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¡Viene! Primer Domingo de Adviento (Mateo 24, 37-44)

¡Viene! Primer Domingo de Adviento (Mateo 24, 37-44)

Chile San Pablo |

Por Enrique Balzán Caruana, Obispo Auxiliar de La Serena

Con el primer domingo de Adviento iniciamos un nuevo Año Litúrgico.  Es el año de la Iglesia, en el cual celebramos los misterios principales de nuestra fe, los distintos momentos de la vida de Jesús y su predicación por los cuales nos ha salvado. Son dos los momentos principales, Navidad y Pascua de Resurrección, ésta última la fiesta más importante. Adviento es el tiempo que nos prepara de manera próxima a la solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor.

“Adviento” viene del verbo “venir”, alguien viene. ¿Quién?  Viene Jesús.  El tiempo de Adviento nos prepara para la venida de Jesús que celebramos el 25 de diciembre, Natividad del Señor.  También nos preparamos para la segunda venida de Jesús, en gloria y majestad al fin del mundo (cfr. Mt 25, 31 ss.).  Esta segunda venida no sabemos cuándo sucederá. Recordemos que Jesús pasa por nuestras vidas muy a menudo, en circunstancias y personas, tenemos que estar preparados para reconocer su presencia y qué anhela de nosotros.

El Evangelio correspondiente a este domingo (cfr. Mt 24, 37.44), enfatiza la llegada de Jesús y el desconocimiento de cuándo será.  Al leer el texto casi nos podría causar temor o ansiedad, porque describe un evento tremendo que vendrá, pero que nadie está al tanto cuándo y cómo se cumplirá.  Jesús solamente nos dice que debemos estar preparados.  Los ejemplos que da, del diluvio y del ladrón, no nos ayudan mucho para disipar las dudas y la exasperación.  Es un texto difícil para interpretar y hacerlo de modo literal, puede llevar a conclusiones erróneas.  Jesús nos invita a la vigilancia porque no sabemos cuándo y cómo llegará el novio (cfr. Mt 25, 1ss).  Pero en el fondo es el novio que llega y nos invita a entrar con él a la fiesta (cfr. Mt 25, 10).

El Adviento es un tiempo de espera gozosa, igual como la espera de un bebé.  En Navidad celebramos la venida de Jesús, que llegó igual como nosotros, un bebé.  En realidad, toda nuestra vida es una espera, para el encuentro gozoso con el Señor Jesús.  Durante este tiempo, se encienden -domingo a domingo- las cuatro velas de la Corona de Adviento.  A través de ésta, queremos marcar el tiempo, como una mamá que mira el calendario y va contando los días hasta el nacimiento del bebé.  La armamos en iglesias y capillas y es muy fácil de contar con ella, incluso en nuestras propias casas.  Y cada domingo -puede ser antes de almorzar cuando la familia está toda reunida- hacemos una pequeña oración y encendemos la vela que corresponde.  Es una manera sencilla de cómo vamos esperando la llegada del Niño Dios.

No podemos olvidar que este tiempo de fiesta se presta para aumentar el comercio.  Sin embargo, tenemos que tener cuidado a no dejarnos llevar por el consumismo.  La carrera desenfrenada para comprar, organizar fiestas y cenas suntuosas, la preocupación por los regalos, pueden distraernos del verdadero significado de Navidad.  Recordemos que el verdadero regalo nos lo hace Dios mismo, haciéndose uno de nosotros.  Jesús, niño y pobre, desde el pesebre de Belén, nos invita a ser solidarios.  Son varias las campañas que se organizan en este tiempo, para ayudar a los más necesitados. ¿A quién vas a ayudar tú? Si ya estás pensando cómo hacer una bonita cena para compartir con los tuyos, recuerda que hay hermanos que no tienen recursos para celebrar con su familia. Pues, dedica un dinero para comprar otra cena y poder regalarla a una familia pobre. En esa familia puedes tener la ocasión de ver a Jesús que pasa por tu vida, cuando Él llega a tu propia vida. No lo dejes pasar y quedarse con las manos vacías.

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