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El Domingo Digital

Abusos con la población carcelaria

Abusos con la población carcelaria

Chile San Pablo |

Andrés R. M. Motto, CM.

andresmotto@gmail.com

¡Hola a todos! Les cuento que durante dos años trabajé sistemáticamente con la población carcelaria. Luego, al colaborar varios años con fuerzas policiales y de seguridad en el campo educativo, el mundo de la prisión siguió siendo para mí un universo cercano, lleno de sufrimiento y de enorme complejidad. Lo primero que les digo es que por más que muchas personas trabajan para humanizar el sistema carcelario, en Latinoamérica numerosas cárceles continúan siendo una auténtica “tumba”, es decir, un lugar donde uno está enterrado en vida, donde se hacinan a los presos, en el cual se viven situaciones de humillación, violencia y corrupción, en parte permitidas por el personal penitenciario que busca lucrar con la necesidad ajena. Como toda institución, la cárcel, con frecuencia, se puede pervertir y esto implica una severa involución. Sucede porque se les van incorporando falencias y autoritarismos. Tenemos claro que el crimen no termina con la detención del criminal, sino cuando la sociedad logra convencerlo de que deje de delinquir. Para eso se debe lograr que la prisión sea un lugar de cambio.

Entre los abusos a la población carcelaria por parte de las autoridades encontramos la coacción física y psíquica de un detenido. Ni que hablar cuando el detenido es utilizado para robar o cometer otro tipo de crimen fuera de la cárcel. Otra corrupción es cuando un preso debe pagar a las autoridades para preservar su vida, su integridad o para tener una celda VIP. Todo esto impide que la cárcel sea un lugar que rehabilite.

Nadie dice que trabajar con presos sea una cuestión sencilla ni fácil. Muchas veces es una actividad ingrata y riesgosa. Ante todo, debo aclarar que los detenidos varían mucho entre sí, algunos son personas tratables y colaborativas, gente que realmente quiere cambiar, incluso otros son inocentes que han caído allí fruto de un error jurídico… pero también los hay violentos, vengativos, embusteros, con graves alteraciones de conducta, mentirosos seriales, así como algunos que únicamente buscan salir para la próxima vez delinquir mejor.

Repito, elogiamos al personal que trabaja en las cárceles con dedicación, capacitación y altruismo. Entre ellos, alentamos a quienes trabajan en la pastoral penitenciaria. Sobre todo, cuando se hace bien puede lograr grandes cambios. Es cierto que los Estados deben velar para que el personal que trabaja en la cárcel sea suficiente, bien remunerado, capacitado, habilitado ética y psicológicamente. Además, me parece que es muy importante que sepan trabajar trianguladamente: el personal penitenciario, el médico, el psicológico, la gente del servicio social, la pastoral penitenciaria y los voluntarios. Agrego lo siguiente, que la familia no se olvide del pariente preso, ni los amigos (recuerden que un amigo cierto se ratifica en los momentos inciertos). Asimismo, que los jueces penales no se olviden de visitar las cárceles con relativa frecuencia.

A veces acontece que, en gran parte de las cárceles, el grado de hacinamiento excede la capacidad del recinto carcelario. Las cárceles superpobladas hacen colapsar los intentos de rehabilitación, ya que, al estar desbordadas de gente, se vuelven más violentas e inseguras. De modo que las normas de higiene, de seguridad y la salvaguarda de los derechos humanos se hacen más inciertas.

Agrego que las inspecciones de las visitas y de los pabellones son necesarias, pero deben hacerse con respeto. Cuando se ejercen con prepotencia son motivo de fricción. Cuando los cuerpos penitenciarios requisan los pabellones violenta y antojadizamente, con alarde de fuerza y provocación, esto va creando peligroso resentimiento en la población carcelaria.

Finalizo con esta pregunta ¿Qué debe tener una cárcel? Permítanme ser un poco idealista, pero tener claro adonde queremos llegar nos permite gerenciar mejor la realidad, aunque siempre se plasme progresivamente. Comencemos: Debe darse una alimentación adecuada y suficiente. Condiciones de higiene, atención médica y psicológica. Posibilidad de vivir la fe religiosa y de aprender la ética civil. Debe tener espacios de recreación y deporte. Posibilitar el acceso al estudio y muy particularmente enseñar oficios. El detenido debe trabajar para colaborar con los gastos de su internación, así como para ir creando hábitos de trabajo. De modo que, el reo a la hora de salir pueda defenderse en la vida y vencer la tentación de volver al crimen. En este aspecto, la sociedad debe ofrecer salidas laborales reales a quien ya purgó su pena. Un respetuoso saludo a cada lector y nos vemos en el próximo artículo.

4 comentarios

La cárcel que describís es la ideal, muy lejos de la real. Voy con capellania , damos catequesis y llevamos un mensaje de esperanza… Creo que es importantísimo que aprendan un oficio para poder reinsertarse en el mundo, ya que con el antecedente no es fácil reubicarse.

claudia murphy,

Gracias, querido Padre Andrés, por tu aporte experimentado.
Valoro la propuesta de “que sepan trabajar trianguladamente: el personal penitenciario, el médico, el psicológico, la gente del servicio social, la pastoral penitenciaria y los voluntarios. Agrego lo siguiente, que la familia no se olvide del pariente preso, ni los amigos”
Un abrazo
Luis

Luis Baliña,

Ya realizado. Felicitaciones al autor.

Ana María Kirchner de Mattera,

Excelente reflexión basada en la difícil y dolorosa realidad carcelaria.
Tantas veces es peor la vivencia carcelaria que generalmente no ayuda a la rehabilitación sino que la empeora.

Ana María Kirchner de Mattera,

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