En una solemne Eucaristía celebrada en la Catedral Metropolitana de Santiago, la Iglesia en Chile conmemoró el centenario de la coronación de Nuestra Señora del Carmen como Madre, Reina y Patrona de Chile, renovando la confianza del pueblo en su protección maternal y llamando a vivir el Evangelio con esperanza, unidad y servicio.
La Catedral Metropolitana fue escenario de una significativa celebración con motivo del Centenario de la Coronación de Nuestra Señora del Carmen, presidida por el presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. René Rebolledo Salinas, arzobispo de La Serena.
La ceremonia reunió a autoridades civiles y religiosas, entre ellas el Presidente de la República, representantes de las Fuerzas Armadas, Carabineros, Bomberos, voluntarios y numerosos fieles que quisieron agradecer el permanente cuidado maternal de la Virgen sobre el pueblo chileno.
Un siglo bajo el amparo de la Madre y Reina de Chile
Durante la homilía, Mons. Rebolledo recordó que la solemne coronación realizada el 19 de diciembre de 1926, por mandato del papa Pío XI, expresó la profunda devoción del pueblo chileno hacia la Virgen del Carmen, reconociéndola oficialmente como Madre, Reina y Patrona de Chile.
El arzobispo destacó que esta celebración no constituye únicamente un recuerdo histórico, sino una invitación a renovar la confianza en María como guía segura hacia Jesucristo.
"Ella es la reina de nuestra patria y de nuestros corazones; con su reinado nos conduce a Cristo y nos enseña que reinar es servir."
María, Madre que acompaña el sufrimiento de su pueblo
En uno de los momentos más emotivos de la homilía, el presidente de la Conferencia Episcopal puso bajo el manto de la Virgen a todas las personas afectadas por las recientes emergencias climáticas que han golpeado distintas zonas del país.
Asimismo, expresó gratitud hacia quienes han trabajado incansablemente en ayuda de los damnificados: autoridades, Fuerzas Armadas, Carabineros, Bomberos y voluntarios que han servido generosamente en medio de la adversidad.
También dirigió una especial oración por quienes viven el dolor, la enfermedad o distintas formas de sufrimiento, recordando que María continúa siendo una Madre cercana que consuela y sostiene a sus hijos.
Custodiar las raíces cristianas de Chile
Mons. Rebolledo afirmó que la devoción a la Virgen del Carmen forma parte inseparable de la identidad histórica y espiritual de Chile.
Desde los primeros tiempos de la evangelización —señaló— el Evangelio ha marcado profundamente la vida del país, influyendo en sus instituciones, su cultura y la construcción del bien común.
Por ello, invitó a valorar las raíces cristianas de la nación y a reconocer la presencia permanente de María en la historia del pueblo chileno.
"Hagan lo que Él les diga"
Inspirado en el Evangelio de las bodas de Caná, el arzobispo recordó que toda la misión de María consiste en conducir a los creyentes hacia Cristo.
Junto a la imagen de la Virgen fue colocado el llamado "Evangelio de Chile", elaborado por miles de copistas con ocasión del Bicentenario del país, como signo de la importancia de volver continuamente a la Palabra de Dios.
Escuchar el Evangelio, meditarlo y hacerlo vida —expresó— constituye el camino para renovar la vida personal, familiar y social.
María, modelo de discipulado y servicio
La homilía profundizó también en el pasaje del Evangelio de san Juan en el que Jesús, desde la cruz, entrega a su Madre al discípulo amado.
A partir de este texto, Mons. Rebolledo recordó que María continúa acompañando a la Iglesia como Madre de todos los creyentes, animándolos a vivir una fe comprometida con el servicio, la humildad y la caridad.
Su ejemplo —señaló— invita a salir al encuentro de los demás, especialmente de quienes más necesitan consuelo y esperanza.
Renovar el compromiso misionero
Al concluir la celebración, el presidente de la Conferencia Episcopal invitó a que este centenario no quede reducido a una conmemoración histórica, sino que impulse una verdadera renovación espiritual del país.
Recordó el llamado realizado por los obispos de Chile a poner nuevamente la patria bajo el manto protector de la Virgen del Carmen y a fortalecer el discipulado misionero de todos los bautizados.
Finalmente, elevó una oración para que, por intercesión de la Madre del Carmen, Chile avance por caminos de paz, unidad y justicia, renovando la tradicional súplica del pueblo creyente: "Virgen del Carmen, Reina de Chile, salva a tu pueblo que clama a ti."