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De la Palabra de Dios, surge una nueva Iglesia

De la Palabra de Dios, surge una nueva Iglesia

Chile San Pablo |

Queridos amigos, junto con desearles unas felices Fiestas Patrias, la Iglesia en Chile propone el mes de septiembre como el “Mes de la Biblia”. Todos soñamos con una profunda renovación en la vida cristiana, y nos preguntamos ¿cómo? La respuesta puede venir de re-descubrir la fuerza santificadora de la Palabra de Dios.

Las prisas, lo urgente, el ajetreo diario, pueden distraer nuestra atención de lo esencial y fundamental de nuestro caminar en la fe; me refiero a “vivir” de la Palabra de Dios”. Es decir, ir más allá, remar “mar adentro” (Lc 5,4), permitir que Dios irrumpa en nuestra vida, que la confronte, cuestione e invite a la conversión del corazón.

La lectura diaria de la Palabra de Dios, privada o comunitaria, la meditación y el discernimiento de espíritus que de ella procede son, según la experiencia de todos los santos, camino seguro de seguimiento e imitación de Cristo. Ahí se renueva el espíritu, se reciben las gracias y luces interiores que sostienen y empujan la vida apostólica y comunitaria.

¡Qué hermoso sería dejarnos transformar por la Palabra! La Iglesia que todos deseamos, no es un sueño, ni una quimera, es un regalo de Dios, un don gratuito que los humildes y pobres de corazón reciben en la meditación del Evangelio. Al poner la Palabra como fundamento de la Comunidad cristiana, se disipan los egos, orgullos y vanidades, el deseo de sobresalir y ser reconocidos, y se toma el camino de la sencillez y de la cruz.

En la Virgen María y en san Pablo encontramos los mejores ejemplos y maestros de como recibir la voluntad de Dios, de cómo acogerla y dejar que germine en nuestras vidas.

El conocimiento, el amor y el seguimiento de Cristo pasan por la lectura y estudio de la Palabra de Dios. Bueno sería que en este mes hiciéramos el propósito de leerla con más avidez y de formar grupos de “lectio divina” en tu comunidad cristiana.

Terminemos nuestra reflexión con las palabras del salmista: “Tú palabra me da vida, en ella esperaré” (Salmo 119).

Con el afecto de siempre, les bendice

P. José Antonio Atucha Abad

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