Delfina caminaba por las calles, que estaban llenas de adornos dieciocheros. Pensaba: “Se viene la ramada oficial, las comidas típicas, el concurso de cueca y variadas actividades para celebrar las Fiestas Patrias. Además, está la medialuna, con participantes de todas partes, una tradición huasa heredada de los abuelos. A ello se suman, en el trigal, las carreras de caballos a pelo y, en lo familiar, la llegada de los hijos y sus familias para compartir el asado y las empanadas en horno de barro”.
Sumida en sus pensamientos, llegó, sin notarlo, a la reunión de los jueves.
Delfina entró a la casona. Fue saludando una a una a las personas presentes y, a las 15:00 horas en punto, se dirigió a la asamblea, formada por unas 50 personas.
—Gracias por su presencia. Hemos trabajado con el equipo para traer la propuesta que nos hicieron en la última reunión. El tema sugerido fue la soledad y, para que ustedes lo reflexionen, lo abordaremos en tres ciclos vitales: la adolescencia, la adultez y la etapa del adulto mayor. La pregunta que abordaremos es: “¿Estoy solo o me siento solo?”.
Delfina comenzó a explicar:
—La esencia de las personas es lo social. Ahí se desarrollan los vínculos, las emociones, los pensamientos, el trabajo en equipo, el tiempo libre, el espacio para ser feliz… Cuando las relaciones interpersonales empiezan a distanciarse, puede instalarse la soledad, que estará relacionada con las historias personales, el estilo de vida, la cultura, etc.
La soledad en la adolescencia
Lucía intervino:
—La adolescencia es el ciclo vital de los grandes cambios, tanto físicos como psicológicos. Una de las prioridades de esta etapa es la búsqueda de identidad. El adolescente se alejará de la familia para pertenecer y ser aceptado en un grupo de pares; buscará pareja y es posible que, en casa, se aísle en su pieza y vaya en contra de lo establecido. En algunos casos, situaciones como la separación de sus padres o el duelo por familiares significativos van formando su identidad, en una etapa de exploración y compromiso.
—Es un desarrollo complejo si se vive solo. En ese caso, puede experimentar frustración, tristeza, ansiedad, inestabilidad emocional, pérdida de sentido de vida e, incluso, puede llegar a tener pensamientos suicidas.
Trini quiso aportar también a lo expuesto:
—Lo descrito por Lucía está basado en experiencias de jóvenes, no solo en la teoría. Para enfrentarlo, tenemos algunas sugerencias, como mantener una comunicación sin críticas, motivar la participación en un grupo de la Iglesia, desarrollar habilidades musicales, invitarlos a probar talleres de manualidades, practicar deportes… También podemos invitar a sus amigos a la casa, para así conocer su círculo cercano. Estar presentes, participar en las reuniones del colegio, hacerlos sentir amados y valorados. Cada uno de ustedes puede tener mejores propuestas. Lo importante es la cercanía, fomentar un diálogo abierto, realizar caminatas sin celular y expresar un amor incondicional.
La soledad en el adulto
Mercedes abordó el tema de la soledad en el adulto:
—En general, hoy por hoy, los adultos jóvenes ven en su trabajo un camino de desarrollo profesional, un logro para alcanzar el estatus que desean o las cosas materiales que anhelan: un auto, viajar, etc. Se posterga la formación de una familia y las relaciones de pareja son flexibles… Lo importante es disfrutar el ahora, lo que puede estar relacionado con su historia de vida.
La soledad se va haciendo presente sigilosamente. Lo que ayer era alegría se vuelve rutina. Algunas relaciones se van distanciando. Estar solo ya no es tan valorado como antes; ahora se experimenta de verdad lo que implica sentirse solo. La espiritualidad fue postergada y hasta rechazada. Se privilegiaron los logros externos, pero los años pasan y el adulto joven pinta canas. Y tal vez sea el momento para pintar una nueva vida.
La soledad en el adulto mayor
Valentina tomó la palabra:
—En este ciclo vital es donde más presente está la soledad. Los adultos mayores se sienten solos por la pérdida de un ser querido o de la pareja, por sentir el abandono, por problemas de salud, por el deterioro de su situación económica. Su independencia es, a veces, limitada y experimentan una pérdida de pertenencia. Se sienten vacíos, tristes, mirando más hacia el pasado que hacia el presente.
Mía complementó:
—Es aquí, en este ciclo, cuando la relación personal con el Dios de la vida puede ser más fuerte, con oraciones personales, mayor participación en grupos de Iglesia y grupos de la tercera edad. También los nietos son importantes, con su presencia, cariño, juegos y luz. Lo importante es entender que la edad no es la que limita, sino la actitud.
Delfina quiso aportar también su punto de vista:
—La soledad se viste de traje. Llega callada. Un consejo para familiares y amigos: estén atentos a los jóvenes con pensamientos suicidas. También para el adulto joven: lo superficial es un velo que engaña todo el tiempo; elige la interioridad. Y, en el caso del adulto mayor, hay que entender que la soledad es compañía cotidiana. Podemos estar solos. En cualquier actividad social será mi decisión la que determine si participo o no: yo invito a la soledad, y esta se va cuando yo lo decido.
—Sentirse solo no depende de mi decisión; es más complejo. Existe la soledad existencial, la soledad emocional y la soledad social. La acompañan la angustia y la tristeza.
—Desde la otra vereda, aceptemos sin juicio. Demos amor. Hay mucho para regalar. Valoremos las pequeñas cosas. Si bien no se pueden cambiar las situaciones externas, sí podemos trabajar las internas para buscar propósitos simples de la vida. Así, la soledad será una aliada.
Nina cerró el encuentro con un poema:
Mi amiga soledad
Mi amiga soledad llega cuando la invito,
con un canto de silencio.
Con ella viajo a la naturaleza,
admiro la belleza del Creador.
La soledad y yo
callamos los ruidos del exterior.
Desde el ayer
somos cómplices del querer.
Escucho más que el hablar,
observo más que el actuar.
Mi amiga soledad
se va sin darme cuenta.
Como buenos amigos,
nos conocimos de verdad.