CENTRO BÍBLICO SOBICAIN • Ver más

SÍGUENOS EN NUESTRO CANAL DE WHATSAPP • Ver más

QUIENES SOMOS • Ver más

El Domingo Digital

“El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz”: Mensaje de Navidad 2025 del Papa León XIV

“El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz”: Mensaje de Navidad 2025 del Papa León XIV

Chile San Pablo |

En la solemnidad de la Navidad, desde el balcón central de la Basílica Vaticana, el Papa León XIV dirigió su tradicional Mensaje Urbi et Orbi, invitando al mundo entero a contemplar el misterio del Dios que se hace hombre como fuente auténtica de paz, esperanza y reconciliación.

Inspirado en el canto litúrgico de la noche santa —«Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo»—, el Santo Padre recordó que el Niño nacido en Belén es Cristo Señor, enviado por el Padre para liberarnos del pecado y de la muerte. En Él, afirmó, se cumple la promesa de una paz verdadera, capaz de vencer el odio y la enemistad mediante el amor misericordioso de Dios.

Dios que se hace cercano a los más pobres

El Papa destacó que Jesús nace en la pobreza de un establo, sin ser acogido, acostado en un pesebre. Este signo, lejos de ser anecdótico, revela la elección fundamental del Hijo de Dios: compartir plenamente nuestra condición humana, identificándose con los pobres, los marginados y los excluidos.

Desde su nacimiento hasta la cruz, Cristo asume sobre sí el peso del pecado del mundo. Sin embargo, subrayó León XIV, la salvación no se impone: Dios nos llama a una respuesta libre y responsable, porque no puede salvarnos sin nuestro consentimiento y sin el amor concreto al hermano.

La responsabilidad, camino de la paz

En su mensaje, el Pontífice fue enfático al señalar que la paz comienza en el corazón humano. No puede haber reconciliación verdadera sin corazones liberados del pecado y abiertos al perdón. Por ello, invitó a cada persona, familia y nación a abandonar la lógica de la acusación y a asumir con humildad la propia responsabilidad, optando por la solidaridad con los más débiles.

Jesucristo —recordó— no solo nos libera del pecado, sino que nos muestra el camino para superar todo conflicto, desde los personales hasta los internacionales. Rechazar el odio, la violencia y la confrontación es una tarea que compete a todos, sostenidos por la gracia de Dios.

Un clamor por la paz en el mundo

Como es tradición, el Papa elevó una intensa oración por las regiones marcadas por la guerra, la injusticia y el sufrimiento. Dirigió un saludo especial a los cristianos de Medio Oriente y pidió justicia, paz y estabilidad para Líbano, Palestina, Israel y Siria, confiando en la promesa bíblica de que “la obra de la justicia será la paz”.

Asimismo, encomendó al Príncipe de la Paz al continente europeo, con una súplica particular por el pueblo ucraniano; recordó a las víctimas de conflictos olvidados en África; pidió reconciliación para Haití en el marco del Jubileo de la Esperanza; y alentó a los responsables políticos de América Latina a privilegiar el diálogo por el bien común.

No faltó su cercanía a los pueblos de Asia y Oceanía afectados por catástrofes naturales, ni su llamado a la solidaridad concreta con quienes sufren las consecuencias de la pobreza, el desplazamiento forzado, la falta de trabajo, la explotación laboral o condiciones inhumanas de reclusión.

Una luz que vence la indiferencia

En la parte final del mensaje, el Santo Padre advirtió sobre el peligro de la indiferencia ante el dolor ajeno. Jesús —la “luz verdadera”— se hace solidario con toda fragilidad humana: con quienes lo han perdido todo, con los hambrientos, los migrantes, los desempleados, los explotados y los olvidados.

Abrir el corazón al prójimo necesitado es, afirmó, abrirlo al mismo Niño Jesús, que nos acoge y nos hace hijos de Dios. Aunque el Año Jubilar esté por concluir y se cierren las Puertas Santas, Cristo permanece como la Puerta siempre abierta, fuente inagotable de vida, sanación y paz.

Concluyendo su mensaje, el Papa León XIV reafirmó con palabras de profunda esperanza:
«El Niño que ha nacido no viene a condenar, sino a salvar. Él viene para quedarse».

Finalmente, impartió su bendición y deseó a todos una Navidad serena, marcada por la paz que solo Cristo puede dar.

Escribir un comentario

Tenga en cuenta que los comentarios se tienen que aprobar antes de que se publiquen.