P. Fredy Peña T., ssp
En este domingo comenzamos el nuevo ciclo litúrgico «A»; y en él celebramos todo el misterio de la redención de Cristo desde la Encarnación‒Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la Segunda venida del Señor. Así, la finalidad del año litúrgico es que la comunidad cristiana participe y conmemore los misterios de la redención de Cristo para alcanzar la santidad. Santidad de vida que, en tiempo de Adviento, invita a cada creyente a vivir un itinerario de sanación y al mismo tiempo de «tensión», porque el Adviento es algo que siempre «retorna» y no termina de completarse en aquel que todavía tiene fe.
Quizás por eso la actitud que más debe cultivar el creyente es la del «discernimiento», mientras se acerca el momento final o la propia Segunda venida del Señor. Asimismo, esta Venida inminente del Señor hay que entenderla no tanto en términos de «cronología» sino como un tiempo teológico donde se contempla que el Señor está pasando siempre y en cualquier instante; por tanto, aquella posibilidad y –por qué no decirlo– «certeza» llama a la comunidad a no instalarse o desesperanzarse y buscar en lo temporal del mundo un lugar permanente.
En el mundo de hoy, con sus modas, nuevas tecnologías, sus ofertas de viajes a lugares paradisíacos y una vida sin estrés, cada vez el «placer» es la motivación sin discusión para ser feliz. Eso nos lleva a la tentación de anclarnos en la tierra y de «instalarnos» hasta perder la noción de la espera de Dios. Puede ser que el regreso glorioso del Señor suene a fábula o superstición, invención del medioevo o algo lejano y ajeno a nuestra vida. Pero, él nos ha prometido regresar y sabemos que él es fiel a sus promesas. Sin duda que Cristo vino en el pasado, es verdad, pero viene hoy y vendrá mañana. Y esa es una noticia extraordinaria, puesto que nos induce –como creyentes– a vivir en serio la opción por él y a estar despiertos para acoger su Palabra, su gracia y reconocerlo en nuestro prójimo y con quienes convivimos.
«Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada» (Mt 24, 44).