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Editorial SAN PABLO
 
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VIERNES 29 Día V en la Octava de Navidad.

LC diciembre 2017 LV
VIERNES 29 

Día V en la Octava de Navidad. 

Gloria. Prefacio de Navidad.

LECTURA 1Jn 2, 3-11

Lectura de la primera carta de san Juan.

Queridos hermanos: La señal de que conocemos a Dios, es que cumplimos sus mandamientos. El que dice: «Yo lo conozco», y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud. Ésta es la señal de que vivimos en Él. El que dice que permanece en Él, debe proceder como Él. Queridos míos, no les doy un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el que aprendieron desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que ustedes oyeron. Sin embargo, el mandamiento que les doy es nuevo. Y esto es verdad tanto en Él como en ustedes, porque se disipan las tinieblas y ya brilla la verdadera luz. El que dice que está en la luz y no ama a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar. Pero el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido. Palabra de Dios.

Comentario: Conocer a Dios no es tener de él una noción abstracta, sino entrar en una relación personal y vivir en comunión con él. La vida del creyente ha de empaparse de la vida de Jesús y por eso no alcanza solo con creer, sino que es necesario estar unidos a Jesús y expresar esa unión en el amor al prójimo. 


SALMO Sal 95, 1-3. 5-6 


R. Alégrese el cielo y exulte la tierra.

Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

Día tras día, proclamen su victoria, anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R.

El Señor hizo el cielo; en su presencia hay esplendor y majestad, en su Santuario, poder y hermosura. R.


ALELUIA Lc 2, 32 


Aleluia. Luz para iluminar a los paganos y gloria de tu pueblo Israel. Aleluia.


EVANGELIO Lc 2, 22-35


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor». También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos». Palabra del Señor.

Comentario: José y María presentan al niño Jesús en el Templo y llevan la ofrenda correspondiente. Pero este niño no es como los demás; Simeón dice que en él está la luz y la salvación. No se trata de mostrar a los padres de Jesús cumpliendo con las normas, sino más bien de subrayar el profundo significado que tiene Jesús para el pueblo.

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