En su audiencia general, el Papa continuó sus catequesis sobre Gaudium et spes y reflexionó sobre la dignidad humana, que nace de haber sido creados a imagen de Dios. Inteligencia, conciencia y libertad son, según el Pontífice, expresiones fundamentales de esta dignidad que estamos llamados a promover y defender.
La dignidad humana es un tema que atraviesa la historia, la vida social y también la experiencia cotidiana de cada persona. ¿De dónde procede? ¿Depende de nuestras capacidades, de lo que tenemos, de nuestro trabajo o de las decisiones que tomamos?
Para el papa León XIV, la respuesta de la fe cristiana es clara: la dignidad pertenece a la persona por el solo hecho de ser persona, porque ha sido querida y creada por Dios.
Así lo explicó este miércoles 9 de septiembre, durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, al continuar su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II. En esta ocasión, profundizó en los números 12 al 22 de la Constitución pastoral Gaudium et spes, bajo el título «La dignidad humana: don y responsabilidad».
Una dignidad que tiene su origen en Dios
León XIV comenzó recordando que Gaudium et spes dedica su primer capítulo a la dignidad de la persona humana y señala que esta constituye el fundamento de muchos de los valores que la sociedad actual considera fundamentales.
Sin embargo, el documento conciliar advierte que esos valores no deben perder su vínculo con su «fuente divina». Para el Papa, este punto continúa siendo especialmente importante: reconocer los derechos y la dignidad de cada persona exige preguntarse también por su fundamento.
En este sentido, recordó su reciente encíclica Magnifica humanitas, donde afirma que la dignidad de una persona no depende de sus capacidades, riquezas, posición social o incluso de las decisiones acertadas o equivocadas que haya tomado. Es un don que la precede y que expresa el amor de Dios. Por eso, nadie queda fuera de esta dignidad.
No la perdemos cuando somos débiles. No aumenta porque tengamos más capacidades. No disminuye por nuestra condición social. La dignidad pertenece a la persona.
Creados a imagen de Dios
El fundamento último de esta dignidad se encuentra, según León XIV, en la identidad del ser humano como criatura hecha «a imagen de Dios».
Gaudium et spes recuerda que el ser humano es capaz de conocer y amar a su Creador. Pero esta relación con Dios no lo separa de los demás; por el contrario, lo abre a la comunión.
Para el Papa, ser persona significa vivir en relación: con Dios, con los demás y con la creación.
De ahí surge una consecuencia importante: la persona no está llamada a encerrarse en sí misma. Ser persona significa también reconocerse como un don que puede ser compartido, creciendo mediante la acogida, la reciprocidad y el servicio.
La dignidad, por tanto, no es solamente algo que debemos reconocer en nosotros mismos. También nos lleva a reconocerla en quienes tenemos cerca.
Un don que también implica responsabilidad
León XIV subrayó que la dignidad humana es un don, pero también una responsabilidad.
Cada persona está llamada a promoverla y defenderla, tanto en su propia vida como en la vida de los demás. Esto exige solidaridad, cuidado recíproco y una mirada capaz de superar las diferentes formas en que la dignidad humana puede ser manipulada o desfigurada.
El Papa no presenta una visión ingenua de la condición humana. Gaudium et spes recuerda que existe una profunda lucha entre el bien y el mal y que todos estamos marcados por la fragilidad y por el pecado.
Pero esa fragilidad no es la última palabra.
Para el cristiano, existe una razón para la esperanza: Cristo ha venido a liberar y renovar al ser humano desde dentro.
Cuerpo y alma: una misma persona
Otro aspecto destacado por León XIV fue la necesidad de comprender al ser humano en su totalidad.
Gaudium et spes afirma que la persona es «unidad de cuerpo y alma». Por ello, la dignidad humana no puede reducirse únicamente a la dimensión espiritual ni tampoco considerar el cuerpo como un objeto del que se puede disponer arbitrariamente.
El cuerpo forma parte de la persona y, por eso, también merece respeto y cuidado.
Esta visión integral permite superar aquellas concepciones que fragmentan al ser humano y terminan olvidando que cada persona posee una dignidad que abarca toda su existencia.
Inteligencia, conciencia y libertad
En la parte final de su catequesis, León XIV destacó tres expresiones fundamentales de la dignidad humana que aparecen en Gaudium et spes:
-La inteligencia, que hace de la persona una buscadora de la verdad.
-La conciencia, mediante la cual la persona puede dar unidad y sentido a su vida.
-La libertad, que la convierte en protagonista responsable de sus propias decisiones.
Estas tres dimensiones no están aisladas. Se encuentran profundamente relacionadas: la inteligencia busca la verdad, la conciencia la reconoce y la libertad permite actuar responsablemente a partir de ella.
Para el Papa, el Espíritu Santo sostiene este camino y confirma nuestra dignidad como hijos de Dios, liberándonos del miedo y orientándonos hacia la plenitud de la vida.
Cristo revela al ser humano quién es
En el centro de esta reflexión aparece finalmente Cristo.
León XIV recordó una de las afirmaciones fundamentales de Gaudium et spes: «solo en Él encuentra verdadera luz el misterio del hombre».
Cristo no solamente revela quién es Dios. También revela al ser humano su propia vocación y la grandeza de su dignidad.
Por eso, para la fe cristiana, defender la dignidad humana no es simplemente una tarea social o cultural. Es también una consecuencia de la fe en un Dios que ha creado al ser humano por amor y que, en Cristo, ha querido entrar en nuestra historia.
Una dignidad «única e indeleble»
Al concluir su catequesis, León XIV dejó una invitación concreta:
«Creados a imagen de Dios, por medio de Cristo y en vistas a Él, hemos recibido una dignidad única e indeleble. Comprometámonos a promoverla y defenderla siempre, con la luz y la fuerza del Evangelio».
Reconocer la dignidad del otro significa mirar de una manera diferente a quien es vulnerable, al que piensa distinto, al que ha cometido errores, al enfermo, al anciano, al migrante, al pobre y también a quien muchas veces la sociedad deja al margen. La invitación del Papa es, entonces, algo que trasciende las palabras y se convierte en una tarea cotidiana.
La dignidad no se concede ni se pierde. Se recibe como un don y se convierte en una responsabilidad.
En esta nueva reflexión sobre Gaudium et spes, León XIV recuerda así que la defensa de la dignidad humana comienza por reconocer algo esencial: cada persona es querida por Dios y posee un valor que ninguna circunstancia puede borrar.