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¡Saludos cordiales para todos!
Es indudable que el cristianismo tiene en sí mismo muchos elementos que consolidan y promueven los Derechos Humanos (DD.HH.), aunque también posee tremendos incumplimientos en este campo. Los dos aspectos conviven en nuestra religión.
Es decir, históricamente, la asunción de los DDHH fue un proceso lento, a veces contradictorio e incompleto y, además, un tanto desigual entre las diversas Iglesias. En general, cristianos ortodoxos, católicos y reformados hemos tenido luces y sombras con respecto a este tema. Como fallas a través de la historia, vemos a bastantes cristianos que, ejerciendo cargos de gobierno religioso y civil, han cometido abusos de autoridad, con ausencia de ética y con la más mínima sensibilidad hacia el dolor ajeno, algo que sucedió tanto en países, diócesis y congregaciones. Asimismo, muchos cristianos han generado una conducción contraria a la paz y la inclusión.
La raíz de muchos de estos males se origina en sobredimensionar el rol de la autoridad. Como fruto de ello, se propone un tipo de obediencia que termina siendo un elemento ideológico de sometimiento que choca con los derechos humanos. Evidentemente que hay otros males, pero exceden el espacio de este modesto artículo. Todo esto nos debe llevar a una profunda humildad y al firme propósito de que dichos males no se repitan. Creo que de la historia se puede aprender para que tanto dolor e injusticias no se repitan. Aunque, a decir verdad, muchas de estas cosas siguen pasando, y puedo dar fe de ello.
Como aciertos, vemos que tempranamente en el cristianismo hubo actuaciones en favor de los desatendidos. Así, los Apologistas defendieron ante el Imperio Romano lo que hoy llamaríamos el derecho a la libertad religiosa y a un debido proceso. Agreguemos que la defensa del pobre, prácticamente de todas sus formas, siempre ha estado presente en la Iglesia. En alguna época fue muy intensa, en otras fue sostenida por grupos minoritarios, a veces esta defensa fue más profética, en otras fue más asistencialista o meramente declamativa. Un tema no menor es que muchas legislaciones civiles que promovieron la dignidad humana y los derechos sociales tuvieron una inspiración cristiana.
También me gusta recordar que muchos cristianos han sabido trabajar con otros grupos para promover el respeto y convivencia plural, la libertad de pensamiento y expresión, así como el poner límites al poder absoluto de la monarquía, erradicar la tortura, etc. Es decir, cuando trabajamos junto a otras personas de buena voluntad (considerando que no tenemos el monopolio del bien), ayudamos a la gente y mejoramos como institución.
Resumiendo, en el cristianismo ha habido una doble línea con respecto a los DDHH. Un sector los ha defendido, incluso a costa de la propia vida. Este grupo es, sin duda, más fiel al proyecto de Jesús. Simultáneamente, otro conjunto ha practicado actitudes bochornosas y aberrantes con respecto al prójimo. Estos colectivos se centran en devociones y reliquias, dejando en un segundo plano la preocupación por la justicia y la dignidad. Para mí la cuestión es en qué lado nos ponemos nosotros. Gracias por su tiempo, bendiciones.