Hace unas semanas el Papa León, en su IV Viaje Apostólico a España, dirigía estas palabras en el Congreso de los Diputados: “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”. En un mundo marcado por lo que el propio Papa Francisco llamaba la “cultura del descarte", el Papa León XIV dirige su intención de oración del mes de julio hacia el respeto de la vida humana en todas sus etapas. A través de la campaña Reza con el Papa, la Red Mundial de Oración del Papa anima cada mes a los fieles y a las personas de buena voluntad a unirse a las intenciones del Pontífice. En julio, la invitación es a rezar para que cada ser humano, “desde el primer instante de su existencia hasta el último respiro de su camino en la tierra”, como dice el Papa en la oración, sea acogido, protegido y respetado.
En su plegaria, León XIV se dirige al “Señor de la vida" reconociendo que cada persona es “un don sagrado que refleja tu rostro". El Papa pide la gracia de “reconocer y custodiar el valor único e irrepetible de cada ser humano", aprendiendo a “acoger la vida sin condiciones, a sostener con ternura la fragilidad, a acompañar con respeto cada etapa, y a defender con valentía a quienes no tienen voz".
El Pontífice también dedica un momento de la oración a pedir perdón al Señor “cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor". Y concluye su plegaria suplicando que la Iglesia sea “un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante", y donde “la dignidad sea respetada y cuidada siempre".
La vida humana amenazada en sus distintas etapas
La intención del Papa se hace eco de una realidad que los datos internacionales confirman. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se producen en el mundo alrededor de 73 millones de abortos inducidos. Por otra parte, el debate sobre la eutanasia y la muerte asistida avanza a nivel global.
A esto se suma la tendencia en la aplicación de la pena de muerte. Amnistía Internacional registró en 2025 al menos 2.707 ejecuciones en 17 países, la cifra más alta desde 1981, con un aumento del 78 % respecto al año anterior. También la OMS registró en 2024 que una de cada seis personas mayores de 60 años sufren abuso.
Estos datos dibujan un escenario en el que la vida humana —en sus distintas etapas y circunstancias— sigue estando vulnerada en múltiples circunstancias. Así la oración de León XIV en julio es una llamada urgente a transformar la mirada y el compromiso ante esta realidad con el compromiso de cada uno.
Además, este 8 de junio en Madrid, en su encuentro con los miembros del Parlamento español expresaba: “Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”. A lo que añadió: “La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.
De hecho, no es la primera vez que en un pontificado se dedica la intención de oración a rezar por las personas que sufren o se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad. En 2020, el Papa Francisco invitó en el mes de abril a la Iglesia y a las personas de buena voluntad a rezar por la “Liberación de las adicciones”. Así, el mismo Francisco, en 2022, pidió rezar “Por los ancianos”, “maestros de la ternura” en julio y, en noviembre, “Por los niños y niñas que sufren”, “seres humanos con un nombre, con un rostro propio, con una identidad que Dios les ha dado”.