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Editorial SAN PABLO
 
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COMENTARIO DOMINICAL: Ser generosos como Dios

COMENTARIO DOMINICAL: Ser generosos como DiosJesús se dirige a sus discípulos y les hace ver las exigencias que implica seguirlo. Según la costumbre de la época, el administrador podía dar préstamos con los bienes de su señor; como no era remunerado, este se pagaba aumentando, en el recibo, la cuantía de los préstamos. Luego, a la hora del reembolso, se quedaba con la diferencia como parte de su beneficio. La enseñanza de la parábola del administrador infiel sirve para discernir no solamente el uso insensato o sensato de los bienes, sino también la “administración” concreta de la propia vida.

El administrador infiel, conocedor de su oficio, termina por ser elogiado y, más aún, invita a obrar como él. Este pudo entender que los bienes materiales se han de manejar por lo que son, es decir, según su naturaleza, que es la de ser un “don”. El cambio radical que hace el administrador infiel se traduce en una mutua ayuda y participación. Atrás quedó la mirada egoísta y avara de la acumulación para desistir de toda ganancia; y no solo eso, se hace de amigos que, tarde o temprano, le devolverán la mano.

En una sociedad consumista como la nuestra, urge ser más desprendidos, como el administrador infiel, que pudo deshacerse de lo ilícito y de lo lícito con tal de ganar una conciencia tranquila y mejorar sus relaciones, pues se privó de lo que era suyo para beneficiar a otros. Por eso el discípulo de Jesús que no es generoso, que no sabe compartir, no es digno de confianza y no puede decidirse por el Señor, porque los bienes son un don de Dios que demandan solidaridad y no atesoramiento.

Esa astucia realizada por el administrador infiel es la sabiduría que muchas veces falta a los hijos de la luz, porque capacita a todo creyente a una nueva forma de vincularse: no desde la mirada egoísta sino desde la donación y la misericordia.

“Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro” (Lc 16, 13).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Dios rechaza el pecado, no al pecador

COMENTARIO DOMINICAL: Dios rechaza el pecado, no al pecadorLa parábola de este domingo en tres escenas es única, puesto que Dios se presenta como el padre tierno, misericordioso, muy distinto a la imagen de Dios “padre patrón” que la sociedad judía entendía: severo, impersonal y castigador. Tanto en la parábola de la oveja perdida, como en la de la moneda extraviada y en la del padre del “hijo pródigo” es Dios mismo quien manifiesta su amor. Una vez más queda al descubierto la mirada de amor y benevolencia de Jesús hacia los pecadores, que no difiere de la de su Padre. Por eso no es atípica la actitud de imparcialidad del padre hacia su hijo menor, porque no le correspondía darle su parte de la herencia, él aún vivía. Sin embargo, este acepta dando a entender que para él todos los hijos son iguales y poseen los mismos derechos.

A su vez, la irresponsabilidad del hijo menor marca un antecedente, pues su “humillación” lo lleva a reconocer la pérdida de su filiación pero no está arrepentido. Su regreso se debe más al hambre que padecía que a una conversión sincera. No obstante, ha tocado fondo como muchas veces ha sentido el creyente cuando se separa del amor de Dios. Por eso que el Padre ve con buenos ojos que sea restituida su condición de siervo y que “vistan” al hijo, devolviéndole su dignidad como persona. Esa dignidad que Dios siempre quiere donar a sus hijos pero que es rechazada por aquellos que se abandonan a su “propia” justicia y autosuficiencia.

Asimismo, el hijo mayor se presenta como el hijo bueno y ejemplar. Pero su reclamo lo condena: “Hace tantos años…”, es decir, su egoísmo le impide ver el amor de un padre y solo ve la relación de patrón-trabajador. Como creyentes, creemos tener ciertos derechos pero olvidamos que el Padre quiere auténticos hijos que, en su escala de derechos, consideren la reconciliación o el perdón, aunque eso signifique, muchas veces, pagar un costo alto.

“Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo’” (Lc 15, 31).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Las exigencias de seguir a Jesús

COMENTARIO DOMINICAL: Las exigencias de seguir a Jesús Todo cristiano, una vez que se siente llamado a hacer algo por el Reino de Dios, necesita saber qué es prioritario en el seguimiento de Jesús. Porque para ser su discípulo es necesario salir del anonimato y comprometerse con su causa. Los que seguían a Jesús pensaban que por el hecho de pertenecer al grupo de los discípulos era suficiente para identificarse con el proyecto del Señor, sin que eso exigiese una práctica de la caridad.

No obstante, esta práctica de la caridad pone ciertas condiciones para ser discípulo de Jesús. Primero, el desapego afectivo, que implica siempre poner a Dios en primer lugar y lo demás viene por añadidura. No significa desvincularse de nuestros seres queridos sino “desprendernos” del amor desordenado, es decir, de aquel amor que no educa para la libertad sino para el egoísmo y las dependencias enfermizas.

También el seguimiento de Jesús presupone la renuncia y el riesgo. En efecto, en la comunidad primitiva se apreciaba mucho compartir lo que se tenía para dar espacio a la participación y la fraternidad. Por eso, este seguimiento es fruto de una decisión madura y coherente, donde no se puede huir a la primera dificultad. El que desee seguir al Señor tiene que tomar su cruz; armarse con la bandera de la disponibilidad y el escudo de la confianza. En ese sentido, Jesús no temió ser considerado un fuera de la Ley o, en algunos casos, un transgresor del propio sábado; él se enfrentó y se arriesgó ante las autoridades de la época.

Si hay algo que Jesús quiere de sus discípulos es que tomen conciencia de su “fragilidad”, de tal modo que, desconfiando de sí mismos, confíen más en él. Solo la práctica de la pobreza nos lleva a un despojo de nuestro “yo”, porque implica humillación, lleva a la humildad y se convierte en opción cordial para el discípulo que quiere seguir al Señor.

“Cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lc 14, 33).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Ser humildes como Jesús

COMENTARIO DOMINICAL: Ser humildes como JesúsLa invitación hecha a Jesús es una ocasión para mostrar la hipocresía de la sociedad burguesa de la época, ya que el fariseo influyente y sus invitados seleccionados celebran el día sábado. A través de una parábola, Jesús les muestra una enseñanza que solo pueden descubrirla los que están comprometidos con el Reino de Dios y no los que viven preocupados por el prestigio, el honor o el reconocimiento.

En medio de esa sociedad ambiciosa, ¿quién es el más grande, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿Acaso es el que se sienta a la mesa? Pero Jesús se sintió más identificado con los “marginados”, aquellos que no fueron invitados o también con los que no aparecen para la foto, es decir, los que en el anonimato prepararon y sirvieron la mesa pero no participaron de la fiesta. Jesús busca despertar la conciencia de los líderes, que tenían una visión sesgada del Reino de Dios, pues era necesario aplicar una ley de participación distinta a la alta sociedad de la ciudad, como el sistema de aldeas, más igualitarias, que favorecía el intercambio y la ayuda, de manera que nadie pasara hambre.

Pero sucedía todo lo contrario con la actitud del fariseo que buscaba relacionarse con aquellos que solo podían retribuir su invitación. Lamentablemente, el Reino de Dios no es comercio o un trueque de favores, es algo dado gratuitamente, y solo aquel que establece relaciones de solidaridad y gratuidad con los marginados podrá ser coautor de una sociedad nueva.

Sin embargo, para darse sin esperar nada a cambio hay que pedir a Dios que nos despoje de la necesidad de ser reconocidos y adulados. En ese sentido, el soberbio siempre busca darse gloria a sí mismo y resiste a Dios. Solo el humilde puede dar gloria a Dios, porque en la virtud de la humildad está la verdad de Dios que se nos ha revelado en Jesús.

“Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lc 7, 11).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús es la puerta de la salvación

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús es la puerta de la salvaciónEn el tiempo de Jesús, el rabinismo había creado sus teorías con respecto a quiénes se salvaban. Los liberales afirmaban que todo el pueblo judío se salvaba; los más radicales sostenían que solo los practicantes alcanzarían la salvación. Pero ambos entendían que la salvación pasaba por el asunto de la raza. Incluso hoy, muchos piensan así, creen que por pertenecer a una iglesia, ostentar títulos cristianos o afiliarse a partidos barnizados de cristianismo es garantía de salvación.

Pero Jesús zanja la pregunta con la parábola de la “puerta cerrada”, donde hay personas que participan de un banquete y otras que quieren entrar, pero no pueden porque resultan tan extrañas para el dueño que no las reconoce. No obstante, están las que se consideran más amigas de Jesús y tienen derechos adquiridos: comieron y bebieron…; y, por tanto, la puerta de la salvación está abierta.

Pero Jesús niega cualquier privilegio: no sé de dónde son… Muchas veces, al igual que el rabinismo y el legalismo fariseo, hoy se piensa que por el hecho de participar en retiros, movimientos cristianos o catequesis la puerta para entrar al banquete está abierta. Lástima que aún no se entienda que esos “derechos” no son garantía alguna, puesto que si no están acompañados por la práctica de la caridad o la justicia, de nada sirven los rezos, las catequesis y los retiros. Lo único que se ha sembrado con esa actitud es una falsa seguridad, pensando que por derecho propio deben ser los primeros en entrar al banquete.

La puerta se declara estrecha, porque el “yo” y las “presunciones” del hombre no pasan por ella, sino que deben morir afuera. Solo Jesús es la puerta y queda fuera aquel que “está bien” y cree vivir en una presunta justicia. Nadie puede decir “yo no tengo pecado”, como tampoco nadie se salva por los méritos propios. ¡Solo Dios salva!

“Traten de entrar por la puerta estrecha… porque muchos querrán entrar y no lo conseguirán” (Lc 13, 24).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, signo de contradicción

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, signo de contradicciónJesús va camino a Jerusalén y en ese trayecto hace un discernimiento de la voluntad y del amor de Dios. A medida que avanza, lanza desafíos a quienes desean seguirlo, a tal punto que sus palabras y acciones son como un espejo en el cual nos vemos y evaluamos. El Señor critica a su generación porque se ha dejado llevar por sus impulsos, deseos y por la cotidianeidad en la que viven. Se han olvidado de que, en medio de sus afanes, Dios está presente entre ellos a través de la instauración de su Reino.

Hasta ahora solo se han preocupado del tiempo presente, de ese tiempo cuantitativo (Kronos) por el que pasan las horas, días, meses y años. No han notado que existe otro tiempo (kairós en griego), el cual no puede ser cuantificado pero que tiene la virtud de transformar la vida, pues no toma en cuenta lo “cuantitativo”, sino en qué medida se ha aprovechado y se ha madurado en el amor a Dios. Por eso, el discípulo de Jesús ha de vivir en la luz del juicio de Dios, que es el antídoto a cualquier falsedad o hipocresía.

Jesús debió atravesar las aguas y el fuego del discernimiento para realizar la voluntad de su Padre y quien desee seguirlo debe elegir un camino: obrar según los criterios humanos o los de Dios. En efecto, el amor de Dios es un fuego que busca encender los corazones de los que ama: “no hay amor que no desee ser correspondido”. Por tanto, Dios no rechaza la reciprocidad, sobre todo cuando sus hijos hacen ?por amor?, lo que a él le agrada.

Es necesario reconocer el tiempo presente como el momento para convertirnos y tomar una opción. Quedarnos en la orilla donde los justos, los ateos y los religiosos se ponen en evidencia y dicen “no tengo necesidad de conversión” es una cara de la moneda; la otra es asumir con humildad nuestra condición de “pecadores” y convertirnos por amor a Dios y a su Reino.

“¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra?” (Lc 12, 51).

P. Fredy Peña T., ssp

AL SERVICIO DE LA VIDA: La oración unifica nuestra vida

AL SERVICIO DE LA VIDA: La oración unifica nuestra vidaEn su libro Aprender a orar para aprender a amar, Jacques Phillippe explica que el encuentro personal con Dios en la oración se establece en el origen de toda conversión personal, siendo el camino para lograr una sociedad más justa: sólo el contacto con el cielo puede sanar nuestra tierra, invitándonos a aprender el arte de orar y a consolidad hábitos para que ese encuentro personal se prolongue durante toda la vida.

La cápsula radial SAN PABLO, AL SERVICIO DE LA VIDA, es narrada por Ricardo Díaz Venegas. Si te interesa difundir estas cápsulas a través de algún medio radial, escríbenos a webmaster@sanpablochile.cl

COMENTARIO DOMINICAL: Esperemos al Señor sirviendo

COMENTARIO DOMINICAL: Esperemos al Señor sirviendoLos discípulos de Jesús son comparados con un pequeño rebaño, al cual se le ha confiado el Reino. De alguna manera, lo que el Señor había enseñado en el Padrenuestro está aconteciendo en la vida de la comunidad cristiana. Es decir, el Reino de Dios se está manifestando en los “pequeños” que esperan con ilusión la instauración de ese Reino. Sin embargo, cada persona se convierte en aquello que espera. El que espera la muerte, es preso de su pesimismo y apresura su deceso, pero el que espera al Señor Jesús, como el esposo fiel, tiene su patria en otro lugar.

Ese tiempo de “espera” no está vacío, puesto que es el tiempo de la salvación, en el cual cada creyente testimonia al Señor y es parte de la Historia de la Salvación. Allí, vigila e intenta ser fiel a la palabra de Dios. Sin embargo, hay un elemento sorpresa: el Señor que vuelve es el que nos hará sentar a la mesa y nos servirá. Es cierto que durante esta espera se pasa por la oscuridad de los problemas, enfermedades e incomprensiones que llevan al hastío. Pero el creyente vela en la noche del mundo y seguramente que el mundo conoce muchas noches. No obstante, él ronda porque sabe que en algunas de esas noches el Señor pasará e iluminará de una forma distinta.

En la oscuridad de la noche es posible ver los signos de liberación que están sucediendo hoy: cuando damos generosamente, escuchamos sin apuros, sonreímos afablemente, contenemos sin aprensiones o damos nuestro tiempo. Por eso que la liberación no es solo una cuestión que se espera sino que es algo que se construye. Vigilar no solo significa supervisar como un inspector de colegio sino ponerse a disposición para servir. En esto consiste la felicidad de los cristianos, como decía un sacerdote amigo: “Vive para los demás y ganarás la vida”.

“¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada!” (Lc 12, 37).

P. Fredy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: ¡Confiar en Dios es una verdadera riqueza!

COMENTARIO DOMINICAL: ¡Confiar en Dios es una verdadera riqueza!La parábola del “poseedor necio” describe al hombre que basa su seguridad en la acumulación de bienes o cosas materiales y fija su atención en la actitud instintiva del hombre, que ya no percibe la paternidad de Dios. Su temor a la muerte es tal, que lo primero que busca es garantizarse la satisfacción de las necesidades primarias y hacer depender su vida de lo que tiene en lugar de valorarla por lo que él es.

En la Palestina de los tiempos de Jesús había dos sistemas económicos contrapuestos: el de las relaciones de las aldeas y el de las ciudades. El primero estaba basado en el intercambio y la participación, mientras que en el segundo valía la ley del más fuerte, de quien tenía las mejores oportunidades, generando la exclusión y la marginación con sus consecuencias: mendicidad, violencia, robo, etcétera. En este sentido, el “poseedor necio” pertenece al sistema de relaciones de la ciudad, basado en la concentración. Pero Jesús no se pone del lado de la “concentración” sino de la “participación”, porque sabe que tarde o temprano la “acumulación” lleva a una pérdida del sentido de la vida para quien acumula y también para quienes son despojados.

Por tanto, la parábola nos alerta a la hora de “acumular” bienes, lo que no significa que poseerlos sea malo, sino que lo malo está en que el valor de la persona se sustente en lo que posee. El “poseedor necio” se ha olvidado de la búsqueda del reinado de Dios como presupuesto fundamental para la vivencia de las relaciones justas y también para gozar del valor principal del hombre: el don de la vida. Dios quiere la vida para todos. El bienestar de algunos logrado a costa de la explotación de otros no es don de Dios y no es vida, porque esta viene de Dios y la vida cobra su real sentido cuando es compartida.

“Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?” (Lc 12, 20).

P. Fredy Peña T., ssp

LA REFLEXIÓN DOMINICAL: 17º durante el año

LA REFLEXIÓN DOMINICALEvangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”. Él les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquéllos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”. Jesús agregó: “Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: «Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle», y desde adentro él le responde: «No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos». Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquéllos que se lo pidan!”.

Escuchemos la reflexión al Evangelio que acabamos de leer:

LA REFLEXIÓN DOMINICAL es un espacio que, a la luz del Evangelio del domingo, entrega un mensaje de fe, en la voz del padre Aderico Dolzani, de la SOCIEDAD DE SAN PABLO. Si te interesa difundir estas cápsulas a través de algún medio radial, escríbenos a webmaster@sanpablochile.cl

 
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