Con ocasión de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero de 2026 y tendrá como sede principal Chiclayo, Perú, el Papa León XIV dirigió un mensaje a la Iglesia universal centrado en la compasión cristiana como camino de amor concreto hacia quienes sufren. Bajo el lema “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”, el Santo Padre propone redescubrir la dimensión personal y social del cuidado de los enfermos a la luz del Evangelio.
Inspirado en la parábola del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37) y en la encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco, León XIV subraya que la compasión no es solo un sentimiento individual, sino una actitud relacional que involucra al prójimo, a la comunidad y, en último término, a Dios mismo.
El encuentro que sana: detenerse, mirar y acompañar
En su mensaje, el Papa denuncia la cultura de la prisa, del descarte y de la indiferencia, que impide reconocer el sufrimiento ajeno. Frente a esta lógica, presenta la actitud del samaritano, quien no “pasó de largo”, sino que se detuvo, miró, se acercó y se hizo cargo del herido.
Jesús —recuerda el Pontífice— no enseña quién es el prójimo, sino cómo hacerse prójimo, es decir, cómo elegir libremente la cercanía y el amor. Ser prójimo no depende de la afinidad o la cercanía social, sino de la decisión de amar, incluso cuando ese amor implica cargar con el dolor del otro y darse a sí mismo.
En este sentido, León XIV afirma que el cristiano está llamado a imitar a Cristo, el verdadero Samaritano, que se inclinó ante la humanidad herida y la sanó con su amor. El encuentro con quien sufre, lejos de ser una carga, puede convertirse —como testimonió san Francisco de Asís— en una experiencia de profunda alegría espiritual.
Cuidar juntos: una misión compartida
La compasión, explica el Papa, no es solo emoción ni teoría, sino un impulso que conduce a la acción concreta. El samaritano no actúa solo: confía al herido a un posadero y crea una red de cuidado. Este gesto revela la dimensión comunitaria y social de la compasión, que va más allá del compromiso individual.
Desde su experiencia pastoral en Perú, León XIV destaca el papel de familiares, vecinos, personal sanitario, agentes de pastoral de la salud y voluntarios, que encarnan diariamente esta compasión compartida. El cuidado de los enfermos —afirma— no es solo una tarea asistencial, sino una auténtica acción eclesial, en la que se mide también la salud moral y espiritual de la sociedad.
El Papa recuerda que el dolor del enfermo no es ajeno: es el sufrimiento de un miembro del mismo cuerpo, que interpela a toda la comunidad cristiana a responder con amor solidario.
Amar a Dios sirviendo al hermano
En la parte final del mensaje, León XIV profundiza en el vínculo inseparable entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Servir al enfermo no es solo un gesto humanitario, sino una forma concreta de amar a Dios. El amor auténtico —subraya— no busca recompensa ni reconocimiento, sino que brota de una relación viva con el Señor.
Asimismo, el Papa invita a revisar la manera en que nos amamos a nosotros mismos, liberándonos de criterios de éxito o prestigio, para redescubrir nuestra dignidad en la relación con Dios y con los demás. Solo desde esta lógica del amor fraterno es posible sanar las heridas de la humanidad.
El mensaje concluye con una oración a la Virgen María, Salud de los Enfermos, y con la bendición apostólica dirigida especialmente a los enfermos, sus familias, quienes los cuidan y todos los que trabajan en el ámbito de la salud.
En esta Jornada Mundial del Enfermo, el Papa León XIV exhorta a vivir una fe samaritana, valiente y solidaria, capaz de inclinarse ante el dolor humano y de hacer visible, en cada gesto de cuidado, el amor fiel de Dios.