Liturgia Cotidiana marzo 2017 LV

MARTES 28

Martes IV de Cuaresma. Morado.

Prefacio de Cuaresma.

LECTURA Ez 40, 1-3; 47, 1-9. 12

Lectura de la profecía de Ezequiel.

La mano del Señor descendió sobre mí y me llevó a la tierra de Israel. Allí vi a un hombre que por su aspecto pare­cía de bronce. El hombre me llevó a la entrada de la Casa del Señor y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho. Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura. Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable. El hombre me dijo: “¿Has visto, hijo de hombre?”, y me hizo volver a la orilla del torrente. Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda. Entonces me dijo: “Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente. Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos fru­tos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio”. Palabra de Dios.

Comentario: Con esta visión, Ezequiel afirma que el pueblo revivirá y su misión será esencialmente religiosa, pues la vida se organizará en torno al Templo. Pero no olvidemos que ningún pueblo puede levan­tarse sin proponerse una misión exigente.

SALMO Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9

R. ¡El Señor está con nosotros!

El Señor es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peli­gros. Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. R.

Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios, la más santa Morada del Altísimo. El Señor está en medio de ella: nunca vacilará. Él la socorrerá al despuntar la aurora. R.

El Señor de los ejércitos está con no­sotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Vengan a contemplar las obras del Señor, él hace cosas admirables en la tierra. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Sal 50, 12. 14

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y devuélveme la alegría de tu salvación.

EVANGELIO Jn 5, 1-3. 5-18

Evangelio de nuestro Señor Jesucris­to según san Juan.

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo “Betsata”, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multi­tud de enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos. Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: “¿Quieres sanarte?”. Él respondió: “Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes”. Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y camina”. En seguida el hombre se sanó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser sanado: “Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla”. Él les respondió: “El que me sanó me dijo: ‘Toma tu camilla y ca­mina’”. Ellos le preguntaron: “¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina’?”. Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había des­aparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: “Has sido sanado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía”. El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había sanado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado. Él les respondió: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo”. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre. Palabra del Señor.

Comentario: El hombre no podía entrar por sí mismo a esas aguas sanadoras. Jesús no necesita ni siquiera hacer que el hombre entre al agua; su sola palabra lo cura. Jesús es esa agua que sana, reanima y hace prosperar la vida.

LUNES 27: Lunes IV de Cuaresma. Morado.

Liturgia Cotidiana marzo 2017 LV
LUNES 27

Lunes IV de Cuaresma. Morado.

Prefacio de Cuaresma.

LECTURA Is 65, 17-21

Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor: Yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se re­gocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos. Palabra de Dios.

Comentario: Nadie podría imaginar el cielo nuevo que Dios nos reserva. La felicidad del más allá es parte de nuestra fe. Dios hace esta descripción para que su pueblo no descuide sus obligaciones terrenas bajo pretexto de esperar un más allá.

SALMO Sal 29, 2. 4-6. 11-12. 13

R. ¡Te glorifico, Señor, porque me libraste!

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú, Señor, me levan­taste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágri­mas, por la mañana renace la alegría. R.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo, ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Am 5, 14

Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida, y así el Señor estará con ustedes.

EVANGELIO Jn 4, 43-54

Evangelio de nuestro Señor Jesucris­to según san Juan.

Jesús partió hacia Galilea. Él mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pue­blo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a sanar a su hijo moribundo. Jesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”. El funcionario le respondió: “Señor, baja antes que mi hijo se muera”. “Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al en­cuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre”, le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea. Palabra del Señor.

Comentario: No hay necesidad de ningún milagro para acercarse a Cristo y creer en su misión. La palabra que él nos transmite de parte de Dios debe bastar para conven­cernos. Esa es la fe de este padre que pide la sanación de su hijo.

DOMINGO 26: Domingo IV de Cuaresma. Morado o rosado.

Liturgia Cotidiana marzo 2017 LV
DOMINGO 26

Domingo IV de Cuaresma. Morado o rosado.

No se dice Gloria. Credo. Prefacio propio. Semana 4ª del Salterio.

Una caricia de luz

Es sábado. Jesús ve a un ciego que mendiga. Se conmueve, hace barro con su saliva, se lo pone sobre los ojos y lo envía a lavarse a la piscina de Siloé, que significa “enviado”. Inmediatamente, se le abrieron los ojos y una caricia de luz iluminó su vida.

El milagro es una caricia de luz que le abre paso a la libertad; ya no necesita apoyarse en las paredes, pedir la guía de otra persona, no depende de su bastón, pierde muchos temores, se siente más fuerte e independiente, puede levantar la cabeza y pensar en su futuro. Es libre.

La luz le devuelve la alegría porque puede gozar contemplando el rostro de las personas queridas que se alegran por su curación, la belleza, los colores y las flores. La luz le infunde alegría a las cosas que vemos, así como la fe nos da una nueva visión de las cosas si en nosotros tenemos la luz del Señor.

Los fariseos, que conocen de memoria la ley, se adueñan de la interpretación, no se alegran con el ciego, ya que piensan que es más importante observar el sábado que sanar a un hombre, más importante la ley que la felicidad de una persona. Adoran a un Dios de reglas y por eso no saben leer el corazón de las personas y el amor de Dios.

Colocan a Dios contra el hombre, no hay piedad para el pecador ni posibilidad de rescate para quien se siente agobiado por una falta o una enfermedad. Jesús predica y demuestra que el Reino de Dios que anuncia no sigue esa ley. Es más, dice que trabaja, y que Dios trabaja siempre, también los sábados.

La boca de los fariseos pronuncia muchas veces la palabra pecado, también la de los discípulos… Buscan culpables para explicar la ceguera, pero no la sanación del ciego. Jesús perdona el pecado y sana.

El ciego que ahora ve, nos representa a todos. Dios nos llama a ser luz en este mundo.

“Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. (Jn 9, 5).

P. Aderico Dolzani, ssp.

1ª LECTURA 1Sam 16, 1. 5-7. 10-13

Lectura del primer libro de Samuel.

El Señor dijo a Samuel: “¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey”. Samuel fue, purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: “Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido”. Pero el Señor dijo a Samuel: “No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón”. Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: “El Señor no ha elegido a ninguno de es­tos”. Entonces Samuel preguntó a Jesé: “¿Están aquí todos los muchachos?”. Él respondió: “Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño”. Samuel dijo a Jesé: “Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí”. Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermo­sos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque es este”. Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David. Palabra de Dios.

Comentario: David, el menor de los hijos de Jesé estaba pastoreando el rebaño cuando es llamado. En la Biblia, el pastor es la imagen del rey perfecto, que atiende, cuida y sirve a las personas.

SALMO Sal 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tran­quilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscu­ras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.

2ª LECTURA Ef 5, 8-14

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.

Hermanos: Antes, ustedes eran tinie­blas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz. Por eso se dice: “Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará”. Palabra de Dios.

COMENTARIO: Pablo utiliza una metáfora para calificar las opuestas conductas pa­gana y cristiana: “luz y tinieblas”. La vida moral de los paganos era pura tiniebla; por el contrario, en el cristianismo todo debe ser luz.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 8, 12

“Yo soy la luz del mundo, el que me sigue tendrá la luz de la Vida”, dice el Señor.

EVANGELIO Jn 9, 1-41

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús vio a un hombre ciego de naci­miento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”. “Ni él ni sus padres han pecado –res­pondió Jesús–; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de Aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”, que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: “¿No es este el que se sentaba a pedir limos­na?”. Unos opinaban: “Es el mismo”. “No –respondían otros–, es uno que se le parece”. Él decía: “Soy realmente yo”. Ellos le dijeron: “¿Cómo se te han abierto los ojos?”. Él respondió: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: ‘Ve a lavarte a Siloé’. Yo fui, me lavé y vi”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está?”. Él respondió: “No lo sé”. El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo”. Algunos fariseos decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?”. Y se produjo una división entre ellos. Enton­ces dijeron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?”. El hombre respondió: “Es un profeta”. Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: “¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?”. Sus padres respondieron: “Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta”. Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: “Tiene bastante edad, pregúntenle a él”. Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: “Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. “Yo no sé si es un pecador –respondió–; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo”. Ellos le preguntaron: “¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?”. Él les respondió: “Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”. Ellos lo inju­riaron y le dijeron: “¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es este”. El hombre les respondió: “Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escu­cha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada”. Ellos le respondieron: “Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?”. Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?”. Él respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está hablando”. Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante él. Después Jesús agregó: “He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven”. Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?”. Jesús les respondió: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: ‘Vemos’, su pecado permanece”. Palabra del Señor.

Comentario: El ciego constata algo bien concreto: que antes no veía y que, luego del encuentro con Jesús, ahora ve; por eso, sencillamente, concluye: Si este no viniera de Dios, no podría haberme sanado. Y se arrodilla ante él.

SÁBADO 25: La Anunciación del Señor (S). Banco.

Liturgia Cotidiana marzo 2017 LV
SÁBADO 25

La Anunciación del Señor (S). Banco.

Gloria. Credo. Prefacio propio.

1ª LECTURA Is 7, 10-14; 8, 10

Lectura del libro de Isaías.

El Señor habló a Ajaz en estos términos: “Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del abismo, o arriba, en las alturas”. Pero Ajaz respondió: “No lo pediré ni ten­taré al Señor”. Isaías dijo: “Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la virgen está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel, que significa ‘Dios con nosotros’”. Palabra de Dios.

Comentario: Ese niño anunciado sufrirá las consecuencias del pecado de su pueblo, pero realizará, y mucho mejor aún, todo lo que se había esperado de los reyes y que ningún personaje humano podría darnos.

SALMO Sal 39, 7-11

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quisiste víctima ni oblación, pero me diste un oído atento; no pediste ho­locaustos ni sacrificios, entonces dije: “Aquí estoy”. R.

“En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón”. R.

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerra­dos mis labios, tú lo sabes, Señor. R.

No escondí tu justicia dentro de mí, proclamé tu fidelidad y tu salvación, y no oculté a la gran asamblea tu amor y tu fidelidad. R.

2ª LECTURA Heb 10, 4-10

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos: Es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados. Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: “Tú no has querido sacrificios ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expia­torios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo –como está escrito de mí en el libro de la Ley– para hacer, Dios, tu voluntad”. Él comienza diciendo: “Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios”, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego aña­de: “Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad”. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre. Palabra de Dios.

Comentario: El texto deja en evidencia que los sacrificios de los animales como ofrendas no sirvieron de mucho para expiar pecados. Cristo rompe con la costumbre y se ofrece él mismo como víctima.

ALELUIA Jn 1, 14

Aleluia. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria. Aleluia.

EVANGELIO Lc 1, 26-38

Evangelio de nuestro Señor Jesucris­to según san Lucas.

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!”. Al oír estas palabras, ella quedó des­concertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser esto, si yo no tengo relación con ningún hombre?”. El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será santo y se lo llamará Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor; que se haga en mí según tu Palabra”. Y el Ángel se alejó. Palabra del Señor.

Comentario: Cuando María dice: “Yo soy la servidora del Señor”, no es que se rebaje, sino que expresa su disponibilidad y, ha­ciendo muy pocas preguntas, con humildad, acepta la voluntad de Dios.

Se dice el Credo. A las palabras: Por obra y gracia del Espíritu Santo…, todos se arrodillan, con una sola rodilla si se reza, con las dos si se canta.

PREFACIO

El Misterio de La Encarnación

S. El Señor esté con ustedes.

A. Y con tu espíritu.

S. Levantemos el corazón.

A. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

S. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

A. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque la Virgen María recibió con fe el anuncio del ángel de que el Verbo iba a hacerse hombre por obra del Espíritu Santo, para salvar a los hombres. Ella lo llevó con amor de madre en sus purísimas entrañas. Así se cumplieron las promesas hechas al pueblo de Israel, y se vio ampliamente colmada la esperanza de la humanidad. Por él, los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo…

La Reflexión del Domingo: IV Domingo de Cuaresma

Es sábado. Jesús ve a un ciego que mendiga. Se conmueve, hace barro con su saliva, se lo pone sobre los ojos y lo envía a lavarse a la piscina de Siloé, que significa “enviado”. Inmediatamente, se le abrieron los ojos y una caricia de luz iluminó su vida. El ciego constata algo bien concreto: que antes no veía y que, luego del encuentro con Jesús, ahora ve; por eso, sencillamente, concluye: Si este no viniera de Dios, no podría haberme sanado. Y se arrodilla ante él.

Escuchemos “La Reflexión del Domingo”, bajo la conducción del padre Aderico Dolzani, de la Sociedad de SAN PABLO:

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VIERNES 24: Viernes III de Cuaresma. Morado.

Liturgia Cotidiana marzo 2017 LV
VIERNES 24

Viernes III de Cuaresma. Morado.

Prefacio de Cuaresma. Día penitencial, abstinencia.

LECTURA Os 14, 2-10

Lectura de la profecía de Oseas.

Así habla el Señor: Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer. Preparen lo que van a decir y vuelvan al Señor. Díganle: “Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más ‘¡Dios nuestro!’ a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión”. Yo los sanaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano. Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto. ¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos. Palabra de Dios.

Comentario: El profeta exhorta al pueblo a renovarse por el amor de Dios y comprometerse a no volver a caer en la idolatría o a poner su confianza en los poderosos. Ni los ídolos ni los poderosos nos traerán vida, sólo Dios.

SALMO Sal 80, 6-11. 14. 17

R. ¡Ojalá escuchemos la voz del Señor!

Oigo una voz desconocida que dice: “Yo quité el peso de tus espaldas y tus manos quedaron libres de la carga. Clamaste en la aflicción, y te salvé. R.

Te respondí oculto entre los truenos, aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá. Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti, ¡ojalá me escucha­ras, Israel! R.

No tendrás ningún dios extraño, no adorarás a ningún dios extranjero: Yo, el Señor, soy tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto. R.

¡Ojalá mi pueblo me escuchara, e Israel siguiera mis caminos! Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo y lo saciaría con miel silvestre”. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 17

Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.

EVANGELIO Mc 12, 28-34

Evangelio de nuestro Señor Jesu­cristo según san Marcos.

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús respondió: “El primero es: ‘Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay otro man­damiento más grande que éstos”. El escriba le dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor.

Comentario: Este escriba de los tiempos de Jesús, expresa su compromiso en aquello que vale más que todos los sacrificios y holocaustos: el amor a Dios y al prójimo.

Un nuevo pack te espera en SAN PABLO

IMG_3580Ya les habíamos contado que las Liturgias Cotidianas de mayo y junio estaban disponibles, en sucursales y librería virtual. Y ahora anunciamos que hay un nuevo pack de productos que acompañan la edición de mayo y enriquecen su contenido.

De este modo, al momento de llevar la Liturgia Cotidiana del quinto mes del año podrás sumar tres productos relacionados con santa Rita de Casia: un minialtar, la tarjeta con la invocación a la santa, y un librito con su vida. Además, el pack también incluye la “Novena del niño desde el vientre de su madre”, de Víctor Manual Fernández, con oraciones y meditaciones para hacer llegar la bendición de Dios a la vida que se está gestando durante el embarazo.

Aprovecha y lleva este novedoso producto que te espera en las sucursales .

 
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