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Editorial SAN PABLO
 
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COMENTARIO: Jesús es la Buena Noticia

JJesus es la Buena Noticiauan se presenta como el testigo de la luz y resulta paradójico que esa luz necesite de un testigo. En algunos ambientes de Palestina, Juan Bautista era considerado como el verdadero Mesías y así lo entendieron algunas comunidades primitivas (joánicas), que negaban la mesianidad de Jesús. El testimonio de Juan acerca de Jesús suscitaba adhesión y anhelos de conocer a Dios.

Jesús es la luz que resplandece para todo el género humano, pero para muchos esa luz por momentos se esconde y cuesta verla. Él no se impone, no hace violencia ni fuerza a nadie. Él es la luz que exige la libre decisión del hombre y no deja estéril la opción por su persona. Juan, como buen precursor, es el profeta que sensibiliza con su palabra y alecciona con sus actos, no para adquirir honores, sino para denunciar lo que estaba errado y proclamar lo que permanecía oculto: Jesús.

Ante la humanidad, que se siente perdida y sin sentido, la figura de Jesús cada vez apasiona menos. Es más fácil ir donde los gurúes de turno, porque se presentan más actuales y postulan un modo de vivir sin muchas exigencias, donde todo está permitido. Es decir, hoy le eres infiel a tu marido o a tu esposa, “¿por qué no? si te hace bien”; te hartaste de ser honesto, entonces no pagues la cuenta, “si todos lo hacen ¿por qué no?”.

Queremos caminar por la luz, pero siempre y cuando no tengamos que pagar un precio por ello. Hoy se puede vivir en la falsa esperanza de que seguimos a Cristo luz, pero gran parte del mundo creyente basa su fe en ideologías idolátricas, que se apoyan en el dinero, en el prestigio o en otras cosas, que no tienen nada que ver con la Buena Noticia que nos anuncia Juan Bautista.

“Y él les dijo: Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor”. Jn 1, 23. 

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Preparar el camino al Señor 

postal_21Por medio de una catequesis a las primeras comunidades cristianas, el evangelio de hoy nos muestra “quién es Jesús” y cómo podemos constatar la Buena Noticia que él es. Juan Bautista prepara la venida del Señor, no la de otro profeta por muy grande que fuera. Su bautismo era la señal que preparaba a las personas para la aceptación de aquella novedad: Jesús, que los invitaba a reflexionar sobre su relación con Dios y la necesaria conversión.

Con frecuencia los seres humanos tendemos a alejarnos de Dios y preferimos aferrarnos a las personas o cosas que colocar a Dios mismo en el centro de nuestro corazón. Centramos nuestras expectativas de vida, intereses y esperanzas en afectos desmedidos, que la mayor de las veces nos traen desilusión y tristeza.

Cuando Juan llama a la conversión nos interpela diciendo: ¿Quién es tu Dios? ¿Qué es lo que ocupa el centro de tu vida? La conversión nos reconduce a Dios y nos dice que en el bautismo hay espacio para la misericordia ¡Este es el gran grito del Adviento! Si alguien está en tinieblas y en sombras de muerte; si alguien perdió la amistad con Dios y no sabe cómo volver a él, ahora es el tiempo de regresar. Es ahora el tiempo de dejar a Dios que entre y habite en nuestro corazón para vivir como él vivió.

Juan Bautista pudo preparar a muchos para la conversión y el bautismo para anunciar a aquel que da el Espíritu Santo; pero solo Dios mismo y el Hijo de Dios pueden comunicarnos su Espíritu. Por medio de él, somos testigos de lo que significa vivir en comunión con Dios.

“Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo…”. Mc 1, 8. 

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Crecer en la esperanza 

Crecer en la esperanzaExperimentar qué significa este tiempo del Adviento es como observar a una mujer embarazada, todo su ser se va transformando en función de la esperanza que lleva consigo y también su entorno familiar vive una alegría por el nuevo ser que palpita y va a nacer. Como discípulos de Jesús, conmemoramos su cumpleaños y, con la misma ilusión, la expectativa de su segunda venida.

Jesús compara la situación de los discípulos con los criados a quienes el Señor, antes de partir, ha confiado lo que tiene sin saber cuándo regresará. A veces tenemos la impresión de sentirnos solos, como si Dios no estuviera; pero él nos ha dejado su Palabra y nos ha dicho cómo debemos comportarnos para hacer buen uso de sus bienes. Es cierto que por momentos nos invade una sensación de que a Dios, para bien o para mal, no le preocupa este mundo; sin embargo, este ocultamiento de Dios nos puede llevar a una valoración equivocada de cuánto él nos ama.

Como creyentes, confiamos en que el Señor volverá, pero también dudamos durante la espera. Sería más fácil dar rienda suelta a todo cuanto se nos ocurra sin ningún tipo de culpa. Pero Jesús nos invita a estar vigilantes, para no permanecer en una actitud pasiva de esperanza y para perseverar en una acción concreta de quien se siente responsable, junto con otros, de los bienes que Dios nos ha confiado.

Testimoniar la acción y la presencia de Dios es la mejor actitud vigilante. El proyecto de Dios es libertad y vida para todos. Podemos “desanimarnos”, rehuyendo a los compromisos cuando la victoria sobre la injusticia y la muerte parece imposible; o bien, cautivarnos por las palabras y acciones de Jesús, si nos acercamos a él confiados, gozosos y en vigilante espera.

“Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa…”. Mt 13, 35.

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: CRISTO REY DEL UNIVERSO 

CRISTO REY DEL UNIVERSODios nos ha confiado la urgencia de instaurar y promover su Reino de justicia. Pero a veces se administra como a quien se le da la gana o actuamos como “inquilinos” de un lugar, al cual se desatiende sin importar qué cuidados necesita. En el Reino de Jesús, toda ayuda al prójimo es como si se le hiciera a él mismo. Él no quiere ni apagar nuestra curiosidad ni suscitar nuestro miedo; lo que desea es fomentar un comportamiento sobrio y orientado hacia una vida como la describe en las Bienaventuranzas.

Para los incrédulos es impensable un juicio como ajuste de cuentas; sin embargo, Jesús señala quiénes actuaron conforme a la justicia del Reino. En el día del juicio, separará a los justos de los injustos; esta “separación” no busca atemorizar a nadie, sino que es la verdad de sus palabras al considerar “felices” a quienes lucharon por la justicia de Dios sin hacer la propia. Los que renunciaron a ser llamados “benditos de mi Padre”, coronaron su vida presente de muy buenas intenciones por otras tantas buenas razones para justificar sus faltas de amor.

El juicio final es la revelación última del sentido de nuestras acciones a favor o en contra del Reino de Jesús. Nadie puede pretender “no pasar” por él. Cada uno será juzgado según el criterio que Jesús establece y a cada uno le presentará su destino eterno. Ese “criterio” será en nombre de la caridad. Por eso, los necesitados no pueden identificarse por sí mismos con Jesús; es él quien se identifica con ellos. Porque detrás de cada hombre pequeño y débil, está Jesús para mostrar la fragilidad humana, que se traduce en misericordia y solidaridad sobre aquellos que hoy nos dicen: porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer.

“Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino…”. Mt 25, 34. 

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Luchar por la justicia del Reino 

parabola-de-los-talentosA veces constatamos que hay personas que con muy poco han hecho de su vida una virtud; en cambio otros, teniendo mucho, han perdido el gozo y la alegría de vivir. Jesús, a través de la conducta de quienes hicieron fructificar sus dones, nos hace ver de qué manera tomamos una actitud de vida más arriesgada y positiva; y por aquel que no hizo nada, nos advierte de qué forma uno se puede arruinar la vida por la soberbia y el egoísmo.

El patrón de la parábola es el propio Dios, él confió sus bienes a cada uno según su capacidad. ¿Qué nos confió?: la propagación de su Reino. Él nos muestra cómo deben comportarse los que se sienten responsables del Reino de justicia.

El mundo de hoy está acostumbrado a evaluar a las personas según la posición que ocupan en la sociedad, en la Iglesia o por “algo” que poseen para obtener algún beneficio. En cambio, Jesús llama “siervo bueno y fiel” a todos los que lo imitan de corazón; y “siervo malvado” a todo aquel que reconociéndose en dependencia, con su patrón, no se le somete confiada y diligentemente.

Al siervo malvado lo abrumó el miedo al riesgo y la búsqueda de la seguridad. Es más fácil y cómodo quedarte sin hacer nada que arriesgarte a ser criticado y rechazado por una causa o persona. Jesús nos anima a ser buenos servidores y, en ese sentido, el siervo malvado pudo haber dicho a Jesús: ¿Por qué no fructificó otro mis dones? La respuesta parece evidente, pero en esto se refleja la “grandeza” y la “fragilidad” de Dios. La grandeza, porque él nos confía sus bienes; y la fragilidad, porque aun sabiendo cómo somos, Dios continúa fiándose de nosotros aunque la más de las veces corre el riesgo de perder.

“…A quien tiene, se le dará más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”. Mt 25, 29. 

P. Fredy Peña T., ssp 

COMENTARIO DOMINICAL: Hacer lo que Dios nos pide

evangelio_191Jesús se muestra como el novio de una fiesta de bodas. La novia esperaba en su casa al novio, pero no tenía una hora fija para regresar. En la parábola, el novio se presenta a una hora inusitada y mientras tanto hay que “vigilar”. En esa vigilia, lo esencial de la espera no estaba en que las vírgenes estuvieran despiertas, sino en que sus lámparas tuvieran el aceite necesario para iluminar la llegada del novio.

Según la enseñanza rabínica, el aceite es símbolo de las acciones de justicia, que vamos acumulando de acuerdo con el comportamiento de los hijos de Dios. Así nos jugamos la entrada a la vida con Dios, que puede ser alcanzada por la sensatez, pero también ser perdida por la estupidez.

Con la parábola de las vírgenes prudentes, Jesús ejemplifica cómo se ha de plasmar una vida coherente con su persona; en cambio, con las vírgenes necias, muestra otra totalmente desarraigada de los criterios del Evangelio como: faltar a la verdad, fingir afecto, perpetuar el ego, hacer lo que quiero, etcétera. Es en esta actitud de vida que nos decidimos por el Reino de Dios y vamos descubriendo qué es tener buen juicio, como también no tenerlo. El buen juicio o la locura dependen de la conciencia que tengamos de la justicia de Dios y su práctica.

La segunda venida de Jesús no significa que debamos estar siempre vigilantes y tensos, pensando cuándo vendrá. Al igual que las vírgenes necias, no basta que nos interesemos por él solo cuando nos conviene. A Dios debemos darnos con todo el corazón y ser solícitos a su voluntad. Vivimos un tiempo de espera donde vamos llenando nuestras lámparas, con el aceite del amor, para que la muerte ?corona de nuestra vida? nos introduzca en la fiesta de bodas que no termina.

“Las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta”. Mt 25, 10. 

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: No busquen ser “reconocidos” 

bread of life ldsdotorgJesús les demuestra a sus discípulos que los escribas y fariseos se presentan como los únicos intérpretes de Moisés y promueven una religión de lo puro y lo impuro, “ensanchan sus filacterias…” (cajas negras de pergamino con enseñanzas de la ley) durante la oración de la mañana. Los judíos las llevaban como signo de personas comprometidas con el proyecto de Dios, pero que no incidía en un compromiso sincero.

Cuando Jesús dice que a nadie se debe llamar padre o maestro, no lo tomemos al pie de la letra. Él no quiere restringir el uso lingüístico externo, sino la actitud interior; es decir, quien se autoacredita con autoridad de maestro, se desautoriza a sí mismo y desacredita sus enseñanzas, si sus palabras y hechos se contradicen.

Jesús pone en evidencia un comportamiento falso de las autoridades de la época: Proponen una serie de “enseñanzas”, pero en su conducta no consideran lo esencial: “la justicia, la misericordia y la fidelidad”. No hacen el bien por amor a Dios sino para ser vistos por los hombres y solo satisfacer su ego personal.

En una sociedad individualista como la nuestra, este tipo de actitudes erróneas terminan por destruir cualquier institución o comunidad. Toda forma de diversidad y de superioridad comporta el peligro de ser realzada para figurar y encaramarse sobre los demás, si no es bien encausada. A veces se dan estas pretensiones y son vulneradas por aquellos que usan la propia misión de maestro para ensalzar su persona. La pretensión de ser reconocidos siempre es más fuerte. Los discípulos de Jesús han de enseñar pensando en su relación con él, reconociéndose y comportándose como hermanos de igual dignidad, antes de que se les llame “maestro”.

“El más grande entre ustedes será el que los sirva…” Mt 23, 11.

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: El desafío de la ley del amor 

Captura de pantalla 2017-10-25 a la(s) 16.53.17A los contemporáneos de Jesús lo que más sorprendió ante la pregunta sobre cuál es el mandamiento más importante, no fue lo dicho al principio, sino como terminó: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús sabía que los fariseos eran observantes rigurosos de la ley. De sus 613 mandamientos, con 365 prohibiciones y 248 prescripciones dependía su relación con Dios. Para los fariseos el pueblo era considerado maldito por el solo hecho de no conocer la Palabra de Dios. Jesús, en cambio, vive entre el pueblo, no lo desprecia ni participa de la vida de las élites y práctica la auténtica caridad.

¿Qué es lo que Dios espera del hombre y qué debe hacer el hombre para que el sentido de su vida se vea cumplido? La pregunta pone a prueba nuestra libertad y el cómo nos comportarnos. La respuesta de Jesús nos ilumina el camino: para él no puede haber verdadero amor a Dios sin amor al prójimo, como tampoco puede haber amor al prójimo sin amor a Dios.

Muchas veces, aun con la gente a la que amamos, nos molestamos cuando buscamos un poco de paz y nos invaden nuestro espacio, nos interrumpen cuando hablamos o nos cambian de canal la TV cuando estamos viendo lo que nos gusta. Si la fe en Dios solo consistiera en ir a la Iglesia, rezar y dar gracias a Dios por sus favores, sería una experiencia fácil y agradable.

No existe, por tanto, como postulaban los fariseos, un amor a Dios y otro al prójimo. No podemos decir amar a Dios si solo amamos a quienes nos caen bien, pues eso también lo hacen los que no creen en Dios. Encontrar el justo equilibrio en nuestros corazones de cómo expresamos el amor al prójimo es el gran desafío como cristianos. La gran tentación de nuestra era es continuar con la tendencia farisaica de separar el amor de Dios y de no practicar la caridad con quienes son una verdadera cruz: Este es el más grande y el primer mandamiento.

“El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Mt 22, 39. 

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Dar a Dios lo que es de Dios

Captura de pantalla 2017-10-20 a la(s) 15.14.23Mientras Jesús estuvo en Jerusalén, la confrontación entre él y los fariseos junto con los del partido de los heredianos era rutina. Los del partido de Herodes apoyaban la dominación de los romanos en Palestina y los fariseos, no comprometiéndose mucho con el poder de turno, se mantenían al margen, siendo fieles a Dios y a la ley, pero sin molestar al Emperador.

La pregunta acerca del impuesto al César era distinta a muchas preguntas que le hicieran en otras oportunidades a Jesús. Aquellas se relacionaban con la ley o el amor al prójimo. Esta vez, la pregunta es de carácter político y se desprende de la situación de dependencia, por parte del poder romano, sobre el pueblo de Dios. Un signo de ese dominio era el impuesto que debían pagar, que correspondía a un denario de plata, moneda romana.

¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? Jesús sabe que si dice que “sí” al impuesto, se ganará el odio del pueblo; si dice que “no”, será acusado de rebelde. Al ver la trampa que le han tendido, sentencia: “Den al César lo que es del César y a Dios…”. La intención de Jesús no fue insultarlos sino inquietarlos. Pero lo interesante de la pregunta no está en esto, sino en su respuesta: dar a Dios lo que es de Dios.

Jesús no nos obliga a nada; al contrario, busca en nosotros amor genuino, como el suyo, sin egoísmos. Quienes le hicieron la pregunta creían que la religión era nada más que una observancia exterior. Con sus actos, estaban levantando una pared de separación; ellos por un lado y por otro Dios y su pueblo.

Devolver al César lo que le pertenece equivale a decir no a todo poder que se absolutiza causando explotación y dominación. “Dar a Dios lo que es de él” es luchar para que todos alcancen la libertad y la vida. Como creyentes, ¿con qué cara de la moneda nos quedamos? ¿Vamos a dar a Dios lo que le pertenece?

“Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”. Mt 22, 21.

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Invitados a un gran banquete 

Captura de pantalla 2017-10-13 a la(s) 11.44.48No es de extrañar que Jesús jamás se rehusara o rechazara una invitación a comer, ni menos que le importara quiénes lo iban a agasajar. Esta actitud sincera le trajo más de algún problema. Los que lo criticaban no entendían que sanara a pecadores y comiera con ellos. En las comidas, Jesús constató que el símbolo de nuestra unión final con él era el vínculo del amor.

La parábola de la boda recuerda la alianza de Dios con su pueblo y participar en ella implica comprometerse con la práctica de la justicia. Los invitados que se excusaron son los líderes del pueblo y los primeros responsables de una sociedad que no es justa ni fraterna. Suelen tener una delicadeza muy fina para eludir los compromisos y manipular las cosas a su gusto. En este banquete real quien no esté con el traje de fiesta adecuado no podrá entrar. Ese traje era el nombre que se le daba al vestido del novio, y particularmente al de la novia. En el lugar de la novia estamos representados todos los creyentes que queremos vestir el traje de la justicia.

Jesús nos invita a su mesa para una comunión gozosa. Si decimos que “no”, podremos ser personas exitosas y obtener todo en la vida. Pero ese “no”, clausura toda posibilidad de vivir en la alegría y en el amor de los hijos de Dios. Comportarnos de modo irracional, desatendiendo la llamada de Dios, nos lleva a una vida sin sentido y vacía.

Cuando la llamada de Dios deja a pocos escogidos es porque no estamos preparados para la comunión con él. La expresión “muchos son los llamados…” no pretende entregar el número de los que alcanzan la meta ni tampoco es para desalentar y caer en la resignación, sino que es una advertencia a no jactarnos de nuestras seguridades; y Jesús quiere abrir nuestros ojos. Su visión hace posible en nosotros aquel obrar con el que ganamos el traje para la boda.

“Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos” Mt 22, 14.

P. Fredy Peña T., ssp

 
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