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Editorial SAN PABLO
 
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Archivo del 31/03/2018

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús ha vencido a la muerte

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús ha vencido a la muerteLa resurrección de Jesús afecta en lo más profundo la vida del cristiano. Si no hubiese resucitado, todos tendríamos un final sin esperanza. Para María Magdalena y los discípulos, constatar la muerte de Jesús y la tumba vacía fue algo sorprendente, pero no entendieron las predicciones hechas por Jesús con respecto a su resurrección. Tanto la tumba vacía como las vendas en el suelo no son un elemento de prueba, pero sí un signo de que Jesús ha dejado la tumba y ha vencido la muerte. Sin embargo, su muerte no revestía algo absoluto y definitivo, puesto que él la vence, se levanta y entra en la Vida eterna.

No siendo testigos oculares de la resurrección, los cristianos creemos, apoyados en la autoridad de Dios, que la reveló y anunció al mundo en su Iglesia: con fe conmemoramos el pasado, con esperanza vemos el futuro y con amor vivimos nuestro bautismo en el presente. Sin la resurrección del Señor, nuestra fe en el pasado se derrumba, nuestra gozosa esperanza en el futuro se diluye y nuestras celebraciones en el hoy no tienen sentido.

La esperanza a la que Dios nos invita se sustenta en la verdad, que está muy bien expresada en la aclamación eucarística al Señor resucitado, Muriendo destruiste nuestra muerte, resucitando nos devolviste la vida. Es cierto que nadie puede escapar a la muerte, ya que es el acto supremo e inevitable de la vida terrena; por lo tanto, lo único que convierte a esta en tragedia es el pecado. Jesús, al vencerla, nos abrió el paso a la trascendencia y no al olvido, como también el camino de transición a una forma de vida sin fin cuya existencia no podemos ni imaginar. En tiempos donde pareciera ser que vivimos en tinieblas y oscuridad, la resurrección de Jesús anima e ilumina nuestra vida de fe como la salida del sol que anula y hace claros todos los malos presagios. 

“Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos…” Jn 20, 9. 

P. Fredy Peña T., ssp

DOMINGO 1: Misa del día. Blanco.

Liturgia abril 2018
DOMINGO 1: Misa del día. Blanco.

Gloria. Secuencia. Credo. Prefacio de Pascua I. 

1ª LECTURA Hech 10, 34. 37-43

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Pedro, tomando la palabra, dijo: “Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección. Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre”. Palabra de Dios. 

Comentario: El discurso de Pedro relata la vida de Jesús: fue crucificado, murió y resucitó al tercer día, apareciéndose a los que debían ser sus testigos. Pero esta vez el auditorio es distinto, son paganos, a los que también el mensaje de Jesús tiene “algo” para comunicarles: “el perdón de Dios para todo el que crea”. 


SALMO Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23 


R. Éste es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. 

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡Es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.


2ª LECTURA Col 3, 1-4


Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.

Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la vida de ustedes, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria. Palabra de Dios.

Comentario: San Pablo invita a los cristianos que han resucitado en Cristo a vivir una vida digna y como hijos de Dios. En tanto creyentes, aspiramos a una ética cristiana que nos permita discernir entre las cosas que nos llevan a Dios y las que nos alejan de él. Por eso, todo cristiano honra a Dios y rechaza lo que no va de acuerdo con las enseñanzas de Jesús. 


SECUENCIA 


(Debe decirse hoy; en los días de la octava, es optativa).

Cristianos, ofrezcamos al Cordero pascual nuestro sacrificio de alabanza. El Cordero ha redimido a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre. La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable: el Rey de la vida estuvo muerto, y ahora vive. Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino? He visto el sepulcro del Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado. He visto a los ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras. Ha resucitado Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en Galilea. Sabemos que Cristo resucitó realmente; tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros.


ALELUIA 1Cor 5, 7-8 


Aleluia. Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua. Aleluia.


EVANGELIO Jn 20, 1-9


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: El también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor. 

Comentario: Hoy necesitamos los ojos de María Magdalena para darnos cuenta de que se llevaron al Señor de nuestro corazón. La vida de tantos hombres y mujeres parece un sepulcro vacío, sin vida ni esperanza. El mundo precisa reencontrarse con el Señor para constatar la victoria de la vida sobre la muerte y la victoria del bien sobre el mal. 

SÁBADO 31: Sábado Santo

Liturgia marzo 2018 LV
SÁBADO 31

Sábado Santo

Vigilia Pascual en la Noche Santa. Blanco.

Gloria. Prefacio pascual I.

La Misa de la Vigilia pascual, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la Misa de Pascua del Domingo de Resurrección. 

Según antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor (Éx 12, 42). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-37), deben asemejarse a quienes, con las lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno de su Señor, para que cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa. 

La Vigilia de esta noche, que es la mayor y la más noble entre todas las solemnidades, debe ser celebrada una sola vez en cada iglesia. Se desarrolla de la siguiente manera: después del lucernario, o liturgia de la luz, y del pregón pascual (que es la primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia, confiando en las palabras del Señor, medita y contempla las maravillas que Dios, desde siempre, realizó por su pueblo (segunda parte de la Vigilia o liturgia de la Palabra) hasta que, al acercarse el día de la resurrección y acompañada ya de sus nuevos hijos renacidos en el bautismo (tercera parte de la Vigilia o liturgia bautismal), es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo como memorial de su muerte y resurrección hasta que él vuelva (cuarta parte de la Vigilia o liturgia eucarística). 

Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche de manera que no ha de empezar antes que oscurezca, y debe concluir antes del amanecer del día domingo. 

Los fieles que participan en esta Misa de la Vigilia pueden comulgar nuevamente en otra Misa del día de Pascua. El que celebra o concelebra la Misa de la noche pascual puede celebrar o concelebrar de nuevo en el día de Pascua. La Vigilia pascual reemplaza al Oficio de lecturas. 

PRIMERA PARTE 


BENDICIÓN DEL FUEGO Y PREPARACIÓN DEL CIRIO 


Se apagan las luces del tempo. En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende un fuego. Una vez que se ha congregado el pueblo en el lugar, se acerca el sacerdote con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual. Si hubiere dificultades para encender el fuego en el exterior, adáptese el rito de la bendición del fuego según las posibilidades.

El sacerdote dice: 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo,

mientras él y los fieles hacen la señal de la Cruz; el sacerdote dice el saludo acostumbrado y recuerda brevemente el sentido de la vigilia nocturna, con estas palabras u otras semejantes: 

Queridos hermanos:

En esta noche santa, en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la Vida, la Iglesia invita a sus hijos diseminados por toda la tierra a que se reúnan y permanezcan en vela para orar. Si hacemos memoria de la Pascua del Señor, escuchando su Palabra y celebrando sus misterios, esperemos con fe compartir su triunfo sobre la muerte y vivir siempre con él en Dios.

A continuación el sacerdote bendice el fuego y dice, con las manos extendidas: 


OREMOS


Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has dado a tus fieles el fuego de tu luz, santifica  este fuego nuevo y concédenos que, por esta celebración pascual, seamos de tal manera inflamados con los deseos celestiales, que podamos llegar con un corazón puro a la fiesta de la luz eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Concluida la bendición del fuego nuevo, un ministro acerca el cirio pascual al sacerdote que, con un estilete, marca una cruz sobre el mismo. En el extremo superior de la cruz marca la letra griega Alfa, y en el inferior, la letra Omega; en los ángulos que forman los brazos de la cruz, los números del año en curso. Mientras tanto se dice:

1. Cristo ayer y hoy, (Marca la línea vertical de la cruz) 

2. Principio y Fin, (Marca la línea horizontal de la cruz) 

3. Alfa (Marca la letra Alfa en la parte superior de la cruz)

4. y Omega. (Marca la letra Omega en la parte inferior de la cruz)

5. A Él pertenecen el tiempo (Marca en el ángulo superior izquierdo la primera cifra del año actual) 

6. y la eternidad, (Marca en el ángulo superior derecho la segunda cifra del año actual) 

7. A Él la gloria y el poder, (Marca en el ángulo inferior izquierdo la tercera cifra) 

8. por los siglos de los siglos. Amén. (Marca en el ángulo inferior derecho la última cifra del año actual). 

Acabada la inscripción de la cruz y de los otros signos, el sacerdote puede fijar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice: 

1. Por sus llagas

2. santas y gloriosas

3. nos proteja

4. y nos conserve

5. Cristo el Señor. Amén.

Después del saludo y la monición, se bendice el fuego y se hace la preparación del cirio. El sacerdote enciende el cirio pascual con la llama del fuego nuevo, mientras dice:

Que la luz de Cristo gloriosamente resucitado disipe las tinieblas de la inteligencia y del corazón.


PROCESIÓN


Después de encender el cirio, un ministro toma carbones encendidos del fuego nuevo y los coloca en el incensario. El sacerdote impone incienso. A continuación, el diácono u otro ministro idóneo recibe el cirio pascual y se ordena la procesión. El turiferario, con el turíbulo humeante, precede al diácono o al otro ministro que lleva el cirio pascual; siguen el sacerdote con los ministros y el pueblo, llevando en sus manos cirios apagados. 

Ante la puerta de la iglesia, el diácono de pie, eleva el cirio y canta:

La luz de Cristo. 

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

El sacerdote enciende, con el fuego del cirio pascual, la vela que tiene en sus manos. Luego, en el medio del templo el diácono se detiene y, elevando nuevamente el cirio, canta por segunda vez:

La luz de Cristo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios. 

Inmediatamente, todos encienden sus cirios con la llama que se transmite desde el cirio pascual; mientras tanto la procesión avanza hacia el presbiterio.

Cuando llega delante del altar, el diácono se detiene y mirando hacia el pueblo, eleva el cirio y canta por tercera vez:

La luz de Cristo. 

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

El diácono coloca el cirio pascual en su candelabro situado junto al ambón o en medio del presbiterio. Y se encienden luces en el templo, excepto las velas del altar.


ANUNCIO PASCUAL


En forma breve

Alégrese en el cielo el coro de los ángeles, exulten los ministros de Dios, y por la victoria de un Rey tan grande, resuene la trompeta de la salvación.

Alégrese también la tierra inundada de tanta luz, y brillando con el resplandor del Rey eterno, se vea libre de las tinieblas que cubrían al mundo entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia, adornada con los fulgores de una luz tan brillante; y resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

S. El Señor esté con ustedes.

A. Y con tu espíritu.

S. Levantemos el corazón.

A. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

S. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

A. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto de la mente y del corazón al Dios invisible, Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

El pagó por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán, y borró con su sangre la sentencia del primer pecado.

Estas son las fiestas pascuales, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto a nuestros padres, los hijos de Israel, y los hiciste pasar a pie por el mar Rojo.

Esta es la noche que disipó las tinieblas de los pecados con el resplandor de una columna de fuego.

Esta es la noche en que por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo, arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y agregados a los santos.

Esta es la noche en la que Cristo rompió las ataduras de la muerte y surgió victorioso de los abismos.

¡Qué admirable es tu bondad con nosotros!

¡Qué inestimable la predilección de tu amor: para rescatar al esclavo, entregaste a tu propio Hijo!

¡Pecado de Adán ciertamente necesario, que fue borrado con la sangre de Cristo!

¡Oh feliz culpa, que nos mereció tan noble y tan grande Redentor!

Por eso, la santidad de esta noche aleja toda maldad, lava las culpas, devuelve la inocencia a los pecadores y la alegría a los afligidos.

¡Noche verdaderamente dichosa, en la que el cielo se une con la tierra y lo divino con lo humano!

En esta noche de gracia, recibe, Padre santo, el sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te presenta por medio de sus ministros, en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.

Por eso, te rogamos, Señor, que este cirio consagrado en honor de tu Nombre, continúe ardiendo para disipar la oscuridad de esta noche y, aceptado por ti como perfume agradable, se asocie a los astros del cielo.

Que lo encuentre encendido el lucero de la mañana, aquel lucero que no tiene ocaso: Jesucristo, tu Hijo, que resucitado de entre los muertos brilla sereno para el género humano, y vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

SEGUNDA PARTE


LITURGIA DE LA PALABRA 


En esta Vigilia, «Madre de todas las vigilias», se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento (Epístola y Evangelio). Si graves circunstancias pastorales lo exigen, puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento. Con todo, deben leerse por lo menos tres lecturas del Antiguo Testamento, que provengan de la Ley y los Profetas y se canten los respectivos salmos responsoriales. Nunca debe omitirse la lectura tomada del capítulo 14 del Éxodo con su respectivo cántico. 

Se apagan los cirios y todos se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote se dirige al pueblo con estas palabras u otras semejantes:

Hermanos:

Después de haber iniciado con solemnidad esta Vigilia, escuchemos serenamente la Palabra de Dios; meditemos cómo, al cumplirse el tiempo, Dios salvó a su pueblo y finalmente envió a su Hijo para redimirnos. Oremos para que Dios lleve a su plenitud la redención obrada por el misterio pascual.

Luego siguen las lecturas.


1ª LECTURA Gn 1, 1-2, 2


Lectura del libro del Génesis.

Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. Entonces Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el primer día. Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y éste separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el segundo día. Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla, y árboles frutales que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”. Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el tercer día. Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros –el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el cuarto día. Dios dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”. Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día. Dios dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno. Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el sexto día. Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. Palabra de Dios.


SALMO Sal 103, 1-2. 5-6. 10. 12-14. 24. 35 


R. Señor, envía tu Espíritu y renueva toda la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Estás vestido de esplendor y majestad y te envuelves con un manto de luz. R.

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos: ¡no se moverá jamás! El océano la cubría como un manto, las aguas tapaban las montañas. R.

Haces brotar fuentes en los valles, y corren sus aguas por las quebradas. Las aves del cielo habitan junto a ellas y hacen oír su canto entre las ramas. R.

Desde lo alto riegas las montañas, y la tierra se sacia con el fruto de tus obras. Haces brotar la hierba para el ganado y las plantas que el hombre cultiva. R.

¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡Todo lo hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas! ¡Bendice al Señor, alma mía! R.


OREMOS


Dios todopoderoso y eterno, tú eres admirable en todas tus obras; te pedimos que quienes hemos sido redimidos por ti, comprendamos que la creación del mundo, en el comienzo de los siglos, no es obra de mayor grandeza que el sacrificio pascual de Cristo, realizado en la plenitud de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


2ª LECTURA Gn 22, 1-18


Lectura del libro del Génesis.

Dios puso a prueba a Abraham. “¡Abraham!”, le dijo. Él respondió: “Aquí estoy”. Entonces Dios le siguió diciendo: “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré”. A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: “Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes”. Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos. Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: “¡Padre!”. Él respondió: “Sí, hijo mío”. “Tenemos el fuego y la leña –continuó Isaac– pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”. “Dios proveerá el cordero para el holocausto”, respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos. Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: “¡Abraham, Abraham!”. “Aquí estoy”, respondió él. Y el Ángel le dijo: “No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único”. Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: “El Señor proveerá”, y de allí se origina el siguiente dicho: “En la montaña del Señor, se proveerá”. Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: “Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz”. Palabra de Dios. 


SALMO Sal 15, 5. 8-11 


R. Protégeme, Dios mío, porque en ti me refugio.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.


OREMOS 


Dios y Padre de los creyentes, que multiplicas a los hijos de tu promesa derramando la alegría de llegar a ser hijos de Dios, y por el misterio pascual cumples la promesa hecha a Abrahán de hacerlo padre de todas las naciones; concede a los pueblos de la tierra responder dignamente a la gracia de tu llamado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


3ª LECTURA Éx 14, 15—15, 1 


Lectura del libro del Éxodo.

El Señor dijo a Moisés: “Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”. El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros. Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate a favor de ellos contra Egipto”. El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor. Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor. Palabra de Dios. 


SALMO Éx 15, 1-6. 17-18


R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: Él hundió en el mar los caballos y los carros. El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. Él es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.

El Señor es un guerrero, su nombre es “Señor”. Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.

El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar. Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.

Tú llevas a tu pueblo, y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos. ¡EI Señor reina eternamente! R.


OREMOS 


Dios nuestro, cuyas maravillas vemos brillar también en nuestros días, porque lo que hiciste a favor de tu pueblo elegido librándolo de la persecución del Faraón, lo realizas por medio del agua del bautismo para la salvación de las naciones; te pedimos que todos los hombres del mundo se conviertan en verdaderos hijos de Abraham y se muestren dignos de la promesa de Israel. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


4ª LECTURA Is 54, 5-14


Lectura del libro de Isaías.

Tu esposo es Aquél que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: Él se llama “Dios de toda la tierra”. Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor: “¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?”, dice el Señor. Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo; en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor. Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé no inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra ti ni amenazarte nunca más. Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti. ¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas y por cimientos, zafiros; haré tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu contorno de piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande la paz de tus hijos. Estarás afianzada en la justicia, lejos de la opresión, porque nada temerás, lejos del temor, porque no te alcanzará. Palabra de Dios.


SALMO Sal 29, 2. 4-6. 11-12. 13 


R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría. R.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.


OREMOS


Dios todopoderoso y eterno, para que tu nombre sea glorificado multiplica la solemne promesa que hiciste a nuestros padres en la fe y aumenta con tu adopción los hijos de la promesa, para que tu Iglesia reconozca, desde ahora, el cumplimiento de cuanto creyeron y esperaron los patriarcas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén. 


5ª LECTURA Is 55, 1-11


Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé. Palabra de Dios. 


SALMO Is 12, 2-6


R. Sacarán aguas con alegría de las fuentes de la salvación.

Éste es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. R.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.


OREMOS


Dios todopoderoso y eterno, esperanza única del mundo, por la voz de tus profetas diste a conocer los misterios salvadores que sucederían en el tiempo; acrecienta los santos propósitos de tu pueblo, porque tus fieles no podrán alcanzar la santidad sin la ayuda de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


6ª LECTURA Bar 3, 9-15. 32—4, 4 


Lectura del libro de Baruc.

Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención para aprender a discernir. ¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos y has envejecido en una tierra extranjera? ¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote entre los que bajan al Abismo? ¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría! Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre. Aprende dónde está el discernimiento, dónde está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría, quién ha penetrado en sus tesoros? El que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella sale, la llama, y ella obedece temblando. Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia: Él las llama, y ellas responden: “Aquí estamos”, y brillan alegremente para aquel que las creó. ¡Éste es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! Él penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres. La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios y la Ley que subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán la vida, pero los que la abandonan, morirán. Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero. Felices de nosotros, Israel, porque se nos dio a conocer lo que agrada a Dios. Palabra de Dios.


SALMO Sal 18, 8-11


R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.

Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.

La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.

Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. R.


OREMOS


Dios nuestro, que haces crecer a tu Iglesia convocando a todos los pueblos; protege siempre a cuantos purificas en el agua del bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


7ª LECTURA Ez 36, 17. 18-28 


Lectura de la profecía de Ezequiel.

La palabra del Señor me llegó en estos términos: “Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones. Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por los ídolos con que lo habían contaminado. Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo nombre, haciendo que se dijera de ellos: ‘Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país’. Entonces yo tuve compasión de mi santo nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido. Por eso, di al pueblo de Israel: ‘Así habla el Señor: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor –oráculo del Señor– cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes. Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios’”. Palabra de Dios. 


SALMO Sal 41, 3. 5; 42, 3-4 


R. Mi alma tiene sed de Dios.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios? R.

¡Cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta! R.

Envíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu santa Montaña, hasta el lugar donde habitas. R.

Y llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida; y te daré gracias con la cítara, Señor, Dios mío. R.


OREMOS 


Dios de poder inmutable, cuyo resplandor no conoce el ocaso, mira con bondad a tu Iglesia, signo de tu presencia entre nosotros; prosigue serenamente la obra de la salvación humana según tu proyecto eterno, y haz que todos los hombres experimenten y vean cómo lo abatido por el pecado se restablece, lo viejo se renueva, y la creación se restaura plenamente por Cristo, de quien todo procede. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Después de la última lectura del Antiguo Testamento con su salmo responsorial y la correspondiente oración, se encienden los cirios del altar y el sacerdote entona el himno Gloria a Dios en el cielo, al cual se une la asamblea; mientras tanto, de acuerdo con las costumbres del lugar, se tocan las campanas. 

Después del Gloria, el sacerdote reza la oración colecta, del modo acostumbrado. 


ORACIÓN COLECTA 


Dios nuestro, que iluminas esta santísima noche con la gloria de la resurrección del Señor; acrecienta en tu Iglesia el espíritu de adopción de hijos para que, renovados en el cuerpo y en el alma, te sirvamos con plena fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Luego, todos se sientan y un lector proclama la lectura del apóstol san Pablo.


EPÍSTOLA Rom 6, 3-11 


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios. 

Terminada la lectura, todos se levantan y el sacerdote entona solemnemente por tres veces el Aleluia, elevando gradualmente la voz, y todos responden. Después, el salmista o el cantor entona el Salmo 117 y el pueblo responde: Aleluia.


SALMO Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23 


R. Aleluia, Aleluia, Aleluia.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.

El sacerdote impone el incienso y bendice al diácono, como de costumbre. Para proclamar el Evangelio no se llevan cirios, sino sólo el incienso, si se usa.


EVANGELIO Mc 16, 1-8


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro. Y decían entre ellas: “¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?”. Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande. Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas, pero él les dijo: “No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho”. Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo. Palabra del Señor. 

Después del Evangelio tiene lugar la homilía que, aunque breve, no debe omitirse. 

TERCERA PARTE 


LITURGIA BAUTISMAL


Después de la homilía comienza la liturgia bautismal. El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si ésta se encuentra a la vista del pueblo. De lo contrario se pone un recipiente con agua en el presbiterio. 

Si hay catecúmenos, se los llama para que sus padrinos los presenten. Si los catecúmenos son niños, éstos son presentados por los padres y los padrinos ante la comunidad reunida. 

Si hubiera que dirigirse en procesión hasta el baptisterio o la fuente, se realiza de esta manera: precede un ministro que lleva el cirio pascual, al que siguen los catecúmenos con sus padrinos, los ministros, el diácono y finalmente el sacerdote. 

Durante la procesión se cantan las letanías. Acabadas las mismas, el sacerdote dice la monición. 

Si la liturgia bautismal se realiza en el presbiterio, entonces el sacerdote dice la siguiente monición introductoria con éstas o con palabras semejantes: 

Si hay bautizandos:

Queridos hermanos:

Con nuestra oración unánime unámonos a la feliz esperanza de estos hermanos nuestros, que se encaminan a la fuente bautismal donde renacerán a la Vida nueva, para que Dios, Padre todopoderoso, los acompañe siempre con su ayuda misericordiosa.

Si se bendice la fuente de agua, pero no hay bautizandos, se dice: 

Queridos hermanos:

Invoquemos la gracia de Dios Padre todopoderoso sobre esta fuente bautismal, de manera que cuantos renazcan en ella sean incorporados a los hijos adoptivos en Cristo.

Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden permaneciendo de pie (por razón del tiempo pascual). 

Si hubiera que hacer una procesión prolongada hasta el baptisterio, las letanías se cantan durante la procesión; en este caso se llama a los bautizandos antes de comenzarla y se ordena la procesión de esta manera: precede un ministro que lleva el cirio pascual; siguen los catecúmenos con los padrinos, y finalmente el sacerdote con el diácono y los ministros. La monición se hace antes de la bendición del agua. 

Si no deben realizarse bautismos ni se bendice la fuente, se omiten las letanías y se procede directamente a la bendición del agua.


LETANÍAS


En las letanías se pueden agregar los nombres de otros santos, especialmente del titular de la iglesia, de los patronos del lugar y de los que van a ser bautizados.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad 

Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad 

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad 

Santa María, Madre de Dios. Ruega por nosotros 

San Miguel. Ruega por nosotros 

Santos ángeles de Dios. Ruega por nosotros 

San Juan Bautista. Ruega por nosotros

San José. Ruega por nosotros

Santos Pedro y Pablo. Rueguen por nosotros 

San Andrés. Ruega por nosotros

San Juan. Ruega por nosotros 

Santa María Magdalena. Ruega por nosotros

San Esteban. Ruega por nosotros 

San Ignacio de Antioquia. Ruega por nosotros

San Lorenzo. Ruega por nosotros 

Santas Perpetua y Felicidad. Rueguen por nosotros 

Santa Inés. Ruega por nosotros

San Gregorio (Magno). Ruega por nosotros

San Agustín. Ruega por nosotros

San Atanasio. Ruega por nosotros

San Basilio. Ruega por nosotros 

San Martín (de Tours). Ruega por nosotros

San Benito. Ruega por nosotros 

Santos Francisco y Domingo. Rueguen por nosotros 

San Francisco (Javier). Ruega por nosotros 

San Juan María (Vianney). Ruega por nosotros 

Santa Catalina (de Siena). Ruega por nosotros 

Santa Teresa de Jesús. Ruega por nosotros 

Todos los santos y santas de Dios. Rueguen por nosotros 

Por tu bondad. Líbranos, Señor

De todo mal. Líbranos, Señor 

De todo pecado. Líbranos, Señor 

De la muerte eterna. Líbranos, Señor

Por el misterio de tu encarnación. Líbranos, Señor 

Por tu muerte y resurrección. Líbranos, Señor

Por el envío del Espíritu Santo. Líbranos, Señor 

Nosotros que somos pecadores, te pedimos. Escúchanos, Señor 

Si hay bautizandos: 

Para que por la gracia del bautismo hagas renacer a estos elegidos tuyos. Escúchanos, Señor.

Si no hay bautizandos:

Para que con tu gracia santifiques esta fuente en la que han de renacer tus hijos. Escúchanos, Señor Jesús, Hijo del Dios vivo. Escúchanos, Señor.

Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.

Si hay bautizandos, el sacerdote dice la siguiente oración, con las manos extendidas: 

Dios todopoderoso y eterno, acompaña con tu poder los sacramentos de tu inmensa bondad, y envía tu Espíritu de adopción para dar vida a los nuevos pueblos nacidos en la fuente bautismal; haz que tu gracia realice la obra confiada a nuestro humilde ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


BENDICIÓN DEL AGUA BAUTISMAL


La bendición del agua puede ser cantada. La aclamación a la bendición del agua también puede ser cantada. El sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo la siguiente oración con las manos extendidas: 

Señor Dios, que por medio de los signos sacramentales realizas obras admirables con tu poder invisible, y de diversas maneras has preparado el agua para que significara la gracia del bautismo.

Señor Dios, cuyo Espíritu aleteaba sobre las aguas en los orígenes del mundo para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.

Señor Dios, que en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nuevo nacimiento de los hombres, para que el misterio de la misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Señor Dios, que hiciste pasar por el mar Rojo como por tierra firme a los descendientes de Abraham, para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen del pueblo de los bautizados.

Señor Dios, al ser bautizado en las aguas del Jordán, tu Hijo fue ungido por el Espíritu Santo y, suspendido en la cruz, hizo brotar de su costado sangre y agua, y después de su resurrección mandó a sus discípulos: «Vayan e instruyan a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»: mira a tu Iglesia y abre para ella la fuente del bautismo.

Que esta agua reciba por el Espíritu Santo la gracia de tu Hijo unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen, por medio del sacramento del bautismo sea purificado de todos los pecados y merezca resurgir como nueva criatura del agua y el Espíritu Santo.

Y sumergiendo, según las circunstancias, el cirio pascual en el agua una o tres veces, prosigue:

Señor, te pedimos que por la gracia de tu Hijo descienda sobre el agua de esta fuente el poder del Espíritu Santo,

y manteniendo el cirio en el agua prosigue:

para que por el bautismo, sepultados con Cristo en su muerte, resucitemos con él a la Vida. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Retira el cirio del agua y el pueblo aclama: 

Fuentes, bendigan al Señor. Alábenlo y glorifíquenlo eternamente.


BENDICIÓN DEL AGUA COMÚN 


Si no hay bautizandos, ni se ha de bendecir el agua bautismal, el sacerdote invita a los fieles con las siguientes palabras:

Queridos hermanos:

Invoquemos con humildad a nuestro Dios y Señor, para que bendiga esta agua con la cual seremos rociados en recuerdo de nuestro bautismo. Que él nos renueve a fin de permanecer fieles al Espíritu Santo que hemos recibido.

Y después de una breve pausa de oración en silencio, con las manos extendidas, prosigue:

Señor y Dios nuestro, acompaña con tu bondad a tu pueblo que en esta santísima noche permanece en vela. Al rememorar la obra admirable de la creación y el acontecimiento aún más admirable de la redención, te pedimos que bendigas esta agua. Ella fue creada por ti para dar fecundidad a la tierra y restaurar nuestros cuerpos con su frescura y pureza. Hiciste también el agua corno instrumento de tu misericordia: por ella libraste a tu pueblo de la esclavitud y apagaste su sed en el desierto. Por ella, los profetas anunciaron la Nueva Alianza que habrías de pactar con los hombres. Finalmente, al ser consagrada por Cristo en el río Jordán, por ella renovaste nuestra naturaleza pecadora con el baño de renacimiento espiritual. Que esta agua nos recuerde ahora nuestro bautismo, y concédenos participar de la alegría de nuestros hermanos que son bautizados en la Pascua. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES


Concluido el rito del Bautismo (y de la Confirmación), a no ser que este rito ya haya tenido lugar junto con los bautizandos, todos renuevan las promesas bautismales después de la bendición del agua; para ello permanecen de pie y encienden nuevamente los cirios. 

El sacerdote se dirige a los fieles con estas palabras u otras semejantes:

Queridísimos hermanos:

Por el Misterio Pascual, en el bautismo fuimos sepultados con Cristo para que también nosotros llevemos con él una vida nueva. Por eso, culminado nuestro camino cuaresmal, renovemos las promesas del santo bautismo, por las que un día renunciamos al demonio y a sus obras y prometimos servir al Señor en la santa Iglesia Católica.

Por tanto:

Sacerdote: ¿Renuncian al Demonio?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a todas sus obras?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a todos sus engaños?

Todos: Sí, renuncio.

O bien:

Sacerdote: ¿Renuncian al pecado, para vivir en la libertad de los hijos de Dios?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a los engaños del mal, para no ser esclavos del pecado?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian al Demonio, que es el autor del pecado?

Todos: Sí, renuncio.

Si fuera preciso, puede utilizarse otra forma determinada por las Conferencias Episcopales, de acuerdo a la necesidad del lugar. 

Sacerdote: ¿Renuncian a Satanás, esto es:

–al pecado, como negación de Dios;

–al mal, como signo del pecado en el mundo;

–al error, como negación de la verdad;

–a la violencia, como contraria a la caridad;

–al egoísmo, como falta de testimonio de amor?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a las obras opuestas al Evangelio de Jesús, que son:

–la envidia y el odio;

–la pereza y la indiferencia;

–la cobardía y los acomplejamientos;

–el materialismo y la sensualidad;

–la injusticia y el favoritismo;

–el negociado y el soborno?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a los criterios y comportamientos que llevan a:

–creerse los mejores;

–verse siempre superiores;

–creerse ya convertidos del todo;

–buscar el dinero como el máximo valor;

–buscar el placer como única ilusión;

–buscar el propio interés por encima del bien común?

Todos: Sí, renuncio.

Luego el sacerdote prosigue:

¿Creen en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

Todos: Sí, creo.

Sacerdote: ¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de la Virgen María, padeció y fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

Todos: Sí, creo.

Sacerdote: ¿Creen en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna?

Todos: Sí, creo.

Y el sacerdote concluye:

Y Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, y nos ha perdonado los pecados, nos conserve con su gracia en Jesucristo, nuestro Señor, para la Vida eterna.

Todos: Amén.

El sacerdote rocía al pueblo con el agua bendita mientras todos cantan:


LITURGIA EUCARÍSTICA


El sacerdote se acerca al altar y comienza la liturgia eucarística de la manera acostumbrada. 

Es conveniente que el pan y el vino sean llevados al altar por los neófitos. Si son niños, por sus padres y padrinos. 


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS


Señor Dios, recibe las oraciones de tu pueblo junto con estas ofrendas, de manera que tu acción sacramental inaugurada por los misterios pascuales nos sirva de remedio para la eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.


PREFACIO PASCUAL I


El Misterio pascual (en esta noche) 

Con la aprobación del Obispo diocesano, es recomendable que toda la asamblea reciba la Comunión bajo las dos especies, donde las circunstancias lo aconsejen.


ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cfr. 1 Cor 5, 7-8


Cristo, nuestra pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, esta fiesta con los panes sin levadura de la pureza y la verdad, Aleluia.

Conviene que se cante el Salmo 117.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Infunde en nosotros, Padre, tu espíritu de amor, para que, saciados con los sacramentos pascuales, permanezcamos unidos en la misma fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.


BENDICIÓN SOLEMNE


Dios todopoderoso los bendiga en esta solemne fiesta de Pascua y, por su bondad, los proteja de toda sombra de pecado.

R. Amén.

Él, que por la Resurrección de su Hijo los ha renovado para la vida eterna, les conceda la recompensa de la inmortalidad.

R. Amén.

Y ya que han celebrado con honda alegría esta Pascua, al terminar los días de la pasión del Señor, les conceda participar con inmensa alegría de los gozos eternos.

R. Amén.

Y los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo, † y Espíritu Santo.

R. Amén.

Donde sea costumbre, según la oportunidad pastoral y si no se hizo antes de la bendición, se puede introducir un saludo a la Virgen, cantando el Regina coeli u otro canto apropiado. Para ello puede utilizarse el siguiente esquema.


SOLEMNE SALUDO A NUESTRA SEÑORA 


El sacerdote se dirige brevemente a los fieles con estas palabras u otras semejantes: 

Queridísimos hermanos: En esta noche, la más santa de todas, en la que permaneciendo en vela hemos celebrado la Pascua del Señor, es justo alegrarse con la Madre de Jesús por la Resurrección de su Hijo.

Este fue el acontecimiento que realizó plenamente su esperanza y dio a todos los hombres la salvación. Así como nosotros, pecadores, la hemos contemplado unidos en el dolor, así, como redimidos, la honramos unidos en el gozo pascual.

Después de la introducción, si la imagen de la Virgen está en el altar donde se celebra, el sacerdote puede incensarla, mientras los instrumentos musicales suenan festivamente. El sacerdote dice: 


OREMOS


Señor, que has alegrado al mundo por la Resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, concédenos que por la intercesión de su Madre, la Virgen María, alcancemos los gozos de la Vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

En la despedida, el diácono o el mismo sacerdote dice: 

V. Pueden ir en paz, Aleluia, Aleluia.

R. Demos gracias a Dios, Aleluia, Aleluia.

Esta despedida se dice durante toda la octava de Pascua. El Cirio Pascual se ha de encender en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes del tiempo pascual. 

SANTIAGO: Jóvenes y migrantes marcan un nuevo Via Crucis de Viernes Santo

SANTIAGO: Jóvenes y migrantes marcan un nuevo Via Crucis de Viernes SantoLa procesión comenzó a eso de las 18:00 horas desde la parroquia Nuestra Señora del Olivo en Conchalí. El cardenal Ricardo Ezzati, junto a más de 300 fieles, avanzaron por cada una de las estaciones que rodearon el sector parroquial en la zona norte de la capital.

Una a una, se fueron representando las 14 estaciones que recorrió Jesucristo desde Jerusalén hasta su crucifixión, ocasión en que el cardenal manifestó su alegría por tantas expresiones de fe.

“La muerte de Jesús en la cruz nos dice quiénes son los privilegiados de parte de Dios y por consiguiente también de este misterio, que estamos llamados a realizar en nuestra vida que son los últimos y los que más necesitan […] Esta tarde estoy compartiendo el camino de la cruz en este sector de nuestra ciudad en Conchalí, acompañando a esta comunidad de la parroquia Nuestra Señora del Olivo, que quiere ser una comunidad inserta en el territorio con los ojos abiertos, con el corazón abierto, con las manos abiertas para atender las necesidades de nuestros hermanos y hermanas que más necesitan”, exhortó el Arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati.

Para este año cada una de las comunidades del sector parroquial de Nuestra Señora del Olivo, tuvo una masiva colaboración de jóvenes de la zona y migrantes de diferentes países que tiene residencia en los alrededores da la parroquia, quienes se encargaron de llevar la cruz, entonar cantos y velar porque todo saliera de la mejor manera.

Anneane Jean llegó hace nueve meses a Chile desde Haití y es la primera vez que participa en un Vía Crucis en nuestro país: “Estoy muy contenta. Me siento muy bien, en familia y con la Iglesia que es lo más importante. La Iglesia ha sido mi familia desde que llegué y ha sido un gran lugar para mí para vivir y para hacer experiencia con los demás”, resaltando que desde que pisó suelo nacional la parroquia ha sido un pilar fundamental.

“La Iglesia siempre ha estado preocupada de los jóvenes. Desde mi experiencia como joven, puedo decir que la Iglesia siempre me ha apoyado a lo largo de toda mi vida y nunca me he sentido que estoy fuera de la comunidad. Y vemos que este énfasis es muy bueno para que otros jóvenes que no están insertos puedan ver que en la Iglesia si está con los jóvenes”, añadió Diana Cantergiani, coordinadora de la Pastoral Juvenil de la parroquia hace siete años.

Ricardo Ezzati: “Lavarse los pies significa ponerse de rodillas frente al hermano para conocerlo mejor”

Ricardo Ezzati: "Lavarse los pies significa ponerse de rodillas frente al hermano para conocerlo mejor"En la celebración de la Cena del Señor, que da inicio al Triduo Pascual y se conmemoran los grandes misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor, el cardenal Ricardo Ezzati presidió en la Catedral Metropolitana, la celebración con la que se recuerda la “Última Cena” donde se instituyó la Eucaristía y el ministerio sacerdotal. Un acto de amor y de humildad, en el cual Jesús lavó los pies de sus discípulos.

En la homilía, el Arzobispo habló de la importancia del celebrar este día: “La Eucaristía es la certeza de que la vida divina del hijo de Dios sigue impregnando la vida de cada uno de nosotros, la vida de la historia y del mundo aunque muchos no sean capaces de reconocer este amor infinito de Dios”.

“El mandamiento de Jesús es que seamos uno, que nos amemos como Él nos ha amado, en la sencillez de la vida cotidiana, lavándonos los pies los unos a los otros. Lavar los pies a los discípulos significa ponerse de rodilla frente al hermano para reconocerlo como hermano, para cogerlo en su necesidad, tenderle no sólo nuestra mano, sino también nuestro corazón”, agregó.

En su mensaje, también dedicó palabras a quienes enriquecen la cultura de nuestro país: “En esta tarde, voy a lavar los pies a doce hermanos, niños, jóvenes y adultos que vienen que países hermanos de nuestra América Latina. Este gesto quiere decir que la Iglesia de Santiago y todas nuestras comunidades queremos tener un corazón y manos abiertas para la acogida, integración y para que todo hermano en nuestra ciudad e Iglesia se pueda sentir en su casa”.

Al final de su homilía, el pastor dijo: “Este Jueves Santo nos invita a multiplicar los gestos de nuestra solidaridad, nos invita a trabajar para que nuestra ciudad y nuestro país sea una ciudad y  país de hermanos, que se vuelva cada vez más un hogar donde hay espacio para todos, y de una manera particular, espacio para quien sufre y se siente solo y abandonado”.

La voz de los protagonistas

En el grupo, mujeres, hombres, jóvenes y niños protagonizaron el lavado de pies. Por tercer año consecutivo, fueron doce inmigrantes quienes recibieron el gesto, provenientes de Bolivia, República Dominicana, Chile, Venezuela y Haití, entre otros países.

Beatriz de la Cruz es colombiana, lleva cinco años en el país y tiene 8 meses de embarazo: “Yo me he sentido muy acogida, súper integrada, hace cuatro años pertenezco a la parroquia Latinoamericana. Yo sentí que era Dios mismo el que me estaba llamando y quería que yo estuviera ahí. Me parece un gesto de humildad y muy lindo que el cardenal haga esto por nosotros”.

Ángela Álvarez es boliviana y lleva 23 años en Chile. Para ella el estar dentro de la Iglesia es fundamental en su vida: “Me siento muy apoyada en la Iglesia, es tan importante participar para adaptarse en otro lado, es primordial y esto me refuerza que somos importantes también. Para mí es un honor haber participado de esta ceremonia”.

Alexandre dos Santos también estuvo en el altar, es brasileño y lleva dos años en Chile: “Yo trabajo en la casa de acogida de mujeres, participo en la parroquia Latinoamericana y me da más significado aún que el lavado sea a migrantes, porque vivo con eso a diario. En cuanto al rito, es especial para mí porque nos hacen sentir como apóstoles”.

A su lado estuvo Euris Solís, tiene 36 años y llegó hace seis años de República Dominicana: “Encuentro fabuloso que nos escogieran, me siento agradecido ya que la comunidad migrante ha crecido bastante en Chile en los últimos tiempos y es hora que nos tome en cuenta la sociedad. Siempre cooperamos con la Iglesia y desde ahí me siento acogido”.

Con sólo 12 años, Carla García es una de las niñas más pequeñas que participó en el lavado de pies: “Soy chilena, pero represento a México, ya que mi mamá es mexicana. Me parece súper lindo que me hayan escogido, es importante que sea el cardenal que nos lavara los pies. Es emocionante”.

Desde el Vaticano

Mensaje en línea con el llamado del papa Francisco. El Santo Padre, desde la cárcel romana de Regina Coeli, lavó los pies de doce presos, donde les dijo: “Jesús quiso hacer este servicio para darnos un ejemplo de cómo nosotros tenemos que servirnos los unos a los otros”.

VIERNES 30: Viernes Santo de la Pasión del Señor. Rojo.

Liturgia marzo 2018 LV
VIERNES 30

Viernes Santo de la Pasión del Señor. Rojo.

Ayuno y abstinencia. Colecta para los Lugares Santos. Feriado Nacional. 

CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR 

Según una antigua tradición de la Iglesia, hoy mañana no se celebran los Sagrados Misterios. 

La celebración comienza en silencio. El sacerdote, sin decir Oremos, comienza con la oración. 

ORACIÓN 

Acuérdate, Señor, de tu gran misericordia y santifica con tu eterna protección a esta familia tuya por la que Cristo, tu Hijo, instituyó, por medio de su Sangre, el misterio pascual. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

O bien:

Señor Dios, que por la Pasión de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, nos libraste de la muerte heredada de nuestros padres; concédenos que nosotros, que somos imagen del primer hombre, recibamos de tu gracia la imagen celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1ª LECTURA Is 52, 13-53, 12


Lectura del libro de Isaías.

Sí, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande. Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído. ¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor? Él creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradamos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca. Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo. Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca. El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes y él repartirá el botín junto con los poderosos. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables. Palabra de Dios.


SALMO Sal 30, 2. 6. 12-13. 15-17. 25


R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! Yo pongo mi vida en tus manos: Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

Soy la burla de todos mis enemigos y la irrisión de mis propios vecinos; para mis amigos soy motivo de espanto, los que me ven por la calle huyen de mí. Como un muerto, he caído en el olvido, me he convertido en una cosa inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: “Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos”. Líbrame del poder de mis enemigos, y de aquéllos que me persiguen. R.

Que brille tu rostro sobre tu servidor, sálvame por tu misericordia. Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor. R.


2ª LECTURA Heb 4, 14-16; 5, 7-9 


Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos: Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado. Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno. Él dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a Aquél que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió, por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. Palabra de Dios.


ACLAMACIÓN Flp 2, 8-9 


Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.


EVANGELIO Jn 18, 1-19, 42


En los lugares en que pareciera oportuno, durante la lectura de la Pasión se pueden incorporar aclamaciones. 

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

C. Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar un huerto y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los Sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó:

†. “¿A quién buscan?”.

C. Le respondieron:

S. “A Jesús, el Nazareno”.

C. Él les dijo:

†. “Soy yo”.

C. Judas, el que lo entregaba estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: “Soy yo”, ellos retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente:

†. “¿A quién buscan?”.

C. Le dijeron:

S. “A Jesús, el Nazareno”.

C. Jesús repitió:

†. “Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que éstos se vayan”.

C. Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me confiaste”. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. Jesús dijo a Simón Pedro:

†. “Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?”.

C. El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”.

C. Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:

S. “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”.

C. Él le respondió:

S. “No lo soy”.

C. Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió:

†. “He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho”.

C. Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole:

S. “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?”.

C. Jesús le respondió:

†. “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”.

C. Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron:

S. “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”.

C. Él lo negó y dijo:

S. “No lo soy”.

C. Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquél al que Pedro había cortado la oreja, insistió:

S. “¿Acaso no te vi con él en la huerta?”.

C. Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.

C. Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó:

S. “¿Qué acusación traen contra este hombre?”.

C. Ellos respondieron:

S. “Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado”.

C. Pilato les dijo:

S. “Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la ley que tienen”.

C. Los judíos le dijeron:

S. “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”.

C. Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”.

C. Jesús le respondió:

†. “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”.

C. Pilato replicó:

S. “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”.

C. Jesús respondió:

†. “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”.

C. Pilato le dijo:

S. “¿Entonces tú eres rey?”.

C. Jesús respondió:

†. “Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.

C. Pilato le preguntó:

S. “¿Qué es la verdad?”.

C. Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo:

S. “Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?”.

C. Ellos comenzaron a gritar, diciendo:

S. “¡A él no, a Barrabás!”.

C. Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto púrpura, y acercándose, le decían:

S. “¡Salud, rey de los judíos!”.

C. Y lo abofeteaban. Pilato volvió a salir y les dijo:

S. “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena”.

C. Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Pilato les dijo:

S. “¡Aquí tienen al hombre!”.

C. Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron:

S. “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”.

C. Pilato les dijo:

S. “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo”.

C. Los judíos respondieron:

S. “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios”.

C. Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús:

S. “¿De dónde eres tú?”.

C. Pero Jesús no le respondió nada. Pilato le dijo:

S. “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”.

C. Jesús le respondió:

†. “Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si esta ocasión no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave”.

C. Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban:

S. “Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César”.

C. Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado “el Empedrado”, en hebreo, “Gábata”. Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos:

S. “Aquí tienen a su rey”.

C. Ellos vociferaban:

S. “¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Crucifícalo!”.

C. Pilato les dijo:

S. “¿Voy a crucificar a su rey?”.

C. Los sumos sacerdotes respondieron:

S. “No tenemos otro rey que el César”.

C. Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.

Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo “Gólgota”. Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la colocó sobre la cruz.

Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos’”.

C. Pilato respondió:

S. “Lo escrito, escrito está”.

C. Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí:

S. “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca”.

C. Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica”. Esto fue lo que hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo:

†. “Mujer, aquí tienes a tu hijo”.

C. Luego dijo al discípulo:

†. “Aquí tienes a tu madre”.

C. Y desde aquella Hora, el discípulo la recibió como suya.

Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo:

†. “Tengo sed”.

C. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús:

†. “Todo se ha cumplido”.

C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

C. Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ninguno de sus huesos”. Y otro pasaje de la Escritura, dice: “Verán al que ellos mismos traspasaron”.

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús –pero secretamente, por temor a los judíos– pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. En el lugar donde lo crucificaron, había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. Palabra del Señor.


ORACIÓN UNIVERSAL 


La Liturgia de la Palabra concluye con la oración universal que se hace de este modo: el diácono o, en su ausencia, un laico, desde el ambón, dice la invitación que expresa la intención; después todos oran en silencio durante unos momentos y, seguidamente, el sacerdote, desde la sede o desde el altar, con las manos extendidas, reza la oración. Los fieles pueden permanecer de rodillas o de pie durante toda la oración. 


I. POR LA SANTA IGLESIA


Oremos, queridos hermanos, por la santa Iglesia de Dios, para que nuestro Dios y Señor le conceda la paz y la unidad, se digne protegerla en toda la tierra y nos conceda glorificarlo con una vida calma y serena.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas: 

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo has revelado tu gloria a todas las naciones: protege la obra de tu misericordia, para que la Iglesia, extendida por toda la tierra, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu Nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


II. POR EL PAPA


Oremos también por nuestro santo Padre, el Papa N., para que Dios nuestro Señor, que lo llamó al orden episcopal, lo asista y proteja en bien de su Iglesia, para gobernar al pueblo santo de Dios.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas: 

Dios todopoderoso y eterno, con tu sabiduría ordenas todas las cosas; escucha nuestra oración y protege con amor al Papa que nos diste, para que el pueblo cristiano que tú gobiernas progrese siempre en la fe, guiado por su pastor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


III. POR EL PUEBLO DE DIOS Y SUS MINISTROS


Oremos también por nuestro obispo N., por todos los obispos, presbíteros y diáconos de la Iglesia, y por todo el pueblo santo de Dios.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas: 

Dios todopoderoso y eterno, que con tu Espíritu santificas y gobier-nas a la Iglesia, escucha nuestras súplicas por tus ministros para que, con ayuda de la gracia, todos te sirvan con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


IV. POR LOS CATECÚMENOS


Oremos también por (nuestros) los catecúmenos, para que Dios nuestro Señor abra los oídos de sus corazones y les manifieste su misericordia, de manera que, perdonados sus pecados por medio del agua bautismal, sean incorporados a Jesucristo.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas:

Dios todopoderoso y eterno, que fecundas sin cesar a tu Iglesia con nuevos miembros; acrecienta la fe y la sabiduría de (nuestros) los catecúmenos, para que, renacidos en la fuente bautismal, sean contados entre tus hijos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


V. POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS


Oremos también por todos nuestros hermanos que creen en Cristo; para que Dios nuestro Señor reúna y conserve en su única Iglesia a quienes procuran vivir en la verdad.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas: 

Dios todopoderoso y eterno, que congregas a quienes están dispersos y conservas en la comunión a quienes ya están unidos, mira con bondad el rebaño de tu Hijo, para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad reúnan a los que han sido consagrados por el único bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


VI. POR LOS JUDÍOS


Oremos también por el pueblo judío, a quien Dios nuestro Señor habló primero, para que se acreciente en ellos el amor de su Nombre y la fidelidad a su alianza.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas:

Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abraham y a su descendencia, escucha con bondad las súplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera Alianza llegue a la plenitud de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


VII. POR QUIENES NO CREEN EN CRISTO


Oremos igualmente por quienes no creen en Cristo, ara que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan también encontrar el camino de la salvación.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas:

Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo que, viviendo en tu presencia con sinceridad de corazón, encuentren la verdad; y a nosotros, ayúdanos a progresar en la caridad fraterna y en el deseo de conocerte mejor, para ser ante el mundo, testigos más auténticos de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


VIII. POR QUIENES NO CREEN EN DIOS


Oremos también por quienes no conocen a Dios, para que, buscando con sinceridad lo que es recto, puedan llegar hasta él.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas:

Dios todopoderoso y eterno, tú has creado al hombre para que te buscara con ansia y hallara reposo al encontrarte; concede que todos, aun en medio de las dificultades, por los signos de tu amor y el testimonio de los creyentes, se alegren al reconocerte como único Dios verdadero y Padre de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


IX. POR LOS GOBERNANTES


Oremos también por los gobernantes de las naciones, para que Dios nuestro Señor guíe sus mentes y sus corazones, según su voluntad, hacia la paz verdadera y la libertad de todos.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas: 

Dios todopoderoso y eterno, en cuyas manos están los corazones de los hombres y los derechos de las naciones, asiste con bondad a nuestros gobernantes para que, con tu protección, afiancen en toda la tierra la prosperidad de los pueblos, la paz duradera y la libertad religiosa. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


X. POR LOS QUE SUFREN


Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso por todos los que sufren las consecuencias del pecado en el mundo, para que aleje las enfermedades, alimente a los que tienen hambre, redima a los encarcelados, libere de la injusticia a los oprimidos, dé seguridad a los viajeros, conceda el regreso a los ausentes, la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote, con las manos extendidas:

Dios todopoderoso y eterno, con-suelo de los afligidos y fuerza de los atribulados, lleguen hasta ti las súplicas de los que te invocan en cualquier necesidad, para que puedan alegrarse al experimentar la cercanía de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ 


Para adorar la Cruz, se acerca primero el sacerdote, habiéndose quitado la casulla y el calzado, si es oportuno. Después se acercan los fieles, y veneran la Cruz con una genuflexión simple o con algún otro signo adecuado según la costumbre del lugar, por ejemplo, besando la cruz. 

Mientras se realiza la adoración de la Cruz, se canta la antífona Señor, adoramos tu Cruz, los Improperios, el himno Ésta es la Cruz de nuestra fe, u otro canto adecuado. Los fieles, luego de venerar la Cruz, regresan a sus lugares y se sientan. 


SAGRADA COMUNIÓN 


Sobre el altar se extiende el mantel y se colocan el corporal y el Misal. Luego el diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote, con el velo humeral trae el Santísimo Sacramento desde el lugar de la reserva, mientras todos permanecen de pie y en silencio. El sacerdote invita al pueblo a rezar el Padre nuestro, y luego sigue el rito normal hasta la distribución de la Comunión a los fieles. 


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 


Dios todopoderoso y eterno, tú nos has redimido por la santa muerte y la resurrección de Jesucristo; mantén viva en nosotros la obra de tu misericordia para que, por la participación en este santo misterio, permanezcamos dedicados a tu servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO


Te pedimos, Señor, que descienda una abundante bendición sobre tu pueblo, que ha recordado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su Resurrección: llegue a él tu perdón, concédele tu consuelo, acrecienta su fe y asegúrale la eterna salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Domingo de Pascua de Resurrección: Cristo ha resucitado, nosotros somos testigos

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Motivación de entrada

Toda la liturgia de hoy es un grito de alegría por la resurrección del Señor. En la Pascua nace el hombre nuevo creado en la justicia y santidad verdaderas.

Acto penitencial

Por no haber acogido el espíritu de Jesús que nos hace resucitar de la muerte del pecado a vida nueva en Dios, pedimos perdón.

Colecta

Pedimos al Padre que por Cristo, vencedor de la muerte, nos ayude a renacer a la vida nueva.

LECTURAS CICLOS A-B-C

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34.37-43.

El discurso de Pedro al pagano Cornelio relata la vida de Jesús quien pasó haciendo el bien y sanando a los enfermos. Crucificado, resucitó al tercer día, apareciéndose a los que debían ser sus testigos. En él tenemos el perdón de los pecados.

Segunda lectura: Colosenses 3, 1-4.

San Pablo invita a los cristianos que han resucitado en Cristo a vivir una vida digna de él.

(O bien: 1 Corintios 5, 6-8).

Evangelio: Juan 20, 1-9.

* En lugar de este evangelio, se puede leer el evangelio de la Vigilia del año que corresponda (A-B-C).

Donde se celebre Misa vespertina, también puede leerse el evangelio: Lucas 24, 13-35.

La resurrección del Señor pone a prueba la fe de los discípulos, pues, como nota el evangelista, todavía no habían entendido bien que él tenía que resucitar de los muertos.

Oración de los fieles

Presentación de las ofrendas

Con los dones del pan y del vino, ofrecemos el compromiso de nuestra vida: construir una Iglesia que manifieste al Cristo resucitado.

Comunión

La comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo es anticipo de la resurrección futura.

Despedida

Vayamos con la alegría de nuestra vida y la fuerza del Espíritu Santo, a anunciar que Cristo ha resucitado y que nosotros somos sus testigos.

RESEÑA: Encuentro, diálogo y acuerdo. El papa Francisco, Cuba y Estados Unidos

RESEÑA: Encuentro, diálogo y acuerdo. El papa Francisco, Cuba y Estados UnidosEl cardenal Jaime Ortega y Almino, una vez designado por el papa Francisco para plasmar una serie de acuerdos e iniciativas con los representantes de las naciones de Cuba y Estados Unidos, sirvió de mediador en una serie de conversaciones sostenidas hasta llegar a un consenso entre ambas naciones. Fue un largo período de tiempo donde los lazos diplomáticos y comerciales entre Cuba y el país del Tío Sam estaban prácticamente rotos. Por la trascendencia histórica del hecho, el cardenal decide plasmar en papel este hito de encuentro, diálogo y acuerdo. En él ilustra de qué manera se llegó a los “acuerdos” político-comerciales, pero su anhelo por redactar los acontecimientos era más fuerte y estos pretendían dar un tributo a la intervención de la Iglesia, liderada en este caso por el papa Francisco.

Es cierto que la Iglesia ha mediado en varios conflictos de naciones y este no era la excepción; sin embargo, la solicitud de que algún representante de la Iglesia fuera el moderador de las conversaciones fue una petición de los mandatarios de ambos países. Es así como el cardenal Jaime Ortega nos adentra en los pormenores y conversaciones claves que permitieron ese diálogo abierto y sincero al cual nos invita el Papa, y que a la posteridad abrió la puerta para que nuevamente Cuba y Estados Unidos entendieran que cada uno tenía “algo” que pedir y ofrecer, pero también “algo” en qué ceder.

El texto posee un gran valor histórico, puesto que los hechos suceden en un momento donde el presidente Obama estaba en el epílogo de su mandato y también en el clan Castro, liderado por Raúl Castro, comenzaban a darse señales de que los ideales de la Revolución cubana eran parte de un pasado; y por lo tanto, había que abrir horizontes. Asimismo, el autor se esfuerza en mostrar, por la vía de la misericordia y la reconciliación ?banderas del papa Francisco?, lo imprescindible de estas para el entendimiento entre las personas o países y que en definitiva permitieron el azaroso encuentro, diálogo y acuerdo entre EE. UU. y Cuba.

Fredy Peña T., ssp

JUEVES 29: Misa vespertina de la Cena del Señor. Blanco.

Liturgia marzo 2018 LV
JUEVES 29

Misa vespertina de la Cena del Señor. Blanco.

Gloria. No se dice Credo. Prefacio propio.

1ª LECTURA Éx 12, 1-8. 11-14 

Lectura del libro del Éxodo.

El Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: “Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año. Digan a toda la comunidad de Israel: ‘El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia. Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente. Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito. Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman. Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas. Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor. Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, Yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto. Éste será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua’”. Palabra de Dios. 


SALMO Sal 115, 12-13. 15-16. 17-18 


R. ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?

¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor. R.

¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! Yo, Señor, soy tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo. R.


2ª LECTURA 1Cor 11, 23-26 


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía”. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. Palabra de Dios.


ACLAMACIÓN Jn 13, 34


“Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”, dice el Señor.


EVANGELIO Jn 13, 1-15


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, éste le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”. Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”. “No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Jesús le respondió: “Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”. “Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”. Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”. Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes”. Palabra del Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS


Concédenos, Señor, participar dignamente de estos misterios, pues cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA I 

S. El Señor esté con ustedes.

A. Y con tu espíritu.

S. Levantemos el corazón.

A. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

S. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

A. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo Señor nuestro.

El cual, verdadero y eterno Sacerdote, al instituir el sacrificio perenne, primero se entregó a ti como víctima de salvación y luego nos mandó ofrecerlo en su memoria. Cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, somos fortalecidos; cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, somos purificados.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles, los tronos y las dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo…


ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cfr. 1 Cor 11, 24-25 


Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Esta copa es la nueva alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que beban de ella, háganlo en memoria mía.

Terminada la distribución de la comunión, se pone sobre el altar el copón con las hostias consagradas para la comunión del día siguiente. El sacerdote de pie reza la oración después de la Comunión. 


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Dios todopoderoso, te pedimos que, así como somos alimentados en esta vida con la Cena pascual de tu Hijo, también merezcamos ser saciados en el banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La Reflexión Dominical: “En tus manos”

La Reflexión Dominical: “En tus manos”Un momento crucial para la misión de Jesús en nuestra tierra: su condena a muerte. Cristo, el hijo de Dios, se hizo hombre para sufrir con nosotros y por nosotros. En un día de recogimiento, los invitamos a escuchar la cápsula que hemos preparado, para vivir, juntos, esta Semana Santa.

“La Reflexión Dominical” es un espacio que, a partir del Evangelio del domingo, entrega un mensaje de fe, en la voz del padre Aderico Dolzani, de la SOCIEDAD DE SAN PABLO. Si te interesa difundir estas cápsulas a través de algún medio radial, escríbenos a webmaster@sanpablochile.cl

 
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