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El Domingo Digital

Los Derechos Humanos en Latinoamérica

Los Derechos Humanos en Latinoamérica

Chile San Pablo |

Andrés R. M. Motto, CM. 

andresmotto@gmail.com

¡Hola a todos! Con el reingreso, en la década de los 80’ y 90’, de varios países de América Latina al régimen democrático, mejoró la vivencia de los Derechos Humanos (DDHH). En principio, disminuyeron los períodos de golpes de Estado y de gobiernos militares que se perpetuaban en el poder y, por ende, decrecieron las graves violaciones a los derechos fundamentales. Aunque aún falta mucho por tener una plena vivencia de los DDHH en Latinoamérica, ya que aspiramos a que la protección de los derechos de las personas se convierta en una política constante de nuestros pueblos. 

Podemos decir que durante el siglo XX primaron en Latinoamérica las dictaduras de extrema derecha, sin embargo, en el siglo XXI es la extrema izquierda quien lidera gobiernos contrarios a la verdadera democracia y los derechos fundamentales. Cito específicamente a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Asimismo, poseemos numerosas democracias con altos índices de corrupción. Sinceramente, muchos queríamos la vuelta a la democracia en los países de Latinoamérica que aún faltaban, pero no nos satisfacen las democracias tan marcadas por el envilecimiento y la incapacidad. A esto se le debe sumar un tercer foco negativo: los vejámenes y asesinatos que comete el crimen organizado, en especial, el narcotráfico. Suelen ser cada vez más violentos y con un gran control sobre diversos sectores de la sociedad. Dicho bien clarito: hay parcelas de la política, el periodismo, el poder judicial, la policía, etcétera, que están “comprados” por el narcotráfico. Pero estas corruptelas reales no pueden desanimarnos ni hacer disminuir en nosotros el aprecio y la defensa de los DDHH. 

La verdad es que tenemos muchos signos de esperanza en nuestra América morena. La rapidez y masividad de los medios de comunicación hace que el buen periodismo denuncie casi en tiempo real las violaciones a los derechos humanos cometidas en cualquier parte. Ahora es más difícil quedar impune por el crimen cometido, o que una matanza de indígenas sea desconocida. Igualmente, se valora el trabajo increíble del periodismo de investigación que desenmascara formas abusivas de poder. Más de una vez, las autoridades judiciales se enteran a través de ellos de grandes espacios de corrupción que llevaban años operando.    

Otro signo de esperanza es que América Latina, desde finales del siglo XX hasta ahora, creció en normativas, leyes e instituciones de protección de los derechos fundamentales. En general, la escuela pública o privada, enseña a favor de los DDHH e incluso monitorea que entre su alumnado no se dé ninguna situación de discriminación o delito. Haciendo mucho bien en la vida del barrio. También aumentaron las políticas públicas y los organismos a favor de los DDHH. Es cierto que a veces se hace un uso ideológico y demagógico del tema, que lleva a cierta tergiversación. Incluso estos organismos han malversado fondos públicos que en vez de robustecer la democracia terminan en la compra de bienes personales. Como decía Kant: “viniendo el ser humano de árbol tan torcido difícilmente de una rama demasiado recta”. Esta frase valga para la comprensión de la flaqueza humana, pero que nunca nos haga rendir en la lucha a favor de un mundo mejor. Ya que todo esto se puede superar en la medida que la gente decente crezca en participación democrática y ética política.

En sus comienzos, los reclamos sobre los DDHH estuvieron concentrados en la protección de los derechos y libertades fundamentales, que habían sido conculcadas por los regímenes totalitarios de derecha y de izquierda. En consecuencia, la defensa de la vida, la libertad, la integridad física y la libertad de conciencia de las personas constituían los principales focos de atención de la comunidad latinoamericana. Tarea sobre la que siempre debemos velar. Hacer memoria es una de las formas, siempre con la debida prudencia y el respeto de la verdad histórica. 

Pero no podemos quedarnos solo en eso. En Latinoamérica, debemos seguir trabajando para que los derechos económicos, sociales, religiosos y culturales sean respetados y promovidos. Debido a los graves problemas económicos han crecido entre nosotros la presencia de migrantes, desplazados y refugiados. Promover sus derechos, evitando el racismo y la discriminación, es tarea de toda persona de buena voluntad. Cada país tiene derecho a regular el ingreso de extranjeros, quienes deben entrar de forma legal. Una vez ingresados, ellos deben respetar las leyes del país y sus habitantes no pueden explotarlos, agredirlos o reducirlos a servidumbre.

De igual modo, valoramos los esfuerzos nacionales e internacionales por combatir el crimen organizado, el terrorismo y el narcotráfico. En la lucha contra estos flagelos debe mantenerse el delicado equilibrio entre efectividad y respeto de la persona. La enseñanza que aprendemos de estos últimos años es que cuando hay voluntad política por destruir el crimen, se puede. El crimen no es ni debe ser el “rey” de nuestras tierras. La gente decente no puede vivir aterrada por ellos. Más bien que el crimen tema a un pueblo organizado que quiere vivir en la justicia.

En este aspecto, veo con agrado que varias instituciones cristianas católicas realizan numerosas actividades para favorecer los DDHH. Para mí, esto es encarnar el Evangelio. 

En definitiva, si miramos a América Latina globalmente, con sus más y con sus menos, notamos que a partir de la recuperación de la democracia la defensa de los DDHH ha mejorado. En gran parte por permitir la incorporación de la jurisprudencia internacional en las legislaciones internas de cada país. Dándose además un grado mayor de aplicación. Asimismo, hay un papel más activo de promoción y defensa de los derechos en los diferentes foros internacionales. Aunque, repito, todo esto no nos libra de varias incoherencias, así como de algunas violaciones a los DDHH por parte de gobiernos y privados que continúan. La actitud vigilante y autocrítica nunca debe decrecer en cuestión tan sensible.

 

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