El cardenal Fernando Chomali invita a las familias a renovar su compromiso educativo frente al desafío de la violencia escolar.
La creciente violencia que afecta a las comunidades educativas ha encendido una señal de alerta en la sociedad chilena. Agresiones, amenazas, exclusión y situaciones de ciberacoso son parte de una realidad que preocupa profundamente a padres, profesores y estudiantes. Frente a este escenario, el cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago, dirigió una carta a los padres y apoderados de la Arquidiócesis de Santiago titulada Familia y escuela: una alianza urgente ante la violencia escolar, en la que propone recuperar el trabajo conjunto entre la familia, la escuela y toda la sociedad para formar personas capaces de vivir en el respeto y la fraternidad.
La violencia comienza mucho antes de la escuela
En su carta, el arzobispo recuerda que, aunque muchas veces la violencia se manifiesta en los establecimientos educacionales, sus raíces suelen encontrarse en otros ámbitos de la vida cotidiana. Por ello, invita a mirar el problema desde una perspectiva más amplia, considerando el ambiente familiar, la calidad de las relaciones humanas y el impacto que tienen las redes sociales y los dispositivos digitales en la vida de niños y adolescentes.
Siguiendo las enseñanzas del papa León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas, el cardenal advierte que el uso temprano y sin supervisión de teléfonos móviles y redes sociales puede afectar el desarrollo emocional, favorecer el aislamiento y aumentar el riesgo de acoso y ciberacoso. Asimismo, recuerda la necesidad de avanzar en políticas públicas que protejan eficazmente a los menores frente a contenidos nocivos en internet.
Tres claves para educar en la convivencia
Como respuesta a esta realidad, la carta propone tres pilares que pueden orientar la misión educativa de las familias y de las comunidades escolares.
El amor como fundamento de toda educación
El primer llamado es a recuperar el amor cotidiano como el principal antídoto contra la violencia.
La familia, señala el cardenal, es la primera escuela donde los hijos aprenden a respetar, dialogar, perdonar y reconocer la dignidad del otro. Más que discursos, son los gestos, el ejemplo y la presencia de los adultos los que forman el corazón de los niños.
Escuchar, acompañar, dedicar tiempo y manifestar un amor paciente son acciones que fortalecen la vida familiar y ayudan a prevenir conductas agresivas. Como recuerda el documento, detrás de muchos actos de violencia suele esconderse la soledad, la inseguridad o la falta de sentido.
Educar para descubrir la propia vocación
El segundo aspecto invita a comprender que cada niño y joven posee una dignidad que no depende de sus logros o de su rendimiento.
La educación cristiana busca formar personas capaces de descubrir los dones que Dios les ha regalado, desarrollar sus talentos y ponerlos al servicio de los demás. Por ello, el éxito no puede convertirse en el único criterio para valorar a una persona.
La carta recuerda que la verdadera educación prepara para la vida, la amistad, el servicio y el bien común, ayudando a cada estudiante a descubrir el proyecto que Dios tiene para él.
Amar también significa poner límites
Finalmente, el cardenal destaca que educar implica ejercer la autoridad con amor.
Corregir, establecer límites y enseñar a reconocer los propios errores forman parte del crecimiento humano. Cuando un niño hiere a otro, el acompañamiento debe ayudarle a comprender el daño causado, pedir perdón y reparar el mal realizado.
Los límites, afirma el documento, no nacen del autoritarismo, sino del deseo sincero de ayudar a crecer. Padres, apoderados y profesores están llamados a ejercer esa responsabilidad con serenidad y coherencia, favoreciendo una convivencia sana y respetuosa.
Volver a educar juntos
En sus palabras finales, el cardenal Fernando Chomali anima a no resignarse frente a la violencia y a reconstruir una verdadera alianza educativa.
La paz comienza en los hogares, continúa en las escuelas y se fortalece cuando familias, educadores e Iglesia trabajan unidos. Solo así será posible formar niños y jóvenes capaces de amar, discernir, respetar al prójimo y construir comunidades más fraternas.
La invitación es clara: volver a poner a la persona en el centro, cultivar la interioridad y redescubrir que la educación es una misión compartida que requiere compromiso, diálogo y esperanza.
Para reflexionar
La educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en formar el corazón. En tiempos marcados por la violencia y la inmediatez, el testimonio de las familias, la dedicación de los educadores y el acompañamiento de la comunidad cristiana siguen siendo el camino más sólido para sembrar una cultura del encuentro, del respeto y de la paz. Como recuerda el cardenal Chomali, nunca es tarde para volver a educar juntos.