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El Domingo Digital

“La mujer fue a postrarse ante él y le dijo: ‘¡Señor, socórreme!’”

“La mujer fue a postrarse ante él y le dijo: ‘¡Señor, socórreme!’”

Chile San Pablo |

P. Fredy Peña T., ssp

La liturgia nos presenta un buen ejemplo de fe: la insistencia de la mujer cananea, que ruega a Jesús para que cure a su hija de un demonio que la atormenta. El hecho ocurre en la zona de Tiro y Sidón, tierra pagana y extranjera. Por tanto, la mujer cananea vive los prejuicios de la mentalidad religiosa judía al ser excluida y considerada impura.

No obstante, ante las insistentes invocaciones de la mujer, el Señor parece no ceder ni siquiera cuando los propios discípulos interceden por ella. Pero al final, ante la perseverancia y la humildad de esta desconocida, Jesús condesciende: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo”. Su insistencia en pedir la intervención de Jesús es –para el que cree– un estímulo a no desalentarse jamás y a no desesperar ni siquiera en medio de las pruebas más duras de la vida. Porque el Señor no cierra los ojos ante las necesidades de sus hijos y si, a veces, parece insensible a sus peticiones, es únicamente para ver cuánta confianza tenemos en él.

Además, la mujer cananea representa a todos los excluidos, a los alejados, los que están distantes y escépticos de Dios, pero que lo buscan por algún motivo. Y también defiende los derechos de su pueblo para alcanzar la acción liberadora de Jesús, quien le da un sentido a su vida. En ella, Dios dispensa sus dones para ser acogidos y valorados. Como sociedad y creyentes e inspirados en la persistencia de la mujer cananea, aprendemos a discernir que ningún prejuicio social, político o religioso justifica las barreras que impiden el libre encuentro con Dios por medio de su Hijo.

Por lo tanto, el don de la fe no conoce fronteras de raza, cultura o condición social. El milagro realizado a la mujer cananea y su alabanza pública a Jesús confirman la nueva comunidad que Jesús inaugura como alternativa a todos los exclusivismos de su tiempo y de hoy.

“‘Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!’. Y en ese momento su hija quedó curada” (Mt 15, 28).


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