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El Domingo Digital

4 de diciembre: De la feria. Morado. San Juan Damasceno, p. y d. (ML). Blanco.

4 de diciembre: De la feria. Morado. San Juan Damasceno, p. y d. (ML). Blanco.

Chile San Pablo |

Prefacio de Adviento I o II.

LECTURA Is 26, 1-6

Lectura del libro de Isaías.

Aquel día, se entonará este canto en el país de Judá: Tenemos una ciudad fuerte, el Señor le ha puesto como salvaguardia muros y antemuros. Abran las puertas, para que entre una nación justa, que se mantiene fiel. Su carácter es firme, y Tú la conservas en paz, porque ella confía en ti. Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna. Él doblegó a los que habitaban en la altura, en la ciudad inaccesible; la humilló hasta la tierra, le hizo tocar el polvo. Ella es pisoteada por los pies del pobre, por las pisadas de los débiles. Palabra de Dios.

Comentario: Isaías, con su mensaje, fortifica y protege a Jerusalén, la «ciudad del pueblo justo». Así, él restaura la verdadera paz: tierra, comida, familia, salud y bienestar. Sin duda que su presagio es la victoria de los pobres y débiles que confían en Yahvé: él, en definitiva, puso fin a cuanto oprimía a su Pueblo.

SALMO Sal 117, 1. 8-9. 19-21. 25-27

R. ¡Bendito el que viene en Nombre del Señor!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres; es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos. R.

«Abran las puertas de la justicia y entra­ré para dar gracias al Señor». «Ésta es la puerta del Señor: sólo los justos entran por ella». Yo te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. R.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prospe­ridad. ¡Bendito el que viene en Nombre del Señor! Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor: el Señor es Dios, y Él nos ilumina. R.

ALELUIA Is 55, 6

Aleluia. Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca. Aleluia.

EVANGELIO Mt 7, 21. 24-27

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, por­que estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. Palabra del Señor.

Comentario: Jesús acentúa el valor de la práctica de la justicia de Dios, que abre las puertas del Reino. Esto no le reporta a él beneficio alguno, sino que indica el camino de renovación de la vida de fe, a partir del testimonio de los que crean en él. La fe cristiana no permite creer, por un lado, y vivir concretamente en la otra vereda, pues fe y vida deben expresar la misma idea.

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