Al mediodía de este jueves 25 de diciembre, la Catedral Metropolitana de Santiago volvió a llenarse de rostros, historias y familias que llegaron a celebrar la Misa de Navidad, presidida por el Cardenal Fernando Chomali.
Durante su homilía, el Cardenal Chomali puso palabras a las inquietudes que hoy atraviesan a la sociedad chilena, reconociendo las preocupaciones por la inseguridad, la violencia y la corrupción, pero subrayando que la Navidad es un tiempo de gracia, un tiempo en que el bien vuelve a abrirse paso en medio de las dificultades. “Estos días son maravillosos porque es puro trigo”, afirmó, recordando que en Navidad nadie queda sin un saludo, sin un gesto de bien, incluso en los lugares más duros como cárceles, hospitales o en la vida de quienes viven en la calle
El Cardenal invitó a contemplar el misterio central de la fe cristiana: Dios que se hace hombre, frágil y pobre, para tocar la historia humana y transformarla desde dentro. “Gracias al misterio de Jesucristo que se hace pobre podemos tener una vida nueva”, señaló, destacando que la Encarnación no es una idea abstracta, sino una fuerza real que permite recomenzar, reconciliarse y recuperar la dignidad en toda circunstancia.
Ese mensaje encontró eco en quienes participaron de la Eucaristía. Esther Hernández, proveniente de México, compartió que para ella la Navidad significa “volver a nacer, la oportunidad de volver a nacer para dar amor a la humanidad”, y expresó su deseo de que las personas “sean amadas y den amor”
Sabrina, otra de las asistentes, destacó que la Navidad es un tiempo para recordar que Jesús vino al mundo con una misión y para celebrar ese recuerdo junto a los seres queridos, sin perder de vista el sentido profundo de la fe.
En su reflexión final, el Cardenal Chomali invitó a convertir el corazón en un pesebre, para que Cristo habite en la vida personal, familiar y social, y desde allí se proyecte una forma distinta de relacionarse con los demás, marcada por el amor, el perdón y la preocupación concreta por el prójimo. “El proyecto de Dios es un proyecto que llega al corazón de la vida de las personas y transforma el mundo”, afirmó, llamando a prolongar el espíritu de la Navidad más allá de estos días
La Misa concluyó con un clima de recogimiento y gratitud, mientras los fieles se acercaban nuevamente al pesebre para venerar al Niño Dios, renovando la esperanza de que, incluso en medio de las fragilidades del mundo, Dios sigue habitando entre nosotros.