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Editorial SAN PABLO
 
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San Jerónimo, p. y d. (MO). Blanco.

Tapas Liturgia Cotidiana Septiembre 2013

LUNES 30

San Jerónimo, p. y d. (MO). Blanco.

Leccionario Santoral: 2Tim 3, 14-17; Sal 118, 9-14; Mt 13, 47-52.

Semana 26ª durante el año – Semana II del Salterio. Concluye el mes de la Biblia.

Reseña

Jerónimo nace en Estridón, de Dalmacia el año 332, en una familia acomodada. De joven viaja a Roma para su formación académica. Dicen de él: “Nadie lo aventaja en el arte de escribir”. Lleva una vida piadosa y visita las catacumbas de los mártires, orando ante ellas. Su hobby es viajar. De Tréveris (Alemania) pasa a Aquilea (Italia); luego a Grecia y Asia Menor. Estudia griego hasta dominarlo a la perfección. En Constantinopla traduce las obras de Orígenes y de Eusebio de Cesarea. Es ordenado sacerdote en Antioquía (Turquía), donde se retira al desierto de Calcis, y allí vive en austeridad, ayuno, oración y lágrimas. Estudia hebreo con la ayuda de un monje convertido del judaísmo. Viaja a Roma, y el papa san Dámaso lo hace secretario personal y le encarga la traducción de la Biblia al latín (la Vulgata). Él forma los primeros grupos bíblicos. Fallecido el papa Dámaso, parte para Tierra Santa, con algunas damas de sus círculos bíblicos, y se establece en Belén, donde funda un monasterio que rige como abad. Lleva a cabo una inmensa y profunda obra de exégesis o interpretación de la Biblia. Es suya la frase: “El desconocimiento de la Biblia es desconocimiento de Dios”. Agotado por el trabajo y la austeridad, pasa al gozo de su Señor en el año 420.

LECTURA Zac 8, 1-8

Lectura de la profecía de Zacarías.

La palabra del Señor llegó en estos términos: Así habla el Señor de los ejércitos: Siento un gran celo por Sión y ardo de pasión por ella. Así habla el Señor: Yo he vuelto a Sión; y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén será llamada “Ciudad de la Fidelidad”, y la montaña del Señor de los ejércitos, “Montaña Santa”. Así habla el Señor de los ejércitos: Los ancianos y las ancianas se sentarán de nuevo en las plazas de Jerusalén, cada uno con su bastón en la mano, a causa de sus muchos años. Las plazas de la ciudad se llenarán de niños y niñas, que jugarán en ellas. Si esto parece imposible a los ojos del resto de este pueblo, ¿será también imposible para mí? ?oráculo del Señor de los ejércitos?. Así habla el Señor de los ejércitos: Yo salvo a mi pueblo de los países del oriente, y de los países donde se pone el sol. Los haré volver y habitarán en medio de Jerusalén. Ellos serán mi Pueblo, y Yo seré su Dios, en la fidelidad y en la justicia.

Palabra de Dios.

Comentario: En tiempos de la reconstrucción del Templo y de la comunidad, bien vienen estos cuatro oráculos (“Así habla el Señor”) entregando optimismo al pequeño resto de Israel que había regresado del exilio y seguía esclavo en su tierra. El Señor les promete restablecer la Alianza haciéndolos “su” pueblo y constituyéndose como “su” Dios.

SALMO Sal 101, 16-21. 29. 22-23

R. ¡Reúnanse los pueblos y sirvan al Señor!

Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria: cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella; cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria. R.

Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor: porque Él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo, para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte. R.

Los hijos de tus servidores tendrán una morada y su descendencia estará segura ante ti, para proclamar en Sión el Nombre del Señor y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan los pueblos y los reinos, y sirvan todos juntos al Señor. R.

ALELUIA Mc 10, 45

Aleluia. El Hijo del hombre vino para servir y dar su vida en rescate por una multitud. Aleluia.

EVANGELIO Lc 9, 46-50

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

A los discípulos de Jesús se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe a Aquél que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ése es el más grande». Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes».

Palabra del Señor.

Comentario: Los discípulos estaban lejos de lo que les enseñaba Jesús. Mientras él, poco antes, les había anunciado su muerte, ellos discutían sobre quién sería el más grande. Las ambiciones y las luchas por el poder no condicen el servicio de la vida cristiana. Si es dañino pretender “el poder por el poder” en la vida civil, cuánto más en los seguidores de Jesús.

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