Cada 1 de enero, junto con la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz, instituida en el año 1967 por el papa Pablo VI, inspirado en la encíclica Pacem in Terris del papa Juan XXIII y en su propia encíclica Populorum Progressio.
La paz mundial es un estado ideal de libertad, felicidad y no violencia entre las personas y naciones del planeta.
Según las encíclicas Pacem in Terris y Populorum Progressio, la Iglesia y el pontífice se centrarían en trabajar para lograr la paz mediante el desarrollo del orden en cuatro áreas principales: la relación del individuo con otros seres humanos, con determinados estados, la relación de los estados entre sí y la relación de los individuos y los estados con la comunidad mundial.
La Iglesia establece que para lograr una paz verdadera es necesario desarrollar una cultura de comprensión y tolerancia, comenzando desde el individuo hasta el estado y, finalmente, a nivel global. En esta ocasión, los sucesores de Pedro suelen hacer declaraciones sobre la Doctrina Social de la Iglesia (DSC). El tema de la festividad siempre ha sido la creación de una cultura del cuidado.
El obispo de Roma y la Iglesia enfatizan la necesidad de cuidar y compartir la tolerancia mutua y de crear una sociedad centrada en los buenos valores morales y que no ceda a la tentación de desconsiderar a los demás. Los beneficios de una sociedad pacífica han sido el énfasis de la Jornada Mundial de la Paz de cada año.
Las intenciones de oración de la Iglesia chilena nos instan en este mes a orar por la paz del mundo, para que habite en el corazón de cada persona y nos impulse a construir relaciones más fraternas. Que, guiados por el diálogo y la escucha, trabajemos por un mundo capaz de resolver los conflictos sin recurrir a la violencia.
De manera especial, oremos por la paz entre los pueblos que están actualmente en conflictos bélicos que traen terror, angustia e incertidumbre, sobre todo a los niños, criaturas inocentes que sufren las consecuencias de las decisiones de los adultos.
En Jesús, María y Pablo,
El director