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La Reflexión Dominical: “El que coma de este pan vivirá eternamente”

La Reflexión Dominical: “El que coma de este pan vivirá eternamente”Las palabras de Jesús sobre la condición para poseer la Vida eterna son explícitas: necesariamente hay que comer su Carne y beber su Sangre. Este lenguaje se aplica directamente a la Eucaristía. Es evidente que la cena eucarística no prescinde de la fe; el comer la Carne del Señor y beber su Sangre demuestra la fe de los cristianos. Así, se siembra en nosotros la semilla de la resurrección, que dará el fruto maduro en el último día.

“La Reflexión Dominical” es un espacio que, a partir del Evangelio del domingo, entrega un mensaje de fe, en la voz del padre Aderico Dolzani, de la SOCIEDAD DE SAN PABLO. Si te interesa difundir estas cápsulas a través de algún medio radial, escríbenos a webmaster@sanpablochile.cl

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús nos lleva al Padre

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús nos lleva al PadreJesús es la propuesta de Dios para crear el mundo nuevo, pero esta es rechazada por las autoridades judías, que quieren un Dios todopoderoso y solucionador de los problemas. No quieren salir del sistema en el cual están cómodamente instalados. Ante la afirmación de Jesús Yo soy el pan bajado del cielo, se preguntan: ¿No es este el hijo de José? ¿Cómo dice que ha bajado…? El ser partícipes del banquete milagroso, como el haber experimentado el poder de Jesús, no ha sido suficiente para admitir su humanidad, familia y origen. Es decir, la humanidad de Jesús es piedra de tropiezo para los líderes; sin embargo, para quienes creen en Jesús, su poder divino descansa en el hombre de Nazareth y en lo que conocemos como el misterio de la encarnación.

Jesús se ha convertido en el punto de referencia para entender quién es Dios y que solo por él se llega al Padre: Nadie va a él, si el Padre no lo atrae… La relación entre el Padre y el Hijo es un vínculo de amor, que solo puede entenderse si se conoce, se ama y se vive como Jesús. Al igual que los líderes judíos, los incrédulos tienden a separar lo divino de lo humano en Jesús. ¡Tanto!, que lo divino pasa a ser algo que está en otra dimensión; o bien lo niegan cuando realmente aquello está tan cercano. Justamente, mientras más humanos, caritativos, compasivos y humildes somos, más comprendemos esa dimensión humana y a la vez divina del propio Jesús.

Asimismo, todo aquel que escuche al Padre y acepte su enseñanza, se adhiere a Jesús. Por tanto, la nueva ley está abierta a la comunidad de los que creen y desean ser discípulos de Jesús. Si los fariseos admitieron la resurrección como fruto de la observancia de la ley, Jesús la garantizó por su adhesión a él, pues la nueva ley que Dios regala a los hombres es con relación a su persona y no otra cosa.

“Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna” (Jn 6, 47). 

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: “Yo soy el Pan de Vida”

COMENTARIO DOMINICAL: "Yo soy el Pan de Vida"Los que siguen a Jesús solo lo buscan como un líder que es capaz de solucionar sus problemas sin tener que responsabilizarse de sus vidas. A la pregunta ¿cuándo llegaste? Jesús no responde y va al punto central de la cuestión, sus motivaciones: “Ustedes me buscan no porque vieron signos, sino porque saciaron su hambre…”. Jesús coloca en un fuerte contraste lo que él quiere dar y lo que los hombres buscan. Él nos ofrece el don de su persona: Yo soy el pan de vida; el que viene a mí…

El pan tiene que ver con la vida y la muerte, pues quien no tiene para comer, muere. Jesús puede dar ese pan y su donación es una promesa que no se compara con ninguna promesa humana, ya que solo él es capaz de saciar la sed de vida. Por eso la pregunta ¿qué debemos hacer para realizar las obras de Dios? manifiesta que aun el pueblo ve los dones de Dios como objeto de una compraventa. Es una visión errada del proyecto de Dios que permanece hasta hoy. Dios no se regala a sí mismo a cambio de observancias, preceptos o ritos. Su proyecto no tiene precio y es impagable. Lo único que nos pide es que creamos en él.

Al creer en Jesús, el hombre se fía de él. Construye y sostiene su vida a partir de él. Sabemos que la fe no es una certeza intelectual, sino la actitud confiada de una relación entre dos, como lo puede llegar a ser una verdadera amistad. Quien se deja cautivar por Jesús alcanza la Vida eterna, que no comienza después de la muerte, sino que se vive ya en el presente. Quizá más de alguno crea que esta aspiración a la Vida eterna es una utopía, pero hay que sacar la idea falsa de que la Vida eterna es una duración vacía, en la que existimos ilimitadamente, sino que esta es, en sí, desde el inicio, comunión con Jesús, y por medio de él con el Padre y con todos los hombres.

“Yo soy el pan de Vida… el que cree en mí jamás tendrá sed” (Jn 6, 34).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, verdadero líder y pastor

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, verdadero líder y pastorLos discípulos regresan de la misión y dan cuenta a Jesús. Hacen una evaluación de trabajo después de una intensa actividad y, como el Maestro, ellos también necesitan retirarse a un lugar solitario. Esto valió para los Doce, pero también para la Iglesia. Ella es responsable de difundir la Buena Noticia y esa responsabilidad no es una limitación de su libertad, sino una exigencia de su lealtad hacia su Señor, y también hacia su feligresía: la tarea es entregar las enseñanzas de Jesús y no otra cosa. La invitación de Jesús exigía para los apóstoles la fatiga y el esfuerzo del servicio. Por eso deja el espacio para el descanso y el reposo. Estos son necesarios para reponerse, de modo que no solo el cuerpo se vea libre de las fatigas, sino que el espíritu alcance el recogimiento. Por estos tiempos, a muchos les es difícil retirarse, hay un gran miedo a estar en silencio y encontrarse consigo mismo. Es más fácil estar en el ruido o en la agitación, donde la vida fluye en la hiperactividad y el frenesí de las horas, los días, los meses. Sin compromisos ni vínculos de ningún tipo.

Sin embargo, Jesús, a pesar del cansancio, no se desentiende de los suyos. No rehúye del compromiso y lleno de compasión se dirige a sus ovejas con su enseñanza y les da de comer. Repite así lo que sucedió en tiempos de Moisés, Dios comunicó al pueblo la Ley, el modo de cómo debían comportarse y les dio el maná, preocupándose de sus vidas. Quien ve a Dios como su Señor, reconoce que debe a él un amor fiel, porque todo lo ha recibido de él; y debido a esa fidelidad, no es Señor de sí mismo.

Por eso, una comunidad va a la ruina cuando sus miembros se dejan llevar por el individualismo, el egoísmo, la corrupción y se convierten en un pueblo que no tiene pastor y no reconoce normas y valores comunes.

“Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció…, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc 6, 34).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús sacia el hambre de todos

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús sacia el hambre de todosLa travesía de Jesús por el mar de Galilea recuerda y supera lo hecho por Moisés en su paso por el mar Rojo. Ahora, Jesús es el líder que distribuye el pan a su pueblo como el maná en el desierto. Galilea es una tierra de gente pobre, despreciada y explotada por las autoridades reinantes, pero a pesar de ello siguen a Jesús y él los conduce, dándoles vida y libertad.

Su intervención en la multiplicación de los panes demuestra que todo comienza en él y, por lo tanto, él posee la capacidad de dar a todos lo necesario para su existencia. Por eso, en el discurso del pan vivo, explica cuál es su verdadero don al que remite el signo de la multiplicación: Si depositamos en él falsas expectativas, seremos decepcionados; al contrario, si acogemos sus dones, él nos llevará a una vida más serena y plena.

Asimismo, la respuesta de Felipe a la pregunta de Jesús, “ni doscientas monedas de plata bastarían…”, responde al prototipo de persona que es incapaz de romper esquemas y estructuras, sea por falta de creatividad o por prejuicios heredados. Felipe cree que la causa del hambre del pueblo es por falta de dinero.

En la actualidad, Felipe representa a aquellas personas que dicen que “el problema del hambre en la humanidad no tiene solución. Siempre será así”. Pero la sensibilidad humana de Andrés, cuyo nombre en griego significa humano, simboliza a aquellas personas que se sirven de los pequeños, pero no está convencido de que el hambre pueda superarse a partir de lo poco que un niño tiene: cinco panes y dos pescados.

Sin embargo, la actitud de Andrés desencadena la novedad de Jesús, que, en su orden de sentar a todos a comer, nos dice que cuando las personas obran con libertad, humanidad y madurez, lo poco se vuelve mucho y hasta sobra.

“Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados” (Jn 6, 11).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: La vocación y misión de la Iglesia

COMENTARIO DOMINICAL: La vocación y misión de la Iglesia“Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa” (Mc 6, 4).

Jesús comienza su itinerario de misión donde los discípulos van aprendiendo quién es él y sus instrucciones son precisas: lleven lo indispensable, una túnica y sandalias; estos han de percibir que no tienen nada y que el mensaje es lo único que importa. Quizás sea la misma sobriedad que nos falta hoy como cristianos en el anuncio: estar dispuestos para el rechazo y las dificultades; ser sobrios en el anuncio sin ostentar exitismos; es decir, estar preparados para el fracaso y sobre todo cuando no se vean los frutos.

Cuando Jesús llama a sus discípulos les da el poder para sanar y expulsar demonios. Por tanto, estamos llamados a comunicar, tanto con palabras como con obras, la realidad y el valor del mensaje de Jesús. No obstante, este mensaje no siempre será acogido, pues, como en todo orden de cosas, siempre encuentra resistencias: la falta de fe, soberbia, indiferencia, egocentrismo o, como dicen por ahí…, todo da lo mismo.

Asimismo, la orden de Jesús de sacudirse los pies era un gesto que rememoraba la antigua costumbre de los israelitas. Estos, al regresar de alguna tierra pagana, se limpiaban el polvo que traían y así rompían o se liberaban de ese sistema de vida. A veces, en la tarea de anunciar el Evangelio, pretendemos que la semilla cale hondo en las personas, pero nos olvidamos de que no depende de nosotros, sino de cuán disponible esté el corazón para acoger a Dios: hay que hacer las cosas como si todo dependiera de nosotros y orar como si todo dependiera de Dios (S. Agustín).

Conscientes de una sociedad cada vez más incrédula del mensaje de Jesús, como dis- cípulos tenemos una gran misión donde no podemos presentarnos como funcionarios de la Palabra de Dios, sino como personas comprometidas, apóstoles y enviados de Dios. No vamos a nombre propio, sino a nombre del Señor.

“Llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros” (Mc 6, 7).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús es rechazado por su pueblo

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús es rechazado por su puebloLa última visita de Jesús a una sinagoga está marcada por la admiración de sus oyentes; no obstante, eso no bastó para afianzar la fe en él, sino que confirmó el rechazo a su persona. En las sinagogas de aquel tiempo cualquier hombre adulto podía leer e inter- pretar las Escrituras; sin embargo, esa facultad solo era monopolio de los doctores de la Ley y de los fariseos. El pueblo estaba obligado a escuchar y a preguntar a ellos lo que era cierto o errado. Ellos tenían la respuesta para todo.

Los habitantes de Nazareth, en su asombro, formulan cuestionamientos a Jesús. La primera serie de preguntas gira en torno a lo que han experimentado y la segunda apela a la memoria de Jesús, su origen y familia. ¿De dónde le viene ese poder? ¿No es este hombre el carpintero, el hijo de María…? Es una pregunta desmoralizante y viciada, pues en aquella cultura, cuando se buscaba despreciar a alguien, bastaba con sustituir el nombre del padre por el de la madre. Los paisanos de Jesús no descubrieron en él nada extraordinario que pudiese catalogarlo como el Mesías de Dios; al contrario, lo consideraron como uno más. Y lo mismo acontece hoy con quienes piensan y actúan como los contemporáneos de Jesús: no creen en Jesús porque lo ven como un hombre del pueblo, el hijo de una mujer común como María, que no frecuentó ninguna universidad y que viene de Nazaret, un lugar insignificante.

El escándalo de la encarnación continúa siendo esa espina en la garganta de muchas personas e incluso cristianos, que aún no “creen” en la capacidad de realizar milagros de Jesús. Allí donde falta la fe, es difícil que Jesús obre portentos. No porque no tenga el poder, sino porque el terreno no es receptivo. Él no cura a nadie que no se abra a él a través de la fe.

“Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa” (Mc 6, 4).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, vencedor de la muerte

COMENTARIO DOMINICAL: Jesús, vencedor de la muerteAnte los episodios de la curación de la mujer hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo, asistimos a la eficacia de lo que significa la confianza en el Señor. Aparecen dos mujeres que han experimentado el dolor y la fragilidad de su condición. Una de ellas, la niña, comienza a reconocer su cuerpo de mujer, en una cultura que a los doce años eran dadas en matrimonio; la mujer hemorroísa padece en su cuerpo una enfermedad que la segregaba por impura y era causa de desprecio. Ha gastado todo lo que tenía, discriminada por no poder quedar embarazada, pero no ha perdido la esperanza. También Jairo espera obtener una ayuda para su hija, que está agonizando, pues los médicos no han logrado curarla.

Sin duda que ante una enfermedad o la muerte sentimos la incapacidad de no poder hacer algo más. Incluso teniendo los medios económicos y con todo el amor que profesamos, solo nos queda, muchas veces, asumir la impotencia. No obstante, he aquí el punto clave: ¿Cuál es la relación entre Jesús y la muerte? Jesús dice a Jairo: No te dejes dominar por el miedo y la desesperación; permanece firme en la confianza y “cree”. Y a la mujer hemorroísa: “Hija, tu fe te ha salvado”.

La acción de Jesús sobrepasa los límites de toda experiencia y actúa como ningún otro hombre puede actuar. No se queda en la lamentación, que es la expresión de la incapacidad humana. Al contrario, él, con sus gestos y palabras, revela su poder y grandeza sobrehumana. Palabras y gestos en los cuales creyó la mujer hemorroísa, incluso el propio Jairo. Ella acaba robando de Jesús esa fuerza misteriosa capaz de curar; él, por su confianza en el Maestro, termina convenciéndose, de que la muerte no tiene la última palabra. Por eso Jesús no acepta el lamento impotente sino la fuerza de su amor, que ordena: “Niña, a ti te hablo, levántate”.

“En seguida la niña… se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro” (Mc 5, 42).

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: Juan Bautista nos lleva hacia Jesús

COMENTARIO DOMINICAL: Juan Bautista nos lleva hacia JesúsLa Iglesia celebra solo tres nacimientos: el de Jesús, el de María, madre de Jesús, y el de Juan Bautista. Los dos últimos portan un sentido de alegría salvífica y una vinculación especial con Jesús. Una alegría salvífica que para Zacarías, como un hombre justo, e Isabel, mujer abnegada, pudieron experimentar en parte esa “dicha” por ser padres en su ancianidad. El Antiguo Testamento está lleno de historias de esterilidad, como la de Sara, madre de Isaac, o Ana de Alcalá, madre de Samuel. La infecundidad de Isabel es una coincidencia más con el Antiguo Testamento; sin embargo, lo particular del nacimiento de Juan Bautista es que, a través de él, Dios comienza a cumplir todos los anuncios del pasado.

La esterilidad era considerada como una falta de bendición por parte de Dios y quien la padeciera sufría la discriminación de la sociedad. La situación de Isabel y Zacarías está marcada por la tristeza. No hay esperanza en su horizonte existencial. Hoy, son muchos los que experimentan una sensación de desesperanza por sus problemas, fracasos y frustraciones de todo tipo. Rogamos a Dios, al igual que los padres de Juan Bautista, para que mude nuestra vida y se produzca un “milagro”. Aguardamos ser bendecidos desde lo alto con aquel “hijo” de la ilusión, que nos haga personas entusiastas y renovadas.

Esa misma ilusión despertó el ángel al dar la noticia no solo a Isabel y Zacarías, sino también a sus parientes y vecinos. Le pusieron por nombre Juan, que significa “Dios es benévolo”, y no el nombre del padre, como era la costumbre. Juan Bautista estaba designado para una misión muy especial: “preparar el camino del Señor”. Cuando Dios quiere dispensar sus gracias a alguien, prepara a la persona, con tiempo y esmero, para que esté en condiciones de una respuesta favorable.

“¿Qué llegará a ser este niño? Porque la mano del Señor estaba con él…”, Mc 1, 66.

P. Freddy Peña T., ssp

COMENTARIO DOMINICAL: El Reino de Dios está vivo

COMENTARIO DOMINICAL: El Reino de Dios está vivoLa realidad de los primeros cristianos era bastante adversa, puesto que en aquella época sus comunidades eran dispersas, pequeñas y perseguidas. La primera semilla que Jesús sembró para conformar una comunidad fue con un grupo de pescadores, quienes supieron sortear sus limitaciones y precariedades. La parábola del sembrador viene a dar confianza y coraje a la comunidad que está viviendo una crisis de fe. Esta responde a los impacientes que dudan de la venida del Reino porque aún no ven sus signos o lo que ven les parece muy incipiente.

Nos rebelamos contra todo sistema, Dios incluido, y cuando constatamos que en este mundo imperan los corruptos de cuello y corbata más que los honestos y generosos de sandalias, los escándalos mediáticos más que las buenas obras sin prensa, el gusto desmedido por el placer más que la tolerancia por el padecer, el afán por el reconocimiento más que el anonimato por la obra de caridad del día, entonces nos preguntamos: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué no interviene? Jesús quiere corregir un error fundamental. El hecho de que entre el momento de la sementera y la cosecha no aparezca el sembrador, no significa que la semilla haya sido abandonada a su suerte. El Señor no permanecerá oculto para siempre e intervendrá y dirá su última palabra.

A pesar de las dudas o de la sensación de sentirnos solos, el Reino siempre será obra de Dios. No podemos pensar que su Reino depende, únicamente, de los hombres. Tenemos que eliminar la idea ingenua de un mundo rebosante de frutos, como también aquel pesimismo exagerado de que es imposible encontrar testimonios de virtud. Si el Reino de Dios es algo inmerecido y un don, entonces no desesperemos. La semilla del Reino crece incluso si no la vemos; lo importante es que la sembremos. 

“Sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo”, Mc 4, 27. 

P. Freddy Peña T., ssp

 
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