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Rerum Novarum, the social encyclical of Leo XIII

“Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”

“Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”

Chile San Pablo |

P. Fredy Peña T. ssp 

El episodio de Lázaro manifiesta el alcance que tiene el milagro de Jesús al resucitarlo. Pero, al mismo tiempo, el Señor se enfrenta con la muerte para donar la vida, es decir, el momento del sufrimiento que es la propia cruz y también la instancia de su glorificación. Asimismo, el don de la vida se presenta en Jesús como victoria sobre la muerte. Sin embargo, para él no es fácil, pues la muerte posee ese sesgo donde todo se acaba y termina. Las lágrimas de Jesús expresan el dolor que implica el «morir» y es signo de cuestionamiento sobre todo cuando, tarde o temprano, llega la hora de partir de este mundo: ¿por qué debemos de morir?

La intervención de Jesús a Lázaro consiste en proporcionar la vida plena, pero ya y a partir de ahora. No obstante, Marta, que cree en la resurrección, pero al final de los tiempos, no concibe cómo va a «resucitar» a su hermano, si han pasado varios días desde su fallecimiento. Sin embargo, lo que aún no madura Marta es que la comunidad de los que creen que Jesús ofrece el don de la vida todavía no asumen la realidad de la muerte, aunque se le tema. El miedo a la muerte, como vida sin Dios, hace al hombre materializado, apegado y sujeto solo a lo que puede ver, sentir y tocar. Por eso, Jesús nos anuncia una resurrección que comienza ya desde «ahora», y, que finalmente, consistirá en la participación de la gloria con él.

Esa «participación» nos dice que la fe en Cristo es lo que permite orientar toda nuestra existencia hacia la plenitud: pasar de la muerte a la vida o dar un sentido nuevo al dolor y a la muerte. Porque en definitiva, para Dios, el hombre no está condenado a un destino fatal. Por eso necesitamos creer en la promesa de la resurrección de Jesús como lo hicieron quienes creyeron ante el milagro de Lázaro. Aquello nos lleva a profesar que la muerte no tiene la última palabra, ya que la fe en la resurrección nos ayuda a tomar conciencia de nuestra vocación y vida plena en Dios.

«Jesús le dijo: ‘Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá’» (Jn 11, 25).

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