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El Domingo Digital

Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas

Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas

Chile San Pablo |

P. Fredy Peña T. ssp 

En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, instituida por el papa Pablo VI (1964). Sin duda, un buen contexto para que, por medio del evangelio, aprendamos qué significa que Jesús se presente como la «puerta» y el «pastor», donde es él el único pastor y puerta para entrar en la salvación siendo nosotros su rebaño. En este sentido, el pueblo de Israel gustó de compararse con un rebaño. Aquella imagen bíblica sirvió para expresar que se sentían como la riqueza de Dios, es decir, para poner de manifiesto que ellos sentían el cariño y la protección del Señor.

En este sentido, Jesús no es un pastor falso o ficticio como lo eran los líderes y dirigentes de Israel, que aparentaban ser hombres de Dios, pero no hacían lo que él les demandaba. En cambio, Jesús se presenta como el verdadero pastor y mediador, es decir, como Dios mismo. Él prefiere el bienestar de sus ovejas al suyo propio. Él es el único que da la vida por su rebaño y, por tanto, su muerte no es algo que él acepte contra su voluntad, aunque así haya sido a los ojos de los incrédulos, pues indicaba que la muerte del pastor y la vida de las ovejas es el criterio para calificar a las autoridades.

Sabemos que el prólogo de san Juan muestra la lucha entre las tinieblas y la luz y cómo los hombres, por sus opciones, adhieren a una u otra, pues vino a los suyos para darles la luz, pero prefirieron las tinieblas.

Por eso la gran luz es la resurrección de Cristo. Las tinieblas son la muerte que él venció y por el bautismo nos hace vencedores, pero también testigos vivenciales de su mensaje siendo como él. En nuestro tiempo es necesario examinar hasta qué punto somos capaces de decir una palabra franca y desinteresada en nuestras comunidades y en nuestra sociedad. Puede suceder que, por hacer cálculos sobre la conveniencia o no, caigamos en el oportunismo, confundamos fraternidad con servilismo, indiferencia con respeto y, poco a poco, fragüemos, a nuestro alrededor un vacío de verdad. Pidámosle a Jesús ‒la puerta‒ que nos aleje de ese «vacío» para encontrar en él los mejores bienes: la luz, el alimento, la salvación y la vida abundante.

"Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento" (Jn 10, 9).

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