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El Señor, nuestra alegría verdadera

El Señor, nuestra alegría verdadera

Chile San Pablo |

Por René Rebolledo Salinas, arzobispo de La Serena

Este domingo 14 de diciembre, la comunidad cristiana celebra el 3° de Adviento, días especiales de gracia y bendición en que nos preparamos para la pronta venida del Salvador. Es conocido como Domingo Gaudete, en referencia a las primeras palabras del canto latino de la Antífona de Entrada de la celebración -Gaudete in Domino Semper-, alégrense siempre en el Señor.

Tiene presente la comunidad que el Señor ha venido históricamente en la humildad de la carne, acontecimiento celebrado principalmente en Nochebuena, en la solemnidad de la Natividad y en el Tiempo de Navidad. El Señor viene cada vez que, personalmente o en comunidad se invoca su venida, en la oración o en el anhelo manifestado por la Iglesia implorando su presencia. Él está presente en medio nuestro, tanto en su Palabra y en los sacramentos, como en cada hermana y hermano con los cuales Él se identifica, particularmente los pobres y sufrientes. Él vendrá al final de los tiempos, como lo ha prometido.

La Mesa de la Palabra contempla para este domingo 3° de Adviento los siguientes textos bíblicos: Isaías 35,1-6. 10; el Salmo responsorial es el 145, 6-10; la segunda lectura de Santiago 5, 7-10; y el Evangelio de Mateo 11, 2-11.

Tanto en la Antífona de Entrada: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense, pues el Señor está cerca” (cfr. Flp 4, 4.5), como en la Primera Lectura, resalta el tema de la alegría: “El desierto y la tierra reseca se regocijarán, el arenal de alegría florecerá, como flor de narciso florecerá, desbordando de gozo y alegría; tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón; ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios”.

El texto del Evangelio de Mateo 11, 2-11, nos hace presente, en primer término, la situación de Juan el Bautista que, como otros grandes profetas, termina marginado en cárcel. Desde esta condición, envía a sus discípulos a preguntar a Jesús por el Mesías esperado: “¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otro?” (v 3). Responde el Señor, desde su persona y las obras que realiza -ante todo los milagros y signos en relación a los pobres y excluidos- cumpliendo de este modo su misión: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes ven y oyen: los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia; y, ¡feliz el que no tropieza por mi causa!” (vv 4-6). Prosigue el Señor haciendo una gran alabanza de Juan, después que partieron los mensajeros (cfr. vv 7-9), concluyendo: “Les aseguro, de los nacidos de mujer no ha surgido aún alguien mayor que Juan el Bautista. Y, sin embargo, el último en el reino de los cielos, es mayor que él” (v 11). Queda meridianamente claro que el Señor cumple su misión como Mesías, inaugurando los tiempos nuevos -vale decir, últimos- anunciados por los profetas, realizando el bien a los pobres y excluidos, los predilectos del Reino.

La invitación en este 3° de Adviento es acoger el llamado a la alegría. Es preciso estar atentos, sin embargo, ante diversas motivaciones que nos pudieren apartar de la centralidad del Señor en Adviento y Navidad. El Señor es la razón de nuestra preparación, causa también de nuestra espera y esperanza. ¡Sólo Él es la verdadera alegría!

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