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El Domingo Digital

«José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel»

«José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel»

Chile San Pablo |

P. Fredy Peña T., ssp 

La fiesta de la Sagrada Familia que celebramos en la Octava de Navidad es la prolon­gación del gran acontecimiento: Dios hecho hombre vive su humanidad en el seno de una familia. Esta fiesta la introdujo León XIII (1893) y más tarde fue ratificada por el papa Pablo VI destacando las virtudes domésticas de la familia cristiana. Así, la vida de José y María está marcada por el cuidado de Jesús. Dios Padre aceptó todo, hasta la muerte de su Hijo, pero no lo privó de una familia constituida como Dios la concibe.

Los padres de Jesús enfrentan una serie de dificultades y, en medio de ellas, han de cuidar al Niño Dios para crezca en edad, sabiduría y gracia. La única seguridad de estos padres es «confiarse» a la Palabra de Dios para no sucumbir a la tentación de abandonar el compromiso que han asumido. En este sentido, nos viene bien aprender de José y María, puesto que, como creyentes, muchas veces somos tentados a renunciar a los compromisos de la fe.

Por eso esta fiesta es ocasión para ver, en la Sagrada Familia, el modelo que hay que seguir e imitar, puesto que ellos por su fe, unidad, fidelidad, respeto, amor y tantas otras virtudes supieron «valorar» el gran tesoro de compartir la vida. Cuánto debe sorprendernos el hecho de que Dios, siendo Todopoderoso, haya querido permanecer en lo «frágil» de la familia y en la sencillez y humildad de una mujer y un artesano.

Hoy, más que nunca, es necesario superar la ideología de que la familia coarta, infantiliza, priva de libertad y limita. A su vez, que los hijos no sean ilusos pensando que fuera de la familia encuentran más gratificaciones que adentro. En efecto, más que preguntar si la familia tiene futuro, habría que cuestionarse si es probable un futuro sin ella. La familia como, escuela de fe e Iglesia doméstica, con la gracia de Dios, puede plasmarse en el encuentro de Dios-familia con la familia del hombre.

«Se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno» (Mt 2, 23).

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