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Editorial SAN PABLO
 
Noticias

Domingo 4 de agosto de 2013

¡Vanidad, pura Vanidad!

Seguimos caminando en el Año de la Fe. Las lecturas de hoy la quieren alimentar con una afirmación que va, como decimos popularmente, “al hueso”, a lo esencial: Nuestra vida está oculta con Cristo en Dios. Por eso, lo que al “hombre viejo” lo ata e hipnotiza de las “cosas de la tierra” (2ª lectura), si no lo hace “rico a los ojos de Dios” (evangelio) es “vanidad, pura vanidad” (1ª lectura).

¡Buena Nueva! Pero al mismo tiempo, ¡gran desafío! Porque ¿no es acaso el deleite, el usufructo sin límites, el poseer sin atenuantes, el “sacarle el jugo” a todo (y a menudo a todos) para pasarlo bien, a lo que nos empuja nuestro mundo, sin importar a qué conduce?

“Busquen los bienes del cielo”, dice hoy san Pablo. Pero, ¿cuáles son? ¿Y… no son las “cosas de la tierra” las que corresponde buscar al hombre terrenal?  No. Son las del cielo. Pero tienen más que ver con la Tierra de lo que uno cree, porque son las cosas de Cristo, “el Hijo de Dios que se hizo hombre para hacernos Dios” como dice san Atanasio. Y las cosas de Cristo son las que manifiestan la irrupción del Reino de Dios en la Tierra; las que él mismo buscó y testimonió en su paso por la Tierra. Mostrando que la humanidad tiene dirección, esperanza, destino, promesa. Que la vida no es un vaivén arbitrario ni un callejón sin salida, sino un proyecto de amor al que Dios asocia al ser humano para ser buscado, construido y alcanzado. Todo lo que no se sube a ese proyecto es vanidad, pura vanidad.

Lo evidente, lo que todo el mundo hace, lo que nos arrastra sin esfuerzo, no siempre es lo que Dios quiere y lleva a menudo a la muerte. Nuestra vida, en cambio, la verdadera VIDA, está OCULTA CON CRISTO EN DIOS: en ese río vital que desde él riega nuestra existencia individual y social, presente y futura, nuestras esperanzas de un mundo según su proyecto.

CONALI

1. Ambientación

El domingo nos reúne, hermanos y hermanas, en esta asamblea que como parte de la Iglesia, quiere alabar a su Dios y recibir de él la fuerza que necesita para caminar cada día con fidelidad y gozo. Celebremos esta eucaristía con ánimo y fe.

2. Primera Lectura          Ecl 1, 2; 2, 21-23

El sabio Cohélet reflexiona acerca de la vanidad del esfuerzo humano. Tras su aparente pesimismo asoma la centralidad de Dios en la vida creyente.

Lectura del libro del  Eclesiastés. ¡Vanidad, pura vanidad!, dice el sabio Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! Porque un hombre que ha trabajado con sabiduría, con ciencia y eficacia, tiene que dejar su parte a otro que no hizo ningún esfuerzo. También esto es vanidad y una grave desgracia. ¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo y todo lo que busca afanosamente bajo el sol? Porque todos sus días son penosos, y su ocupación, un sufrimiento; ni siquiera de noche descansa su corazón. También esto es vanidad.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. Salmo                Sal 89, 3-6. 12-14. 17

R. Señor, Tú has sido nuestro refugio.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos». Porque mil años son ante tus ojos como el día de ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. R.

Tú los arrebatas, y son como un sueño, como la hierba que brota de mañana: por la mañana brota y florece, y por la tarde se seca y se marchita. R.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría. ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…? Ten compasión de tus servidores. R.

Sácianos en seguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida. Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor; que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos. R.

4. Segunda Lectura         Col 3,  1-5. 9-11

San Pablo refuerza la idea anterior: el cristiano es ese hombre nuevo que ya no puede vivir centrado en sí  mismo ni en las cosas mundanas, sino avanzando hacia el conocimiento perfecto de las cosas de Dios.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.  Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la esperanza de ustedes, entonces también aparecerán ustedes con Él, llenos de gloria. Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría. Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquél que avanza hacia el conocimiento perfecto, reno-vándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Aclamación al Evangelio         

Aleluya. Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.

5. Evangelio                         Lc 12, 13-21

La Buena Noticia de hoy viene vestida de parábola. Un hombre rico se ve cegado por el aumento de su riqueza. Escuchemos.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.  Uno de la multitud dijo al Señor: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia». Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?» Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas». Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?” Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Se contraponen hoy las cosas del cielo y las de la Tierra, y se nos llama a ser ricos en las primeras. ¿Qué debo cambiar en mis comportamientos concretos para acoger y seguir esta Buena Noticia del Señor?

6. Oración Universal

M. Oremos, hermanas y hermanos, al Señor que nos invita a ser ricos en las cosas celestiales, y digámosle:

R. Escúchanos, Señor, te rogamos.

1.- Para que en medio de las tentaciones del tener en exceso, del poseer egoísta y del acumular cosas materiales, sepamos valorar los bienes del cielo, oremos. R.

2.- Para que la Iglesia, conducida por el papa Francisco y nuestro obispo N., sea en el mundo testimonio del Reino, oremos. R.

3.- Para que la riqueza de algunos no sea nunca escándalo ante la miseria de muchos, y sepamos compartir nuestros bienes materiales con los más necesitados, oremos. R.

4.- Para que el Señor proteja, acompañe y confirme a quienes han entregado su vida al servicio de la Iglesia y de los hermanos, oremos. R.

(Se pueden agregar otras peticiones de la comunidad)

M. Para ti, Señor, que escuchas nuestras súplicas y acompañas nuestra vida, sean el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos.

Alabanza y Preparación a la Comunión

Para las Asambleas Dominicales en Ausencia del Presbítero (ADAP) y la comunión de enfermos.

M.  Dios nuestro, que en tu infinita bondad acompañas nuestra vida y la renuevas constantemente, acepta nuestra alabanza:

R. Te alaben los pueblos, Señor.

1.- A ti, que has creado el universo y has puesto en el corazón humano el deseo de ti y de todo lo que tú has revelado a lo largo de la historia. R.

2.- A ti que enviaste a tu Hijo Jesucristo a compartir la condición humana, para poder así librarla del pecado y de la muerte. R.

3.- A ti que convocas a tu pueblo para escuchar tu Palabra y alimentarse con el Cuerpo de tu Hijo. R.

4.- A ti que has enviado al Espíritu Santo para vivificar a los discípulos misioneros en su compromiso cotidiano. R.

M. Señor y Dios nuestro, queremos preparar nuestra comunión contigo invocándote con la oración que tu Hijo nos enseñó: Padre nuestro…

Sugerencias de Cantos

Dios trino/ Un niño se te acercó/ Señor, tú eres nuestro pan/ Mi Cuerpo es comida/ Junto a ti, María.

 

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