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El Domingo Digital

7 de abril: MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA. Blanco.

7 de abril: MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA. Blanco.

Chile San Pablo |

Gloria. Secuencia (optativa). Prefacio de Pascua I. Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. 

LECTURA Hech 2, 36-41

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

El día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos: «Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías». Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?». Pedro les respondió: «Que cada uno de ustedes se convierta y se haga bautizar en el Nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquéllos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar». Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. Palabra de Dios.

Comentario: Quien acepta lo esencial de la fe, como lo enseña Pedro, descubre que en su vida tiene cambiar o convertirse: arrepentirse, mudar su ritmo habitual y hacerse bautizar (o confesarse) para poder recibir el fuego del Espíritu Santo. Esta gracia es de por sí expansiva.

SALMO Sal 32, 4-5. 18-20. 22

R. La tierra está llena del amor del Señor.

La palabra del Señor es recta y Él obra siempre con lealtad; Él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en Ti. R.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia. Éste es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluia.

EVANGELIO JN 20, 11-18

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador del huerto, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro! ». Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes”». María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras. Palabra del Señor.

Comentario: María reconoce a su Maestro Resucitado al sentir que él pronuncia su nombre. También hoy nos llama… y solo lo entienden quienes están en actitud de escucha y disponibles en su corazón: ¿Sentimos que nos llama? ¿Qué te pide? ¿Cuál ha sido tu respuesta?

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