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Rerum Novarum, the social encyclical of Leo XIII

3 de diciembre: San Francisco Javier, p. (MO). Blanco.

3 de diciembre: San Francisco Javier, p. (MO). Blanco.

Chile San Pablo |

Prefacio de Adviento I o II.

Leccionario Santoral: 1Cor 9, 16-19. 22-23; Sal 116, 1-2; Mc 16, 15-20.

LECTURA Is 25, 6-10

Lectura del libro de Isaías.

El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de man­jares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados. Él arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor enjuga­rá las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho Él, el Señor. Y se dirá en aquel día: «Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!». Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña. Palabra de Dios.

Comentario: Con el concepto de un banquete bien servido, Isaías describe simbólicamente cómo será aquel encuen­tro final de todos los pueblos con Dios, donde reinará la alegría, dejando atrás el egoísmo y las divisiones de este mundo que generan guerras y muertes injustas.

SALMO Sal 22, 1-6

R. Habitaré por siempre en la Casa del Señor.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompa­ñan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.

ALELUIA

Aleluia. El Señor viene a salvar a su pueblo. Felices los preparados para salir a su encuentro. Aleluia.

EVANGELIO Mt 15, 29-37

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó. Una gran multitud acudió a Él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y Él los sanó. La multitud se admiraba al ver que los mudos ha­blaban, los inválidos quedaban sanos, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel. Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, por­que podrían desfallecer en el camino». Los discípulos le dijeron: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?». Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen?». Ellos respondieron: «Siete y unos pocos pescados». Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los daba a los discípulos, y ellos los distribuían entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron llenaron siete canastas. Palabra del Señor.

Comentario: Jesús, en su compasión, desvela su deseo de recuperar la dignidad y la vida de las personas que piden el alimento. Él es el Dios que salva y, por lo tanto, esa carencia también debe sensibilizar a sus discípulos si quieren ser auténticos segui­dores de él. Es decir, Jesús nos enseña a ser responsables y ayudar, con gestos concretos, en el ejercicio de la caridad.

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