La Santa Sede dio a conocer este lunes 25 de mayo la encíclica Magnifica Humanitas, primer gran documento magisterial del Papa Papa León XIV, centrado en la custodia de la persona humana frente a los desafíos de la inteligencia artificial y la transformación tecnológica contemporánea.
El texto aborda las profundas transformaciones culturales provocadas por la digitalización, la automatización y los sistemas de inteligencia artificial, proponiendo un discernimiento ético, espiritual y social sobre el modo en que estas tecnologías impactan la vida humana, el trabajo, la verdad, la libertad y la convivencia democrática.
En este contexto, el Cardenal Fernando Chomali, Arzobispo de Santiago, elaboró un “Decálogo de Magnifica Humanitas”, con diez ideas centrales inspiradas en la lectura de la encíclica y orientadas a facilitar su comprensión pastoral y social.
Decálogo
1.- La persona humana está en el centro de todo progreso tecnológico La inteligencia artificial no puede transformarse en el criterio que defina el valor de una persona. La dignidad humana es anterior a toda utilidad, rendimiento o capacidad técnica, recordando siempre el misterio del hombre. La encíclica nos dice que esa existencia “sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”.
2.- El gran desafío de nuestro tiempo no es técnico, sino humano y espiritual La humanidad enfrenta una decisión histórica: construir una nueva “Torre de Babel”, basada en el poder y la autosuficiencia, o una civilización fundada en la comunión, la justicia y la fraternidad. León XIV nos recuerda que el corazón del hombre es el lugar que Dios quiere habitar.
3.- La inteligencia artificial debe estar al servicio del bien común El problema no es la tecnología en sí misma, sino el uso que hacemos de ella. La técnica puede ayudar al ser humano o desintegrarlo, dependiendo de la orientación ética que la sostenga. En ese sentido, la Doctrina Social de la Iglesia es presentada como un pensamiento vivo, llamado a discernir los desafíos de la inteligencia artificial a la luz del Evangelio, promoviendo siempre la dignidad humana y el bien común.
4.- La dignidad humana no depende de la productividad ni de las capacidades Cada persona posee una dignidad ontológica irrenunciable simplemente por existir. Para los creyentes, es imagen y semejanza de Dios. Ningún algoritmo, sistema económico o estructura política puede relativizar ese valor.
5.- La fragilidad no es un defecto que deba eliminarse Frente a las promesas transhumanistas de superar los límites humanos, la encíclica recuerda que el ser humano florece muchas veces precisamente a través de su vulnerabilidad, del cuidado y de la relación con otros.
6.- Ninguna inteligencia artificial puede reemplazar la experiencia humana Las máquinas no aman, no sufren, no tienen conciencia moral ni responsabilidad interior. Por eso, jamás pueden sustituir plenamente el discernimiento humano en decisiones fundamentales.
7.- La verdad es un bien común que debe ser protegido En una cultura marcada por la manipulación digital, las noticias falsas y la polarización, la encíclica llama a custodiar la confianza social, la educación crítica y la responsabilidad en la comunicación pública.
8.- El trabajo humano no puede quedar sometido a la lógica de las máquinas El desarrollo tecnológico debe mejorar la vida de las personas y no convertirlas en piezas descartables obligadas a seguir el ritmo de la eficiencia y del mercado.
9.- La libertad está amenazada por nuevas formas invisibles de control La acumulación masiva de datos y la manipulación algorítmica pueden reducir silenciosamente la capacidad de decidir libremente. La libertad digital también es una responsabilidad pública y política.
10.- La paz y la civilización del amor son la verdadera alternativa al poder tecnológico Ningún algoritmo puede justificar moralmente la guerra. Frente a una cultura del dominio y la violencia, el Papa propone una civilización fundada en la justicia, el diálogo, la fraternidad y el cuidado de los más débiles.