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Rerum Novarum, the social encyclical of Leo XIII

“Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha"

“Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha"

Chile San Pablo |

P. Fredy Peña T., ssp

La parábola de la Cizaña complementa e ilumina la parábola del sembrador. En efecto, tanto el trigo como la cizaña crecen juntos y ambos constituyen la mejor expresión de la propuesta acerca del Reino que anuncia el Señor. Para Jesús, la realidad del Reino y de la historia de la salvación ha de realizarse a pesar del “mal” existente. Sabemos que cuando Jesús se refiere al “Reino de los cielos” alude al señorío de Dios, es decir, su voluntad ha de asumirse como el criterio que orienta nuestras vidas. Además, el “cielo” no se debe entender únicamente como si estuviera “arriba” de nosotros, ya que ese espacio infinito tiene que ver más con la interioridad del hombre que con un lugar físico.

Por eso Jesús compara el Reino de los cielos con un campo de trigo para que aprendamos que en cada persona ha sembrado algo pequeño y escondido, que sin embargo tiene una fuerza vital que no puede suprimirse. Y a pesar del “mal” en este mundo, la semilla se desarrollará y el fruto madurará. Además, ese fruto solo será bueno si se cultiva en el terreno de la vida según la voluntad divina. Sin duda que la “cizaña” o el “mal” ponen en tela de juicio la realidad del Reino y sus valores, sobre todo cuando la sociedad de hoy practica principios contrarios a la libertad y la justicia.

Desafortunadamente, somos tentados por nuestra impaciencia e incomprensión y quisiéramos erigirnos en dueños del campo y arrancar la cizaña, sobre todo con los que pensamos que no merecen el perdón. Pero Jesús conoce nuestro corazón y respeta los tiempos de maduración en la vida de fe para que nos arrepintamos. Él siempre conserva en su corazón la posibilidad de que cada semilla madure para llegar a ser buen trigo. Pero esto implica estar preparados para custodiar la gracia recibida desde el día del Bautismo, alimentando la fe en el Señor, que impide que el mal eche raíces.

“Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero” (Mt 13, 30).


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