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El Domingo Digital

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su hijo único

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su hijo único

Chile San Pablo |

P. Fredy Peña T., ssp 

La liturgia dominical centra su atención no tanto hacia el misterio, sino en cuanto hacia la realidad de amor contenida en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los tres son Uno, porque Dios es amor, y el amor es la fuerza vivificante absoluta. Es decir, el Padre da todo al Hijo; el Hijo recibe todo del Padre con agradecimiento; y el Espíritu Santo es como el fruto de este amor recíproco del Padre y del Hijo.

Sabemos que el misterio de la Santísima Trinidad es el más importante de la fe cristiana, puesto que nos conduce a la vida íntima de Dios. Pero también es el ideal de comunidad cristiana, ya que la Santísima Trinidad no vive ensimismada, sino para vincularse con la humanidad por medio del amor. Por eso, el que ama verdaderamente se sacrifica para que el “otro” pueda llegar a ser feliz, es decir, quien no ama siempre encontrará excusas para no darse; en cambio, quien ama no mide el trabajo o sacrificio que implica “servir”, porque es consciente de que hay más alegría en dar que recibir.

Nos dice san Juan: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito…”, en efecto, sabemos que en el mundo reina el mal, el egoísmo y Dios podría venir para juzgarlo y castigar a aquellos que obran en las tinieblas. En cambio, muestra que ama al hombre; y, a pesar de su pecado, envía lo más valioso que tiene: su Hijo unigénito. No obstante, tanto el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no quieren que el hombre sea infeliz; al contrario, anhelan que este sea un Bienaventurado. Asumir el misterio trinitario como un compromiso de amor potencia y anima a la comunidad cristiana a la vida de fe y al amor relacional que nace del propio misterio.

Por eso la vida de Jesús incita a las personas a discernir, él no juzga, simplemente suscita el juicio de Dios sobre las malas acciones del hombre. Quien se pone en favor no es juzgado, pero quien decide en contra “ya está juzgado”, porque no ha creído en el amor del Hijo único de Dios.

“El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado” (Jn 3, 18).

1 comentario

Amén.gloria a nuestro Señor y Salvador, ❤️ efectivamente el amor ágape todo lo puede

Alicia ,

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