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El Domingo Digital

Jesús le respondió: “También está escrito: no tentarás al señor, tu Dios”

Jesús le respondió: “También está escrito: no tentarás al señor, tu Dios”

Chile San Pablo |

P. Fredy Peña T., ssp   

Jesús se ve enfrentado a Satanás si quiere permanecer fiel a su misión. El relato de las tentaciones evoca las que vivió el pueblo de Israel en su travesía por el desierto. Es decir, aquellas en que anteriormente el pueblo había sucumbido a la tentación, ahora Jesús triunfa. En efecto, ante las tres tentaciones –número que expresa una totalidad–, Jesús las supera y cumple a cabalidad la misión encomendada por el Padre.

En las tentaciones, Jesús es desafiado a aceptar los límites de su humanidad encarnada: Haz que estas piedras… es una invitación a buscar el alimento fuera del proyecto de Dios, poniendo la satisfacción de las necesidades básicas y el bienestar económico por sobre los valores del Reino. Si tú eres Hijo de Dios… la sugerencia es que Jesús se lance desde lo alto porque Dios lo asistirá. Es decir, buscar el camino fácil ante las dificultades, pensando que, con abandonarse a una mentalidad milagrera, Dios lo arreglará todo. Te daré todo esto… es renegar de Dios para continuar creyendo en otros falsos dioses. Es creer que sometiéndose a los ídolos de este mundo (dinero, placer y poder), al margen de Dios, se puede hacer mucho más por la instauración de su Reino.

Jesús, como sabemos, era semejante al hombre en todo, menos en el pecado; y, por tanto, vivió las tentaciones, pero sin sucumbir a estas. Pero el tentador lo considera como a “cualquier hombre”. Y la respuesta de Jesús es clara: Adorarás al Señor…, pues confirma quién es y cuál es su misión. Al igual que Jesús, como creyentes siempre seremos tentados a renunciar a la libertad de los hijos de Dios, buscando una fe individualista, sin compromiso, y a un Dios milagrero. Esto es lo que el tentador quiere: “alejarnos de Dios amor”. Sin embargo, somos llamados a superar nuestras propias tentaciones para ser fieles a la vocación cristiana.

Jesús le respondió: ‘Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’” (Mt 4, 10).

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