El lunes 11 de mayo, Bruno enciende su computador. A las 19:00 horas está programado el encuentro vía Zoom. Sin duda, el tema será un gran aporte para las conversaciones con las personas de este pueblo sureño y también para su propio crecimiento personal.
Introducción
Agustín da la bienvenida y agradece la gran asistencia. Presenta el tema de la reunión: “El perdón”, y comienza a exponer:
—En todas las relaciones humanas existe la posibilidad de sentirse herido por la conducta del otro, ya sea por situaciones pequeñas, como una palabra dicha sin pensar, o por hechos más graves, como una traición. Estas experiencias se instalan, de manera más o menos explícita, en nuestras relaciones más cercanas —familiares, de amistad o de pareja—, pero también en aquellas no tan próximas.
Experiencias y testimonios
Agustín continúa desarrollando el tema y propone:
—En este espacio queda abierta la invitación para que, de forma voluntaria, compartan su experiencia respecto del perdón. No es necesario decir sus nombres; lo importante es la vivencia de cada uno.
Así comenzaron las intervenciones:
—Fui abandonado por mi padre y tuve una infancia marcada por la escasez y el sacrificio. ¿Cómo voy a perdonar a alguien que solo pensó en sí mismo?
—Somos cuatro hermanos y, por una herencia, se rompieron las relaciones familiares. Hubo demandas, palabras hirientes y la familia terminó dividida.
—Mi mamá nos crió sola a mi hermano y a mí. Con el tiempo, nuestra relación se volvió insostenible por nuestras diferencias políticas, sociales y familiares. Llegamos incluso a descalificarnos.
Rolando pidió la palabra:
—En tiempos difíciles de nuestro país sufrí persecución y viví con miedo durante años. Me aislé por lo vivido y no logro perdonar. Me pesa no poder hacerlo, porque soy un hombre de fe.
Otro participante intervino:
—Éramos una familia feliz. Ayudamos a unos sobrinos en un negocio y nos hicimos socios. Con el tiempo pedimos una auditoría y descubrimos dinero no justificado. Hubo manipulación y las relaciones se quebraron. El dinero destruyó el amor.
—Le di todo a mi pareja y un día se fue con otra persona. Tiempo después esa relación fracasó y quiso volver.
Giorgina habló con voz serena:
—Cuando era adolescente quedé embarazada y me echaron de la casa.
Finalmente, alguien compartió el último testimonio:
—Me asaltaron para robarme el teléfono. Sin más, me apuñalaron. Eso es algo que todavía no puedo perdonar.
Reflexión
Luego de escuchar atentamente los testimonios, Agustín retomó la palabra:
—Gracias por compartir sus experiencias. Ahora quisiera presentar algunas ideas sobre el perdón.
Y comenzó a explicar:
- El perdón forma parte de la vida cotidiana y todos, en algún momento, nos vemos enfrentados a él.
- Perdonar implica reflexionar sobre el origen de la herida: la agresividad, la injusticia o el daño recibido.
- También supone reconocer el error, aprender de lo vivido y mirar al otro con empatía, distinguiendo a la persona del hecho cometido.
- Perdonar no significa olvidar ni renunciar a la justicia.
- El perdón y el amor abren caminos de diálogo y reconciliación.
- A la luz de las Escrituras, Efesios 4,32 nos recuerda: “Sean bondadosos y compasivos unos con otros, perdonándose mutuamente, así como Dios también los perdonó a ustedes en Cristo”.
- Jesús mismo nos enseñó a orar diciendo: “Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
- El perdón es una decisión voluntaria y consciente de liberar sentimientos negativos como el rencor, la ira y el deseo de venganza.
- Implica un cambio interior que transforma emociones, pensamientos y conductas.
- Entre sus beneficios están la mejora de la salud física y emocional, el fortalecimiento de la autoestima, la disminución del estrés y una mayor paz interior.
- El proceso del perdón requiere reconocer el dolor, decidir soltar el resentimiento y mirar al ofensor con compasión.
Epílogo
Bruno escuchaba atentamente cuando, de pronto, se cortó la conexión a internet.
—Debe ser por las lluvias —pensó—, quizás hubo un corte.
Entonces recordó a su madre. Cuando él era niño o adolescente y cometía errores, ella siempre lo abrazaba primero y, después, cuando las aguas se calmaban, conversaba con él.
“Ayer fue el Día de la Madre”, evocó Bruno. “Aunque, para mí, todos los días son su día. Mamá fue un ejemplo de bondad, acogida y amor por sobre la maldad”.
También pensó en Hugo, su amigo de toda la vida, con quien había enfrentado muchas crisis. Sin embargo, entre ellos el perdón siempre llegaba: bastaban una sonrisa y un abrazo para reconciliarse.
Bruno comprendía que, en ocasiones, no perdonar podía parecer comprensible. Hay heridas profundas y cada persona carga con su propia historia. No se puede juzgar sin conocer el dolor del otro; lo importante es acompañar los procesos.
Entonces surgió otro pensamiento:
—Me falta aprender el autoperdón.
Reconoció que muchas veces era demasiado duro consigo mismo. Y justamente allí sentía que Dios le enviaba mensajes de amor y esperanza.
Comprendió también que los caminos del perdón son distintos para cada persona, y que el Señor seguía recordándole que aún tenía una tarea pendiente.
El perdón requiere valentía, misericordia y amor.
3 comentarios
Como siempre un halago leer tus relatos continúa haciéndolos siempre dejan huellas
Cariños
Cuan preciso y explicativa reflexión , yo haciendo reptrospectiva en mi infancia y adolescencia también tuve dudas sobre perdonar y olvidar . Pero conociendo a nuestro Señor Jesucristo me di cuenta que si el que padeció los peores tormentos al ser crucificado y decir a su padre que nos perdonará por lo que habíamos echo , me di cuenta que debía reflexionar y pensar que las cosas que a mi me habían pasado estaban muy lejos de haberme herido de muerte como fue con nuestro señor Jesucristo. Por eso hoy me dedico a conversar con aquellos que el odio enferma sus sentidos y viven una vida triste y no ven la luz . Dios es amor y nosotros debemos perdonar para llevar una vida hermosa .
Excelente texto, muy bien tratado, por el Psicólogo Juan Alejandro Castro, felicitaciones