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COMENTARIO DOMINICAL: La nueva moralidad de Jesús

Comentario-Dominical-La nueva moralidad de JesúsJesús postula una moralidad en la que la impureza que aleja de Dios no depende de condiciones externas sino de lo que hay en el corazón del hombre y sus opciones de vida. Para los fariseos, la tradición consistía en las enseñanzas de la Torá y la tradición Oral. Ambas tenían un mismo valor y venían de Dios, pero también creaba tabúes, prejuicios y barreras con relación a los paganos. Por eso los fariseos reprochan a Jesús, porque no tiene derecho a cambiar la tradición ni menos igualarse a Dios.

En tiempos de Jesús, todo lo que se compraba en el mercado debía ser purificado, ya que se creía que estaba contaminado por alguna persona impura, como los paganos (cf. Lev 15). Que los discípulos tomaran los alimentos sin haberse lavado, para Jesús no es algo esencial. El problema no es discernir qué es lo que nos hace puros o impuros, sino qué es lo fundamental para nuestra relación con Dios. Jesús propone los mandamientos como criterio de discernimiento; es decir, todo lo que se opone a ello o limita su cumplimiento es voluntad del hombre. Con frecuencia nos dejamos llevar por lo que es considerado como deseable, necesario, moderno o actual, etcétera. Pero Jesús insiste en que el único punto de referencia válido antes de dejarnos llevar por nuestro egoísmo, en todas sus manifestaciones, es comportarnos no según las normas humanas, sino según la voluntad de Dios.

Jesús llama hipócritas a los fariseos, porque con sus obras se apartan de Dios. Se creen respetuosos de Dios, pero bajo esa apariencia se esconde todo lo oscuro y burdo de su persona. Por eso apunta al corazón del hombre, para que se oriente hacia Dios y no sea un insensato. Esa insensatez es, muchas veces, la que imposibilita hacer las cosas como Dios piensa y quiere, y no a gusto del capricho de cada uno.

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc 7, 6). 

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: ¿Nos quedamos o alejamos de Jesús?

COMENTARIO DOMINICAL: ¿Nos quedamos o alejamos de Jesús?El evangelio de hoy se divide en dos momentos: la crisis y el abandono, y la adhesión del grupo más cercano a Jesús, los Doce. Para la mayor parte de los discípulos, las palabras de Jesús resultan intolerables. Sobre todo, cuando al Señor se le ve como un hombre y más si solo se le acoge desde el sentimiento u emoción. Por eso les recuerda a sus discípulos que no ha hablado como un hombre más, sino como el Hijo del hombre, que ha venido de Dios. Esta palabra es dura. ¿Quién puede escucharla? Lo que dicen los discípulos refleja la situación de la comunidad de Juan hacia fines del siglo I, pues no creían que la Eucaristía –encarnación de Jesús en nuestra realidad– supone y exige que seamos don para los demás; es decir, la gran preocupación que pasa por la comunidad es creer que se puede amar a Dios, pero sin referencia ni caridad al prójimo.

Jesús decepcionó a mucha gente, ya que no buscó la gloria para sí mismo. La realeza de Jesús consiste en donarse hasta agotar la propia vida. Por eso, es necesario que los seguidores de Jesús puedan encarnar en la sociedad, la familia, el trabajo y su entorno esa donación que hizo el propio Jesús. El gran problema que existe para aceptar y asumir esta verdad es que no prestamos atención a la identidad y a la naturaleza de las palabras de Jesús, porque es mayor la falta de fe y de desconfianza hacia su persona.

Luego de que muchos se alejaran de Jesús, la pregunta que le hiciera a sus discípulos también nos interpela hoy: ¿Ustedes también quieren irse? Pedro respondió: ¿A quién iremos, Señor? solo tú… Su respuesta identifica a todos los que, en todos los tiempos y lugares, ven que no hay otro camino, sino el de Jesús, que se encarnó y se hizo pan para la vida de la humanidad. 

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna” (Jn 6, 68). 

P. Freddy Peña T., ssp

La Reflexión Dominical: “El que coma de este pan vivirá eternamente”

La Reflexión Dominical: “El que coma de este pan vivirá eternamente”Las palabras de Jesús sobre la condición para poseer la Vida eterna son explícitas: necesariamente hay que comer su Carne y beber su Sangre. Este lenguaje se aplica directamente a la Eucaristía. Es evidente que la cena eucarística no prescinde de la fe; el comer la Carne del Señor y beber su Sangre demuestra la fe de los cristianos. Así, se siembra en nosotros la semilla de la resurrección, que dará el fruto maduro en el último día.

“La Reflexión Dominical” es un espacio que, a partir del Evangelio del domingo, entrega un mensaje de fe, en la voz del padre Aderico Dolzani, de la SOCIEDAD DE SAN PABLO. Si te interesa difundir estas cápsulas a través de algún medio radial, escríbenos a webmaster@sanpablochile.cl

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús nos lleva al Padre

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús nos lleva al PadreJesús es la propuesta de Dios para crear el mundo nuevo, pero esta es rechazada por las autoridades judías, que quieren un Dios todopoderoso y solucionador de los problemas. No quieren salir del sistema en el cual están cómodamente instalados. Ante la afirmación de Jesús Yo soy el pan bajado del cielo, se preguntan: ¿No es este el hijo de José? ¿Cómo dice que ha bajado…? El ser partícipes del banquete milagroso, como el haber experimentado el poder de Jesús, no ha sido suficiente para admitir su humanidad, familia y origen. Es decir, la humanidad de Jesús es piedra de tropiezo para los líderes; sin embargo, para quienes creen en Jesús, su poder divino descansa en el hombre de Nazareth y en lo que conocemos como el misterio de la encarnación.

Jesús se ha convertido en el punto de referencia para entender quién es Dios y que solo por él se llega al Padre: Nadie va a él, si el Padre no lo atrae… La relación entre el Padre y el Hijo es un vínculo de amor, que solo puede entenderse si se conoce, se ama y se vive como Jesús. Al igual que los líderes judíos, los incrédulos tienden a separar lo divino de lo humano en Jesús. ¡Tanto!, que lo divino pasa a ser algo que está en otra dimensión; o bien lo niegan cuando realmente aquello está tan cercano. Justamente, mientras más humanos, caritativos, compasivos y humildes somos, más comprendemos esa dimensión humana y a la vez divina del propio Jesús.

Asimismo, todo aquel que escuche al Padre y acepte su enseñanza, se adhiere a Jesús. Por tanto, la nueva ley está abierta a la comunidad de los que creen y desean ser discípulos de Jesús. Si los fariseos admitieron la resurrección como fruto de la observancia de la ley, Jesús la garantizó por su adhesión a él, pues la nueva ley que Dios regala a los hombres es con relación a su persona y no otra cosa.

“Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna” (Jn 6, 47). 

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: “Yo soy el Pan de Vida”

COMENTARIO DOMINICAL: "Yo soy el Pan de Vida"Los que siguen a Jesús solo lo buscan como un líder que es capaz de solucionar sus problemas sin tener que responsabilizarse de sus vidas. A la pregunta ¿cuándo llegaste? Jesús no responde y va al punto central de la cuestión, sus motivaciones: “Ustedes me buscan no porque vieron signos, sino porque saciaron su hambre…”. Jesús coloca en un fuerte contraste lo que él quiere dar y lo que los hombres buscan. Él nos ofrece el don de su persona: Yo soy el pan de vida; el que viene a mí…

El pan tiene que ver con la vida y la muerte, pues quien no tiene para comer, muere. Jesús puede dar ese pan y su donación es una promesa que no se compara con ninguna promesa humana, ya que solo él es capaz de saciar la sed de vida. Por eso la pregunta ¿qué debemos hacer para realizar las obras de Dios? manifiesta que aun el pueblo ve los dones de Dios como objeto de una compraventa. Es una visión errada del proyecto de Dios que permanece hasta hoy. Dios no se regala a sí mismo a cambio de observancias, preceptos o ritos. Su proyecto no tiene precio y es impagable. Lo único que nos pide es que creamos en él.

Al creer en Jesús, el hombre se fía de él. Construye y sostiene su vida a partir de él. Sabemos que la fe no es una certeza intelectual, sino la actitud confiada de una relación entre dos, como lo puede llegar a ser una verdadera amistad. Quien se deja cautivar por Jesús alcanza la Vida eterna, que no comienza después de la muerte, sino que se vive ya en el presente. Quizá más de alguno crea que esta aspiración a la Vida eterna es una utopía, pero hay que sacar la idea falsa de que la Vida eterna es una duración vacía, en la que existimos ilimitadamente, sino que esta es, en sí, desde el inicio, comunión con Jesús, y por medio de él con el Padre y con todos los hombres.

“Yo soy el pan de Vida… el que cree en mí jamás tendrá sed” (Jn 6, 34).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, verdadero líder y pastor

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, verdadero líder y pastorLos discípulos regresan de la misión y dan cuenta a Jesús. Hacen una evaluación de trabajo después de una intensa actividad y, como el Maestro, ellos también necesitan retirarse a un lugar solitario. Esto valió para los Doce, pero también para la Iglesia. Ella es responsable de difundir la Buena Noticia y esa responsabilidad no es una limitación de su libertad, sino una exigencia de su lealtad hacia su Señor, y también hacia su feligresía: la tarea es entregar las enseñanzas de Jesús y no otra cosa. La invitación de Jesús exigía para los apóstoles la fatiga y el esfuerzo del servicio. Por eso deja el espacio para el descanso y el reposo. Estos son necesarios para reponerse, de modo que no solo el cuerpo se vea libre de las fatigas, sino que el espíritu alcance el recogimiento. Por estos tiempos, a muchos les es difícil retirarse, hay un gran miedo a estar en silencio y encontrarse consigo mismo. Es más fácil estar en el ruido o en la agitación, donde la vida fluye en la hiperactividad y el frenesí de las horas, los días, los meses. Sin compromisos ni vínculos de ningún tipo.

Sin embargo, Jesús, a pesar del cansancio, no se desentiende de los suyos. No rehúye del compromiso y lleno de compasión se dirige a sus ovejas con su enseñanza y les da de comer. Repite así lo que sucedió en tiempos de Moisés, Dios comunicó al pueblo la Ley, el modo de cómo debían comportarse y les dio el maná, preocupándose de sus vidas. Quien ve a Dios como su Señor, reconoce que debe a él un amor fiel, porque todo lo ha recibido de él; y debido a esa fidelidad, no es Señor de sí mismo.

Por eso, una comunidad va a la ruina cuando sus miembros se dejan llevar por el individualismo, el egoísmo, la corrupción y se convierten en un pueblo que no tiene pastor y no reconoce normas y valores comunes.

“Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció…, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc 6, 34).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús sacia el hambre de todos

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús sacia el hambre de todosLa travesía de Jesús por el mar de Galilea recuerda y supera lo hecho por Moisés en su paso por el mar Rojo. Ahora, Jesús es el líder que distribuye el pan a su pueblo como el maná en el desierto. Galilea es una tierra de gente pobre, despreciada y explotada por las autoridades reinantes, pero a pesar de ello siguen a Jesús y él los conduce, dándoles vida y libertad.

Su intervención en la multiplicación de los panes demuestra que todo comienza en él y, por lo tanto, él posee la capacidad de dar a todos lo necesario para su existencia. Por eso, en el discurso del pan vivo, explica cuál es su verdadero don al que remite el signo de la multiplicación: Si depositamos en él falsas expectativas, seremos decepcionados; al contrario, si acogemos sus dones, él nos llevará a una vida más serena y plena.

Asimismo, la respuesta de Felipe a la pregunta de Jesús, “ni doscientas monedas de plata bastarían…”, responde al prototipo de persona que es incapaz de romper esquemas y estructuras, sea por falta de creatividad o por prejuicios heredados. Felipe cree que la causa del hambre del pueblo es por falta de dinero.

En la actualidad, Felipe representa a aquellas personas que dicen que “el problema del hambre en la humanidad no tiene solución. Siempre será así”. Pero la sensibilidad humana de Andrés, cuyo nombre en griego significa humano, simboliza a aquellas personas que se sirven de los pequeños, pero no está convencido de que el hambre pueda superarse a partir de lo poco que un niño tiene: cinco panes y dos pescados.

Sin embargo, la actitud de Andrés desencadena la novedad de Jesús, que, en su orden de sentar a todos a comer, nos dice que cuando las personas obran con libertad, humanidad y madurez, lo poco se vuelve mucho y hasta sobra.

“Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados” (Jn 6, 11).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: La vocación y misión de la Iglesia

COMENTARIO DOMINICAL: La vocación y misión de la Iglesia“Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa” (Mc 6, 4).

Jesús comienza su itinerario de misión donde los discípulos van aprendiendo quién es él y sus instrucciones son precisas: lleven lo indispensable, una túnica y sandalias; estos han de percibir que no tienen nada y que el mensaje es lo único que importa. Quizás sea la misma sobriedad que nos falta hoy como cristianos en el anuncio: estar dispuestos para el rechazo y las dificultades; ser sobrios en el anuncio sin ostentar exitismos; es decir, estar preparados para el fracaso y sobre todo cuando no se vean los frutos.

Cuando Jesús llama a sus discípulos les da el poder para sanar y expulsar demonios. Por tanto, estamos llamados a comunicar, tanto con palabras como con obras, la realidad y el valor del mensaje de Jesús. No obstante, este mensaje no siempre será acogido, pues, como en todo orden de cosas, siempre encuentra resistencias: la falta de fe, soberbia, indiferencia, egocentrismo o, como dicen por ahí…, todo da lo mismo.

Asimismo, la orden de Jesús de sacudirse los pies era un gesto que rememoraba la antigua costumbre de los israelitas. Estos, al regresar de alguna tierra pagana, se limpiaban el polvo que traían y así rompían o se liberaban de ese sistema de vida. A veces, en la tarea de anunciar el Evangelio, pretendemos que la semilla cale hondo en las personas, pero nos olvidamos de que no depende de nosotros, sino de cuán disponible esté el corazón para acoger a Dios: hay que hacer las cosas como si todo dependiera de nosotros y orar como si todo dependiera de Dios (S. Agustín).

Conscientes de una sociedad cada vez más incrédula del mensaje de Jesús, como dis- cípulos tenemos una gran misión donde no podemos presentarnos como funcionarios de la Palabra de Dios, sino como personas comprometidas, apóstoles y enviados de Dios. No vamos a nombre propio, sino a nombre del Señor.

“Llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros” (Mc 6, 7).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús es rechazado por su pueblo

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús es rechazado por su puebloLa última visita de Jesús a una sinagoga está marcada por la admiración de sus oyentes; no obstante, eso no bastó para afianzar la fe en él, sino que confirmó el rechazo a su persona. En las sinagogas de aquel tiempo cualquier hombre adulto podía leer e inter- pretar las Escrituras; sin embargo, esa facultad solo era monopolio de los doctores de la Ley y de los fariseos. El pueblo estaba obligado a escuchar y a preguntar a ellos lo que era cierto o errado. Ellos tenían la respuesta para todo.

Los habitantes de Nazareth, en su asombro, formulan cuestionamientos a Jesús. La primera serie de preguntas gira en torno a lo que han experimentado y la segunda apela a la memoria de Jesús, su origen y familia. ¿De dónde le viene ese poder? ¿No es este hombre el carpintero, el hijo de María…? Es una pregunta desmoralizante y viciada, pues en aquella cultura, cuando se buscaba despreciar a alguien, bastaba con sustituir el nombre del padre por el de la madre. Los paisanos de Jesús no descubrieron en él nada extraordinario que pudiese catalogarlo como el Mesías de Dios; al contrario, lo consideraron como uno más. Y lo mismo acontece hoy con quienes piensan y actúan como los contemporáneos de Jesús: no creen en Jesús porque lo ven como un hombre del pueblo, el hijo de una mujer común como María, que no frecuentó ninguna universidad y que viene de Nazaret, un lugar insignificante.

El escándalo de la encarnación continúa siendo esa espina en la garganta de muchas personas e incluso cristianos, que aún no “creen” en la capacidad de realizar milagros de Jesús. Allí donde falta la fe, es difícil que Jesús obre portentos. No porque no tenga el poder, sino porque el terreno no es receptivo. Él no cura a nadie que no se abra a él a través de la fe.

“Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa” (Mc 6, 4).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, vencedor de la muerte

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, vencedor de la muerteAnte los episodios de la curación de la mujer hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo, asistimos a la eficacia de lo que significa la confianza en el Señor. Aparecen dos mujeres que han experimentado el dolor y la fragilidad de su condición. Una de ellas, la niña, comienza a reconocer su cuerpo de mujer, en una cultura que a los doce años eran dadas en matrimonio; la mujer hemorroísa padece en su cuerpo una enfermedad que la segregaba por impura y era causa de desprecio. Ha gastado todo lo que tenía, discriminada por no poder quedar embarazada, pero no ha perdido la esperanza. También Jairo espera obtener una ayuda para su hija, que está agonizando, pues los médicos no han logrado curarla.

Sin duda que ante una enfermedad o la muerte sentimos la incapacidad de no poder hacer algo más. Incluso teniendo los medios económicos y con todo el amor que profesamos, solo nos queda, muchas veces, asumir la impotencia. No obstante, he aquí el punto clave: ¿Cuál es la relación entre Jesús y la muerte? Jesús dice a Jairo: No te dejes dominar por el miedo y la desesperación; permanece firme en la confianza y “cree”. Y a la mujer hemorroísa: “Hija, tu fe te ha salvado”.

La acción de Jesús sobrepasa los límites de toda experiencia y actúa como ningún otro hombre puede actuar. No se queda en la lamentación, que es la expresión de la incapacidad humana. Al contrario, él, con sus gestos y palabras, revela su poder y grandeza sobrehumana. Palabras y gestos en los cuales creyó la mujer hemorroísa, incluso el propio Jairo. Ella acaba robando de Jesús esa fuerza misteriosa capaz de curar; él, por su confianza en el Maestro, termina convenciéndose, de que la muerte no tiene la última palabra. Por eso Jesús no acepta el lamento impotente sino la fuerza de su amor, que ordena: “Niña, a ti te hablo, levántate”.

“En seguida la niña… se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro” (Mc 5, 42).

P. Freddy Peña T., ssp

 
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