CENTRO BÍBLICO SOBICAIN • Ver más

SÍGUENOS EN NUESTRO CANAL DE WHATSAPP • Ver más

QUIENES SOMOS • Ver más

El Domingo Digital

“Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5, 13.14)

“Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5, 13.14)

Chile San Pablo |

Por René Rebolledo Salinas, Arzobispo de La Serena

En este domingo 8 de febrero corresponde el 5° del Tiempo Ordinario. En la celebración eucarística la comunidad tiene especialmente presente la XII Jornada mundial de oración y reflexión contra la trata de personas. Coincide el domingo 8 con la memoria litúrgica de santa Josefina Bakhita. Ella fue una religiosa sudanesa, secuestrada y esclavizada cuando era niña; más tarde se convirtió en el símbolo del compromiso a asumir por los miembros de la Iglesia, como también de la sociedad, para poner fin a la trata de personas. Esta Jornada mundial tiene como tema: “La paz comienza con la dignidad: Un llamamiento mundial para poner fin a la trata de personas”. Podamos tener tiempo para unirnos en oración y reflexión sobre tan importante desafío, quiera Dios que así sea.

La Mesa de la Palabra nos ofrece preciosos textos bíblicos en este día: la primera lectura de Isaías 58, 7-10; El Salmo responsorial es el 111, 4-9; la segunda lectura de la Primera Carta a los Corintios 2, 1-5; y el Evangelio de Mateo 5, 13-16.

El Evangelio que corresponde hoy es un trozo breve, denso y de numerosas perspectivas. Ilumina la celebración y, Dios mediante, debe orientar también la semana que iniciamos con la santa Misa en el nombre del Señor. Él se dirige a sus discípulos, los de aquel entonces, y a nosotros: Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo (vv 13.14).

Prosigue el Señor: Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá su sabor? Solo sirve para tirarla y que la pise la gente (v 13).

La sal es un elemento cotidiano muy especial y necesario. Sus funciones, entre otras, son sazonar y preservar. Da el gusto a las comidas y protege de la corrupción algunos alimentos conservándolos. La sal se funde con ellos, aún manteniendo su presencia y fuerza especial.

El Señor afirma igualmente: Ustedes son la luz del mundo, prosiguiendo: no se puede ocultar una ciudad construida sobre un monte. No se enciende una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa (v 15).

Conocemos la importancia de la luz: Necesitamos la luz, buscamos la luz, procuramos la luz. El Señor nos ha dicho: Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12).

El Señor envía a sus discípulos de aquel entonces, también a nosotros: Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo (v 16).

Es la misión que ha llegado también a nuestra región, a través del tiempo y la distancia, en brazos de una Iglesia que por la fuerza del Espíritu Santo presente en ella ha sido capaz de sobreponerse a todas las debilidades humanas de quienes la componemos, sacerdotes, diáconos, consagradas(os) y laicos, evitando que la sal se desvirtúe y la luz deje de alumbrar.

Los invito a considerar que la fe verdadera, vivida en profundidad, tiene motivos para sazonar la vida que brota de Dios. De los discípulos del Señor depende en buena medida que el amor de Dios, la vida que su Hijo trajo al mundo, se mantenga y no se desnaturalice. Igualmente, la luz que viene de Dios y busca reflejarse en el corazón del hombre… ¡No se puede ni debe ocultar! Con humildad pidámosle al Señor que nuestra vida proclame la gloria del Padre.

Escribir un comentario

Tenga en cuenta que los comentarios se tienen que aprobar antes de que se publiquen.