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Editorial SAN PABLO
 
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COMENTARIO DOMINICAL: Cristo es salvación para sus elegidos

COMENTARIO DOMINICAL: Cristo es salvación para sus elegidosLos discípulos de Jesús se preguntan acerca de la señal que marcará la venida del Hijo del hombre y cuándo sucederá. Por medio de una catequesis sobre el final de los tiempos, el Evangelista prepara a la comunidad cristiana, ya que en esa época existía una preocupación grande por el fin del mundo, se creía que era algo inminente. Ante esa duda, la comunidad aún confía: “Cristo ha triunfado sobre el mal y volverá con gloria, aunque no se sabe cuándo”. Por eso es necesaria la vigilancia y el discernimiento, porque la misión de los discípulos de Jesús, que se prolonga en el tiempo y en el espacio, continuará a pesar de los conflictos y catástrofes de la historia.

Sin desconocer los tiempos en que vivimos donde pareciera ser que el mal sigue teniendo la última palabra sobre el bien, la tendencia es vivir a “mi manera” o “haciendo la mía”, en lo posible, que no me pongan límites y donde todo está permitido; es decir, vivir al margen de Dios. En esta realidad, la venida del “Hijo del hombre” es una luz de esperanza. La expresión Hijo del hombre la usaron los judíos para hablar del hombre en general (cf. Dn 7, 3), hacía alusión a un futuro personaje enviado por Dios, para juzgar a los pecadores e instaurar su Reino. Jesús toma para sí este título, ahora él es el Hijo del hombre, que vino, está presente y vendrá como Señor al final de los tiempos.

El que en la vida terrena no ha permanecido fiel al Hijo del hombre y a sus palabras ni se ha esforzado en vivir en comunión con él, no será obligado y permanecerá donde está, es decir fuera de la comunión. Por eso todo cálculo de cuándo vendrá el Hijo del hombre es estéril. En lugar de desperdiciar tantos momentos hermosos de la propia vida, es mejor poner nuestra confianza incondicional en el designio amoroso de nuestro Padre Dios, que no desampara nunca a sus hijos.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mc 13, 31).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Ver, para imitar a Jesús

COMENTARIO DOMINICAL: Ver, para imitar a JesúsJesús se encuentra con un ciego, que solo a través de su oído y tacto percibe su entorno. La situación del ciego Bartimeo recuerda la de otros ciegos, que viven al margen de la sociedad y dependen de la compasión de otros para sobrevivir. Al percibir que pasaba Jesús, su grito es el único medio para hacerse escuchar, como es también el de los niños cuando quieren algo o de los más débiles para clamar justicia. Al ser llamado, el ciego deja su manto –prenda donde se le echaba la limosna-. Es un signo de ruptura con la sociedad en la que vivía marginado, pues ahora ya no lo necesita. Con Jesús comienza una vida nueva. Pero la sociedad le pide al ciego que se calle. Será la misma que condenará al Señor y que hoy en día sanciona a todo aquel que es un obstáculo para los intereses de quienes ostentan el poder.

A la pregunta de Jesús ¿qué quieres que haga por ti?, la respuesta del ciego es taxativa: “Maestro, que pueda ver”. El Señor vio la fe del ciego y la confirma: “Tu fe te ha salvado”. Bartimeo es el modelo de creyente que mantiene su confianza en Dios a pesar de las contrariedades. Lo reconoce como el Hijo de David enviado por Dios y por eso no se deja intimidar y hace todo lo que está de su parte para llegar hasta Jesús. Actualmente encontramos a otros ciegos, pero no solo de la vista sino del corazón. Son ojos que prefieren no ver todo lo que atañe a Dios, que no pueden percibir quién es y nunca están conformes con lo mucho que Dios da ni menos admiten su deuda pendiente con él.

El ciego sanado presenta un hermoso itinerario para el discipulado: ser conscientes de lo que somos y compasivos: valernos por nosotros mismos siempre será más digno que esperar a que nos den; Jesús puede transformar la vida siempre que se lo permitamos. Por eso es necesario decidirse a romper con ese pasado que nos genera vida y ver el hermoso presente que tenemos.

“Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado’. En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino” (Mc 10, 52).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Servir, imitando a Jesús

COMENTARIO DOMINICAL: Servir, imitando a JesúsSantiago y Juan hacen una petición a Jesús, que para ellos es algo innegable: sentarse uno a la derecha y el otro a la izquierda. Probablemente, ambos pertenecían al partido de los zelotes y esperaban la toma del poder, convirtiéndose en los principales colaboradores del nuevo Rey. La respuesta de Jesús se reduce a… “No saben lo que piden…”; estos aún no entienden lo que implica su misión. Ser discípulo de Jesús significa correr la misma suerte que el Maestro, es decir, no caben los privilegios, honra o mérito, porque la búsqueda de este “reconocimiento” por parte de la clase dominante fue lo que llevó a Jesús a la muerte.

El seguimiento a Jesús es tarea fatigosa y exigente. Por lo tanto, el que quiera pertenecer a él, ha de estar dispuesto a aceptar sus enseñanzas e imitar sus acciones con todas sus consecuencias. Por tanto, todo discípulo de Jesús debe tomar conciencia de que el camino del discipulado también tendrá un “cáliz” y un “bautismo”. Deberán estar preparados a ser rechazados e incomprendidos y a no ir por donde el común de la sociedad va.

La búsqueda de poder por parte de Santiago y Juan traería descontento a los otros discípulos. Toda búsqueda de privilegios o poder siempre crea y seguirá generando conflictos en la sociedad. El poder no asumido con servicio termina dividiendo y discriminando. Por eso Jesús sintetiza: “el que quiera ser grande…”; es decir, es imposible ser discípulo de aquel que sirve y negarse a servir. Cuántas veces nos cuesta entender el sacrificio de Jesús, que vino para servir sin pensar en sí mismo hasta rescatar al hombre de su perdición. La palabra rescate (lytron, en griego) muestra cuál fue el sentido de la muerte de Jesús. Por tanto, la dimensión poder-servicio hizo que todos seamos servidores unos de otros; este es, verdaderamente, el poder que redime a la nueva sociedad.

“El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes” (Mc 10, 43).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Amar en la perspectiva de Dios

COMENTARIO DOMINICAL: Amar en la perspectiva de DiosJesús es interpelado con una pregunta capciosa y sale del entrevero con una novedad radical, que está por sobre lo que Moisés ordenó (Deut 24, 1-3), pues solo el hombre tenía derecho a divorciarse y debía otorgar un documento a su mujer para que pudiera casarse nuevamente. Pero la mujer no tenía esta prerrogativa. En este contexto, quienes deseaban seguir a Jesús debían lidiar con una sociedad permisiva y discriminatoria, representada por los fariseos. De hecho, la interpretación farisea de la ley no pone en discusión el derecho que el hombre tenía de divorciarse sino en qué circunstancias y por qué razones lo hace.

La ley de Moisés se redactó por el endurecimiento del corazón de su pueblo, pero la novedad de Jesús sitúa el matrimonio en la mirada unificadora de Dios. Hombre y mujer forman una unidad corpórea e indisoluble mucho más fuerte que los lazos de sangre.

Dice Jesús: “El que se divorcie de su mujer y se case con otra comete adulterio…”, lo mismo vale para la mujer. Por tanto, la responsabilidad de la separación es igual para el marido y la mujer, poniéndolos en igualdad de condiciones. Sabemos que nuestra sociedad vive situaciones muy particulares al respecto y cada caso de divorcio es doloroso, difícil y único. Antes de casarse nadie pensaría en una separación, pero en la convivencia diaria lo idílico, amoroso y tierno pasa ?razones hay muchas?, pero es evidente que ni el amor, el diálogo o la fe han sido suficientes para continuar juntos. Entonces, como se dice siempre, se apela a eso de que “se acabó el amor”.

La novedad de Jesús permitió una nueva forma de entender y asumir responsabilidades en el matrimonio, como también que este era para toda la vida. Lástima que aún esa novedad no cale hondo en quienes juran amarse hasta la muerte, ya que no terminan de entrar en la perspectiva amorosa de cómo Dios lo piensa y quiere.

“Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” (Mc 10, 9).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: El nombre de Jesús no se monopoliza

Comentario-Dominical-3009Jesús les da las instrucciones a los Doce y, al mismo tiempo, describe la vida que nos lleva a Dios. Pero desvirtuamos el Evangelio cuando pensamos que lo que nos ofrece es un gozo leve y superficial, diciéndonos lo que nos gusta escuchar, y asegurándonos de que no debemos equivocarnos en nada. Jesús explica cómo habrán de comportarse los discípulos con aquellos que no pertenecen al grupo, con los pequeños y con ellos mismos. Su respuesta es muy clara: “no se lo prohíban…”, pues su misión es liberar a las personas de toda alienación u opresión; por lo tanto, si no han podido expulsar a los demonios, entonces no hay por qué impedírselo a otros. Probablemente, esa negativa denota un sesgo de envidia e incapacidad por no haber cumplido el mandato.

La invitación de Jesús siempre será la misma: no cerrarnos en los propios criterios, tener una mentalidad más abierta y rechazar esa obsesión enfermiza de ver enemigos por todas partes. A veces, por estas cosas, corremos el riesgo de escandalizar a los más pequeños, y por estos Jesús siente una especial predilección. En el escándalo se juega nuestra comunión con Dios porque nos puede llevar al pecado y a la pérdida de la fe. Por eso, Jesús termina siendo duro cuando señala que es mejor cortar algún miembro si este termina siendo ocasión de pecado. Para la mentalidad judía, la mano, el pie o el ojo eran la sede de los impulsos pecaminosos que anulan la comunión con Dios. Es decir, no se trata de mutilarse literalmente para entrar en esa comunión, sino de eliminar la raíz de todo aquello que nos separa de Jesús.

Si, con penosos esfuerzos y caídas, nos decidimos por la unión con Cristo y nos esforzamos a permanecer fieles a esta unión, entonces entraremos a la Vida eterna, pues esta no es otra cosa que vivir en la presencia imperecedera con Jesús.

“Pero Jesús les dijo: ‘No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí’” (Mc 9, 39). 

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: La nueva moralidad de Jesús

Comentario-Dominical-La nueva moralidad de JesúsJesús postula una moralidad en la que la impureza que aleja de Dios no depende de condiciones externas sino de lo que hay en el corazón del hombre y sus opciones de vida. Para los fariseos, la tradición consistía en las enseñanzas de la Torá y la tradición Oral. Ambas tenían un mismo valor y venían de Dios, pero también creaba tabúes, prejuicios y barreras con relación a los paganos. Por eso los fariseos reprochan a Jesús, porque no tiene derecho a cambiar la tradición ni menos igualarse a Dios.

En tiempos de Jesús, todo lo que se compraba en el mercado debía ser purificado, ya que se creía que estaba contaminado por alguna persona impura, como los paganos (cf. Lev 15). Que los discípulos tomaran los alimentos sin haberse lavado, para Jesús no es algo esencial. El problema no es discernir qué es lo que nos hace puros o impuros, sino qué es lo fundamental para nuestra relación con Dios. Jesús propone los mandamientos como criterio de discernimiento; es decir, todo lo que se opone a ello o limita su cumplimiento es voluntad del hombre. Con frecuencia nos dejamos llevar por lo que es considerado como deseable, necesario, moderno o actual, etcétera. Pero Jesús insiste en que el único punto de referencia válido antes de dejarnos llevar por nuestro egoísmo, en todas sus manifestaciones, es comportarnos no según las normas humanas, sino según la voluntad de Dios.

Jesús llama hipócritas a los fariseos, porque con sus obras se apartan de Dios. Se creen respetuosos de Dios, pero bajo esa apariencia se esconde todo lo oscuro y burdo de su persona. Por eso apunta al corazón del hombre, para que se oriente hacia Dios y no sea un insensato. Esa insensatez es, muchas veces, la que imposibilita hacer las cosas como Dios piensa y quiere, y no a gusto del capricho de cada uno.

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc 7, 6). 

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: ¿Nos quedamos o alejamos de Jesús?

COMENTARIO DOMINICAL: ¿Nos quedamos o alejamos de Jesús?El evangelio de hoy se divide en dos momentos: la crisis y el abandono, y la adhesión del grupo más cercano a Jesús, los Doce. Para la mayor parte de los discípulos, las palabras de Jesús resultan intolerables. Sobre todo, cuando al Señor se le ve como un hombre y más si solo se le acoge desde el sentimiento u emoción. Por eso les recuerda a sus discípulos que no ha hablado como un hombre más, sino como el Hijo del hombre, que ha venido de Dios. Esta palabra es dura. ¿Quién puede escucharla? Lo que dicen los discípulos refleja la situación de la comunidad de Juan hacia fines del siglo I, pues no creían que la Eucaristía –encarnación de Jesús en nuestra realidad– supone y exige que seamos don para los demás; es decir, la gran preocupación que pasa por la comunidad es creer que se puede amar a Dios, pero sin referencia ni caridad al prójimo.

Jesús decepcionó a mucha gente, ya que no buscó la gloria para sí mismo. La realeza de Jesús consiste en donarse hasta agotar la propia vida. Por eso, es necesario que los seguidores de Jesús puedan encarnar en la sociedad, la familia, el trabajo y su entorno esa donación que hizo el propio Jesús. El gran problema que existe para aceptar y asumir esta verdad es que no prestamos atención a la identidad y a la naturaleza de las palabras de Jesús, porque es mayor la falta de fe y de desconfianza hacia su persona.

Luego de que muchos se alejaran de Jesús, la pregunta que le hiciera a sus discípulos también nos interpela hoy: ¿Ustedes también quieren irse? Pedro respondió: ¿A quién iremos, Señor? solo tú… Su respuesta identifica a todos los que, en todos los tiempos y lugares, ven que no hay otro camino, sino el de Jesús, que se encarnó y se hizo pan para la vida de la humanidad. 

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna” (Jn 6, 68). 

P. Freddy Peña T., ssp

La Reflexión Dominical: “El que coma de este pan vivirá eternamente”

La Reflexión Dominical: “El que coma de este pan vivirá eternamente”Las palabras de Jesús sobre la condición para poseer la Vida eterna son explícitas: necesariamente hay que comer su Carne y beber su Sangre. Este lenguaje se aplica directamente a la Eucaristía. Es evidente que la cena eucarística no prescinde de la fe; el comer la Carne del Señor y beber su Sangre demuestra la fe de los cristianos. Así, se siembra en nosotros la semilla de la resurrección, que dará el fruto maduro en el último día.

“La Reflexión Dominical” es un espacio que, a partir del Evangelio del domingo, entrega un mensaje de fe, en la voz del padre Aderico Dolzani, de la SOCIEDAD DE SAN PABLO. Si te interesa difundir estas cápsulas a través de algún medio radial, escríbenos a webmaster@sanpablochile.cl

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús nos lleva al Padre

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús nos lleva al PadreJesús es la propuesta de Dios para crear el mundo nuevo, pero esta es rechazada por las autoridades judías, que quieren un Dios todopoderoso y solucionador de los problemas. No quieren salir del sistema en el cual están cómodamente instalados. Ante la afirmación de Jesús Yo soy el pan bajado del cielo, se preguntan: ¿No es este el hijo de José? ¿Cómo dice que ha bajado…? El ser partícipes del banquete milagroso, como el haber experimentado el poder de Jesús, no ha sido suficiente para admitir su humanidad, familia y origen. Es decir, la humanidad de Jesús es piedra de tropiezo para los líderes; sin embargo, para quienes creen en Jesús, su poder divino descansa en el hombre de Nazareth y en lo que conocemos como el misterio de la encarnación.

Jesús se ha convertido en el punto de referencia para entender quién es Dios y que solo por él se llega al Padre: Nadie va a él, si el Padre no lo atrae… La relación entre el Padre y el Hijo es un vínculo de amor, que solo puede entenderse si se conoce, se ama y se vive como Jesús. Al igual que los líderes judíos, los incrédulos tienden a separar lo divino de lo humano en Jesús. ¡Tanto!, que lo divino pasa a ser algo que está en otra dimensión; o bien lo niegan cuando realmente aquello está tan cercano. Justamente, mientras más humanos, caritativos, compasivos y humildes somos, más comprendemos esa dimensión humana y a la vez divina del propio Jesús.

Asimismo, todo aquel que escuche al Padre y acepte su enseñanza, se adhiere a Jesús. Por tanto, la nueva ley está abierta a la comunidad de los que creen y desean ser discípulos de Jesús. Si los fariseos admitieron la resurrección como fruto de la observancia de la ley, Jesús la garantizó por su adhesión a él, pues la nueva ley que Dios regala a los hombres es con relación a su persona y no otra cosa.

“Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna” (Jn 6, 47). 

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: “Yo soy el Pan de Vida”

COMENTARIO DOMINICAL: "Yo soy el Pan de Vida"Los que siguen a Jesús solo lo buscan como un líder que es capaz de solucionar sus problemas sin tener que responsabilizarse de sus vidas. A la pregunta ¿cuándo llegaste? Jesús no responde y va al punto central de la cuestión, sus motivaciones: “Ustedes me buscan no porque vieron signos, sino porque saciaron su hambre…”. Jesús coloca en un fuerte contraste lo que él quiere dar y lo que los hombres buscan. Él nos ofrece el don de su persona: Yo soy el pan de vida; el que viene a mí…

El pan tiene que ver con la vida y la muerte, pues quien no tiene para comer, muere. Jesús puede dar ese pan y su donación es una promesa que no se compara con ninguna promesa humana, ya que solo él es capaz de saciar la sed de vida. Por eso la pregunta ¿qué debemos hacer para realizar las obras de Dios? manifiesta que aun el pueblo ve los dones de Dios como objeto de una compraventa. Es una visión errada del proyecto de Dios que permanece hasta hoy. Dios no se regala a sí mismo a cambio de observancias, preceptos o ritos. Su proyecto no tiene precio y es impagable. Lo único que nos pide es que creamos en él.

Al creer en Jesús, el hombre se fía de él. Construye y sostiene su vida a partir de él. Sabemos que la fe no es una certeza intelectual, sino la actitud confiada de una relación entre dos, como lo puede llegar a ser una verdadera amistad. Quien se deja cautivar por Jesús alcanza la Vida eterna, que no comienza después de la muerte, sino que se vive ya en el presente. Quizá más de alguno crea que esta aspiración a la Vida eterna es una utopía, pero hay que sacar la idea falsa de que la Vida eterna es una duración vacía, en la que existimos ilimitadamente, sino que esta es, en sí, desde el inicio, comunión con Jesús, y por medio de él con el Padre y con todos los hombres.

“Yo soy el pan de Vida… el que cree en mí jamás tendrá sed” (Jn 6, 34).

P. Freddy Peña T., ssp

 
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