P. Fredy Peña T., ssp
Las dos parábolas que nos presenta el evangelio proponen la necesidad de encontrar “algo” de valor que permita un cambio de vida. Quizás ambas parábolas nos llevan a recordar esa novela de aventuras llamada La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson; o bien al propio Conde de Montecristo, de Alexandre Dumas (padre). Es decir, se desprende de estas un tesoro por descubrir.
En la parábola, el hombre que descubrió el tesoro encontró lo que no buscaba, mientras que el buscador de perlas finas halló lo que nunca se imaginó. Es decir, al Reino de Dios no se ingresa por los propios méritos, sino que es un don que se ofrece y que exige una respuesta. Por eso los afortunados que tuvieron la “alegría” por su hallazgo tendrán que supeditar todo a la causa del Reino. Porque el Reino pasa a ser el único valor absoluto para quien lo descubre.
Por eso la enseñanza del evangelio nos dice que, mientras alguien no se ha encontrado o no se ha dejado encontrar por Jesucristo y no ha vivido la experiencia de venderlo todo para adquirirlo a él, no se puede decir que esté totalmente convertido. Porque la conversión, si es sincera, siempre lleva a una transformación de la persona. Si has recibido el don de Dios, no se puede seguir siendo el mismo. Lo que antes era importante, fundamental incluso en tu vivir, pierde de pronto valor ante el encuentro con Cristo.
Podemos hacer el mejor “negocio” de nuestra vida: participar del Reino. Así, todo aquel que encuentra a Cristo ha de vender todo, porque en él se sustenta toda su vida y estar con él es una ganancia: “Para mí, el vivir es Cristo; y la muerte una ganancia” (cf. Flm 1, 21). El Reino de Dios es pura ganancia, porque es el tesoro mayor o la perla más fina. Pero ¿dónde está tu tesoro? o ¿en qué tesoro descansa tu corazón? Esas son las preguntas que, como creyentes, debiéramos plantearnos. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu vida.
“Un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo” (Mt 13, 44).