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El Domingo Digital

“Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”

“Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”

Chile San Pablo |

P. Fredy Peña T., ssp

La parábola de los viñadores asesinos nace del agudo conflicto entre Jesús y los dirigentes de su pueblo, pues la oferta de una sociedad más fraterna por parte del Señor chocó con los intereses del sistema. Así, su propuesta retoma una situación desde los tiempos de Isaías (5, 1-7), en que las autoridades de Jerusalén y sus miembros eran propietarios de tierras, pero denunciados como los labradores que, en el sistema existente, son catalogados como avaros y asesinos.

La enseñanza de Jesús desarticula a los líderes o dirigentes de Israel, puesto que no han cultivado bien la viña. Esta última representa al pueblo cuyo problema no está en sí mismo, sino en quienes los lideran y son llamados a cuidarla. Estos se han adueñado de sus frutos y la han manipulado para su provecho. Por eso, la denuncia de Jesús no cae bien, porque pone al descubierto el mal y la corrupción de quienes son responsables del cuidado de la viña.

La historia de amor entre Dios y su pueblo parece ser una historia de fracasos, como sucede en la parábola de los labradores asesinos, que aparece como el fracaso del sueño de Dios. No obstante, a pesar de esta sensación de desilusión, como creyentes, somos llamados a permanecer “alegres”, “confiados” y no dejándonos angustiar por aquello que no resultó: “No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica” (Flp 4, 6).

Ante las situaciones de angustia e injusticia, oramos confiados para no perder la paz, pues nuestro camino de redención es, sin lugar a duda, un camino que no está exento de fracasos. No así el de la cruz, que, si bien para algunos fue un escándalo, finalmente constatamos que allí venció el amor. Es aquí donde la lógica del fracaso se cae. Y Jesús lo recuerda a los jefes del pueblo: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos” (Mt 21, 42).

“Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos” (Mt 21, 45).

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